Reforma 70: ‘Toy Story 5’

Reforma 70: ‘Toy Story 5’

Desde hace 31 años, la franquicia Toy Story ha mostrado la relación de infantes y juguetes de una manera precisa y acertada, en donde puede observarse desde amor incondicional hasta olvido y desinterés en su máxima expresión.

En Toy Story (1995), Andy cambia al vaquero Woody, su juguete favorito, por Buzz Lightyear, un novedoso guardián del espacio, quienes, de ser rivales al inicio, terminan siendo muy buenos amigos.

En Toy Story 2 (1999), Woody termina en las manos de un coleccionista mientras Andy se va de campamento, por lo que Buzz y el resto de juguetes, buscan salvarlo antes de que llegue el dueño.

En Toy Story 3 (2010), a punto de irse a la universidad, sin jugar desde años, con excepción de Woody, a quien planea llevarse, Andy pretende arrumbar sus juguetes, pero por error, estos terminan en una guardería de donación.

En Toy Story 4 (2019), ya en casa de Bonnie, la nueva propietaria, Andy intenta convencer a Forky que no es basura, sino uno más del equipo, mientras Buzz termina perdido en una feria como premio.
Ahora, en Toy Story 5 (EU/2026), dirigida por Andrew Stanton, Bonnie es una niña que aún se divierte con sus juguetes, pero nadie quiere ser su amiga.

Las cosas cambian cuando sus padres le regalan a Lilypad, una impositiva tableta, y unas compañeras la invitan a una pijamada, ahí conoce los juegos virtuales y deja de usar sus viejos amigos de plástico. Desde luego, Woody, Buzz Lightyear, Jessie y el resto de muñecos no se quedan de brazos cruzados y, además de ayudar a Bonnie a socializar, buscan que no dependa del aparato electrónico y se olvide de ellos.

La película es una opción medianamente entretenida, con una animación realista impresionante en cuanto a las texturas, expresiones y movimientos, que permite apreciar detalles tanto en los diferentes escenarios como en los personajes (nada nuevo, este es el sello desde la primera entrega); un trabajo de doblaje que destaca, incluso, en español; una estructura narrativa ágil, dinámica, que obliga atención total en todo momento, sobre todo en los más pequeños de la casa; el planteamiento de temas como el temor a no ser aceptados en un grupo social por no compartir intereses, la relevancia de la socialización en la niñez, la soledad en la infancia, la tecnología contra formas tradicionales, la adicción a las pantallas.

Desafortunadamente, la historia se siente repetitiva, porque ya en la segunda entrega, de alguna manera, estaba lo virtual, y porque, en esencia, el conflicto es el mismo; se extraña más tiempo y relevancia de Woody y Buzz, los personajes más emblemáticos, que en esta ocasión quedaron relegados; y la trama se ve ajena a los elementos que caracterizan, sobre todo a las tres primeras películas.

Eso sí, la cinta escrita por Stanton, junto a McKenna Harris, es por demás oportuna en llevar a la reflexión, debate y discusión el interesante conflicto entre jugar con objetos “reales” o hacerlo de manera virtual: los de más edad aseguran que lo mejor es mover, manipular, crear con diferentes materiales, divertirte con amigos presenciales, pero los más jóvenes aseguran que lo máximo es realizar lo mismo deslizando sus dedos en una pantalla, conviviendo con personas a través de pantallas.

Indiscutiblemente, cada manera tendrá sus ventajas y desventajas y, quizás, lo mas viable sería recurrir a las dos y aprovechar los beneficios. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 28 de junio de 2026 en la edición 1222 del semanario Ríodoce.

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