julio 26, 2021 7:11 AM

El gobernador y el PRI después del 6 de junio

quirino voto

El sábado por la mañana Jesús Valdés anunció su renuncia a la dirigencia del PRI estatal. Si fue o no una decisión personal, es lo menos que podía hacer. Una forma de aceptar su fracaso en las elecciones pasadas, pero también un acto de dignidad frente a lo que grupos de poder de este partido, entre ellos el gobernador Quirino Ordaz Coppel, hicieron de sus aspiraciones. Peor no lo podían haber tratado.

El otro gran fracaso es del gobernador. Perdió todo y me temo que hasta la capacidad de interlocución con el presidente de la república, con el cual ha mantenido una cercanía fuera de lo común en personalidades tan distintas.

En una de sus visitas –creo que en la de diciembre del año pasado–, Andrés Manuel López Obrador le dijo a Quirino que terminando su gestión lo iba a necesitar como intermediario con los diputados del PRI. Es decir, eso que dijo el presidente en su conferencia mañanera del lunes 7, de que podía echar mano de diputados del PRI para lograr la mayoría calificada en la cámara baja, no es nuevo ni tiene que ver con que perdió cincuenta asientos el domingo pasado. El presidente se acercará al PRI porque lo necesita. Pero ahora también los priistas, habiendo perdido casi todo lo que tenían, ocuparán al presidente. Tan pragmático uno como los otros. Hay, además, en muchos de los priistas una vena histórica e ideológica que coincide con los postulados de la llamada cuarta transformación, no tanto con los panistas a los que se aliaron en la coalición Va por México, con el propósito de frenar las tentaciones autoritarias de López Obrador. Lograron el objetivo de que el presidente no tenga por sí mismo la mayoría calificada, con la cual podría cambiar la constitución a su antojo, pero igual no la tenía. Y lo que vemos ahora en la Cámara de Diputados es una nueva configuración, pero no tan radical que un presidente con tanto poder como el que tiene el tabasqueño no pueda jugar para lograr sus reformas.

Pero no será Quirino Ordaz el intermediario para acercarle diputados priistas al presidente. De hecho, todo indicaría –el condicional es que nadie puede asegurar algo como si tuviera una bola de cristal—que la carrera política del mazatleco terminó. Se decía que era el gobernador mejor evaluado del país y, cierto o no, parece que ni los que lo evaluaban bien votaron por los candidatos de su partido. Se decía que estaría apoyando a Rubén Rocha en la campaña debido a que había sido su jefe de asesores y por encomienda de AMLO, pero no fue así, empezó a apoyar a Mario Zamora y desde el mismísimo palacio nacional le pusieron un alto. Y entonces dejó correr el agua, al grado de que ni las manos metió cuando se dio cuenta que los grupos del narcotráfico estuvieron amenazando a sus candidatas y candidatos en los municipios, algunos de ellos bajados a güevo del caballo. Tampoco cuando levantaron al secretario de organización del partido, Juan Alberto Salas. Más que buscarlo y recuperarlo, sus áreas de “inteligencia” prefirieron hacer contacto con los narcos para que respetaran su vida. Y tan fue así, que el lunes por la tarde que lo liberaron, el gobernador estaba en una reunión con su gabinete y recibió una llamada. Colgó y dijo “ya lo van a soltar, qué bueno”.

Pero lo peor de la jornada electoral fue la incapacidad del gobierno para detener la ola de levantones y agresiones de los grupos del narcotráfico –unos en un lado y los otros en otro, cada quien en sus respectivas plazas—contra operadores electorales para desactivarlos. ¿De qué sirvieron los operativos de la Guardia Nacional, del Ejército, de la Policía Estatal? Absolutamente de nada. Los narcos se movieron a su antojo sin que nadie los detuviera.

“Los que pertenecen a la delincuencia organizada se portaron en general bien”, dijo el presidente de la república en la mañanera del lunes. Pues eso sería en China, presidente, porque en México mataron a cien políticos durante este proceso, entre ellos a 36 aspirantes o ya candidatos y se registraron alrededor de mil agresiones de todo tipo. Y sobre la jornada electoral, por si usted hablaba solo de ella, en Sinaloa fue secuestrada por los grupos del narcotráfico, en la mayoría de los casos, para socavar las aspiraciones de los opositores a la alianza Morena-PAS.

Bola y cadena
CON TODO ESTO, EL TRIUNFO DE RUBÉN ROCHA fue con un margen que ni él mismo esperaba. Traían un promedio de 15 puntos en sus propias encuestas. Fue el candidato de Morena mejor votado del país en elecciones para gobernador. Llega, entonces, con un bono democrático mayor que el que tuvo AMLO al ganar en 2018 la Presidencia de la República, lo que significa una mayor responsabilidad y compromiso moral sobre todo con los sectores más desprotegidos, a los cuales fueron dirigidos los ejes centrales de sus discursos de campaña. No significa que debe pelearse con los otros, como aquel. Hay cosas que Rocha no deberá emular de su guía por más leal que le sea. Si lo logra, buena parte del camino en los seis años de su administración, serán menos sinuosos.

Sentido contrario
BUENA PARTE DEL SENTIDO QUE ROCHA le dará a su gobierno se verá en la integración de su gabinete; se proyectarán ahí temas como género, seguridad, pobreza, desarrollo, corrupción… Pero también el amiguismo, las cuotas y los cuates que no puede decirse que sean parte del pasado. Sobre todo, veremos qué lugar le da a las fuerzas del PAS, determinantes en el resultado del 6 de junio.

Humo negro
Y EN ESPECIAL QUÉ LE DA A HÉCTOR MELESIO CUEN. Ya le dejó la UAS, que iba en el mismo paquete de esta alianza.

Columna publicada el 13 de junio de 2021 en la edición 959 del semanario Ríodoce.

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