20 años de gran periodismo

pesenta maza

Nunca he tenido dotes de pitoniso, pero hace 20 años acerté sobre el futuro de Ríodoce: se iba a convertir en una referencia periodística internacional. Me atreví a decirlo el día de su presentación en la Casa Club del Cid; Julio Berdegué Aznar, su propietario, había brindado su simpatía y apoyo efectivo al joven proyecto informativo y ahí vimos impreso su nombre por primera vez.

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¿Por qué lo dije? Había un antecedente que tomé como referencia: ZETA, el semanario tijuanense que en ese tiempo dirigía Jesús Blancornelas, el cual, de iniciarse con unas cuantas hojas impresas en mimeógrafo, pasó a ser un grueso semanario con información clave para entender desde la frontera norte lo que pasaba en materia de seguridad en el país.

¿Cuál era el contexto? Los detallados reportajes y análisis que se hacía de las actividades del Cártel de los hermanos Arellano Félix en Baja California y otras partes de México, sobre todo durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, con un agregado trascendental en la historia política mexicana y del periodismo nacional: el asesinato de Luis Donaldo Colosio, en Lomas Taurinas, Tijuana, el 23 de marzo de 1994, el cual fue cubierto extraordinariamente por ZETA, y de cuyas páginas, de la mano de Blancornelas, surgiría la tesis del asesino solitario.

Conociendo cercanamente a los periodistas que fundaron Ríodoce por su trabajo en el diario Noroeste, pero también porque tres de ellos, Ismael Bojórquez, Cayetano Osuna y Francisco Sarabia, habían sido alumnos en la Escuela de Ciencias Sociales de la UAS; de tres de los primeros articulistas de Ríodoce, Pedro Brito Osuna, René Jiménez Ayala y quien esto escribe, sabíamos que con su talento, compromiso con la verdad y, no puedo evitar decirlo, su temeridad, informarían y analizarían con puntualidad y certeza sobre la ya abrumadora presencia del crimen organizado en la sociedad mexicana y, más particularmente, en la sinaloense.

A mayor poderío de las organizaciones de la droga era inevitable que el periodismo que lo cubriera a fondo tendría que ser fuente fundamental de información para saber lo que en ese terreno estaba pasando, no tan solo en Sinaloa, sino en el país entero y, de paso, en Estados Unidos. Y vaya que sí ha crecido el poder del crimen organizado mexicano en el mundo.

Los periodistas de Ríodoce lo hicieron y pronto se cumplió mi pronóstico.

Sus lectores sabemos que este semanario, imprescindible en el periodismo mexicano, ha ganado numerosos reconocimientos nacionales e internacionales como ningún otro medio sinaloense lo ha hecho en su historia. Pero el mérito todavía no lo sopesamos suficientemente, a pesar del enorme costo que ello ha tenido para sus realizadores. Sufrió la muerte del inmenso Javier Valdez, penurias financieras, atentados, y peligros para ejercer el oficio periodístico como pocos medios en México.

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Además de los desafíos que comparten con muchos periodistas más de todo el país para informar y analizar nuestra cruenta realidad, hoy enfrentan uno más, de otra índole, pero no menos apremiante: el tránsito del papel a la web, el paso de los lectores tradicionales a los nuevos. Tendrán que superar el duelo de la casi extinción de Gutenberg y aceptar que los tiempos de Steve Jobs nos marcan los ritmos de una nueva era, que incluye al periodismo.

No dudo que lo lograrán.

Artículo publicado el 05 de febrero de 2023 en la edición 1045 del semanario Ríodoce.

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