Impreso

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Malayerba: Sierreño

El desconocido la agarró por atrás. Ella blanca, de buena estatura, plantosona, percibió el sudor añejado en las ropas de quien la sujetaba: el antebrazo grueso y blanco, pecoso y peludo, le presionaba la tráquea con una fuerza de orangután. Dame las llaves, le dijo. Dámelas, no te hagas pendeja. No la hagas de pedo. No grites ni intentes moverte,

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