Humanismo Mexicano II

AMLO EN SONORA. Respaldo popular. Foto portal de la Presidencia de la República.

Así como en el siglo pasado México fue escenario de la primera revolución social, ahora en el siglo XXI, somos testigos de la primera revolución popular pacífica, que llega al poder a través del voto ciudadano y está embarcada en la profunda transformación de la realidad nacional.

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Es una revolución democrática porque todos los cambios del poder político nacional y locales están obligados a pasar por la prueba de las urnas. A pesar de la férrea oposición del Poder judicial a su gobierno y a diferencia del golpe de estado constitucional que hizo Zedillo en 1994 al cambiar a todos los ministros de la Corte, Andrés Manuel López Obrador señaló: “No voy a llevar a cabo ningún cambio en la Constitución, como lo hizo Zedillo, porque quiero que haya división y equilibrio de poderes… No se trata de decisiones unilaterales, sino de buscar una verdadera reestructuración del Poder Judicial. O reforma desde dentro, o bien que sea el pueblo quién de manera democrática elija a los magistrados” O sea, el Plan C, lograr la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y Senadores para modificar la Constitución y pasar a la elección democrática de ministros y magistrados.

Hoy por hoy, está claro que el presidente hace y seguirá haciendo todo lo necesario por la consolidación y continuación de la Cuarta Transformación, pero también para atenerse a las reglas y poderes que no lo favorecen: ha sido respetuoso de la legalidad, acata los acuerdos y medidas del INE, así como las resoluciones del Poder Judicial, aunque los critiquen, frente al proceso electoral en curso está dejando que las aguas corran más o menos libremente por los canales de la política institucional y partidistas. Los que creen, piensan y afirman que está detrás de todas y cada una de las acciones y medidas políticas de lo que pasa en Morena, con sus aliados, las candidaturas, están muy equivocados, no es un “diablo”, ni un “dios todopoderoso”. Claro que hará todo los posible para que no se descarrile el tren de la 4T, pero confía en sus cuadros, en las bases de su movimiento y sobre todo en el pueblo mexicano que, en su mayoría, lo sigue y apoya fervientemente.

Es una revolución económica, porque el Estado Mexicano ha recuperado una función esencial, llevar a cabo políticas y medidas para hacer frente, e iniciar la superación de los graves y profundos desequilibrios que los gobiernos neoliberales, antipopulares y muy corruptos establecieron en nuestro desarrollo nacional y que trajeron una profunda desigualdad en el desarrollo y los indicadores de bienestar entre las entidades del sur y las del norte del país. Las grandes inversiones de PEMEX en el sureste, el Canal interoceánico entre Veracruz y Oaxaca, el Tren Maya, así como muchas inversiones más para su desarrollo económico han permitido que en los estudios oficiales más recientes, sea precisamente esta región del sur las que más han mejorado su desarrollo económico, el empleo y sus ingresos.

Los empleos aumentan, los ingresos salariales de los trabajadores, los obreros, los empleados públicos, los de la educación, del sector salud, etc. Se han visto beneficiados como nunca antes.

A pesar de campañas y estigmas en contra se mantienen altos los indicadores financieros de las calificadoras internacionales; la inversión privada extranjera y nacional crecen, y ello a pesar de las medidas que obligan a pagar impuestos justos, a respetar los derechos laborales y aceptar la política salarial mexicana. Las campañas contra las corruptelas entre gobiernos y empresarios, lejos de alejar a los inversionistas, los atraen; hay respeto, claridad en las reglas, legalidad y transparencia.

Y, sobre todo, es una revolución social, porque nunca antes en toda la historia nacional se había establecido una política social en beneficio de la población en general y, de los más pobres en particular, como la que se ha llevado a cabo en estos 5 años de gobierno de AMLO.

Comprometerse a que haya salud gratuita y de la mejor calidad mundial para todos los mexicanos, no es cualquier cosa, porque enfrenta una monstruosidad de intereses y privilegios de los que siempre han lucrado con la salud del pueblo, que son legiones; enfrenta el mal equipamiento, las instalaciones hospitalarias y de salud en ruinas. Y la verdad es que por más buena voluntad del presidente y de su equipo, pienso que no tendremos el servicio médico, mejor que el de Dinamarca, antes de que se vaya, pero habrá sentado bases sólidas para su construcción y funcionamiento pleno en los próximos años. Lo mismo sucederá con la educación pública.

Sí, es una transformación de fondo porque ahora los privilegios y beneficios principales de la política gubernamental son los pobres.

Hoy por hoy los más pobres del país; ancianos, discapacitados, campesinos, mujeres, indígenas, jóvenes y niños que estudian, jóvenes desempleados, la gran mayoría de este país, reciben un porcentaje de la riqueza nacional que el Estado Mexicano capta y redistribuye y no será únicamente mientras dure el gobierno de Andrés Manuel; se ha reformado la constitución para que permanezcan más allá de la 4T. La derecha, cuando regrese al poder, si lo consigue, igual ocupará si hay legalidad y democracia, de la mayoría en el Congreso de la Unión para eliminarlos.

La Cuarta Transformación es una revolución que avanza a grandes pasos con sus obras y acciones, es pacífica, es democrática, es popular y seguirá teniendo el apoyo de la mayoría de los mexicanos.

Artículo publicado el 03 de diciembre de 2023 en la edición 1088 del semanario Ríodoce.

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