diciembre 12, 2019 11:57 pm

Quirino al estilo Puro Sinaloa

informe quirino 2

Quirino Ordaz entra a la etapa de cierre de su gobierno. No es exagerado decirlo así, solo le quedan dos años —menos 15 días— a su administración de cuatro años y 10 meses. En asuntos de poder los cálculos siempre son amplios de miras. Con la entrega del tercer informe al Congreso estatal, que desde la llegada de los Morenistas él mismo lleva a los diputados, cuando sus predecesores enviaban un propio, concluye más de la mitad de su gestión y le queda poco más de un tercio. Es decir, la parte del cierre de obra, cuando se pasa a los acabados, y sobre todo se prepara el cuidado de las espaldas:

Lea: La violencia y el tiempo contado de Quirino Ordaz https://bit.ly/357jsRs

Primero fue afianzarse. Con una carrera política cortísima llegó a la gubernatura —sí tenía credenciales en el servicio público, pero no en la vida de partido y electoral. Contaba con lo fundamental en ese momento, que era el apoyo presidencial. Los candidatos se seleccionaron con Peña Nieto como el PRI lo supo hacer muy bien por mucho tiempo. Como gobernador afianzarse significó arrancar una administración en equilibrio con sus grandes grupos de poder que lo apoyaron: sus parientes los Coppel; los Jesuses, Aguilar y Vizcarra; unas cuantas posiciones extra para Juan Millán, el PRI estatal, etcétera. Dejó para sí mismo dos áreas fundamentales, los pilares de poder: el dinero y la política interna. Una para su amigo, Carlos Ortega, la otra para el viejo conocido de la familia, Gonzalo Gómez Flores.

Afianzarse, sin embargo, lo empezó a hacer Quirino Ordaz desde antes del 1 de enero de 2017. Junto a sus dos ideólogos en quienes deposita mucha de su confianza, Sergio Orozco y el propio Gonzalo Gómez Flores, además del apoyo de algunos despachos externos, armó una estrategia política y de gobierno que no dejaba grietas. Por eso desde antes de llegar tomó posiciones en las áreas por donde entran los recursos vía programas federales, al mismo tiempo sacó de la Auditoría Superior del Estado a Antonio Vega y colocó a Emma Guadalupe Félix. Así cubría y controlaba la entrada de dinero y la fiscalización del gasto. Operó también para incrementar los ingresos, que siempre son reducidos, y el Congreso incrementó en diciembre de 2016 el Impuesto sobre Nóminas, con lo que sumaba unos 700 millones de pesos más al presupuesto del siguiente año.

La estrategia inicial incluía el tema siempre complejo en Sinaloa, el de la seguridad pública. Malova lo “resolvió” con Chuytoño, entregándose a un bando. Quirino Ordaz no quiso complicaciones, pasó el mando, control y recursos al Ejército. Una buena jugada si se quieren evadir quebraderos de cabeza, trabajo extra al armar estrategias y nombramientos. Así el Ejército se encarga de todo: nombra, quita-pone, carga con los errores.

Margen de error
(Ordenarse en la derrota) La segunda etapa la marcó para el gobierno de Quirino Ordaz la debacle electoral de julio de 2018. Con una bola de desempleados tocándole la puerta —todos los y las perdedoras en la campaña—, lo obligó a una purga en su gobierno. Desplazó a los competentes, con algunos ni siquiera guardó las formas como con Martha Robles y Juan Habermann, y metió a los políticos.

Mago para entender las coyunturas, Quirino Ordaz aprovechó y de paso reacomodó las posiciones para sus promotores iniciales: Los Coppel y los Jesuses. Conservó para los primos desarrollo sustentable, innovación e incluyó educación. Los Jesuses perdieron una posición clave en Desarrollo Social con el lío de los colchones podridos entregados por los daños de la 19-E, y salió Raúl Carrillo, que volvió a SuKarne con Vizcarra. También habían perdido la Coordinación de Asesores al salir Rubén Rocha. Conservaron Agricultura, Seguro Popular y COBAES.

Hay sobrevivientes en el gabinete, como Sergio Torres en Pesca; Osvaldo López en Obras Públicas y Javier Lizárraga en Desarrollo Económico. Todos firmes todavía por razones diferentes.

Mirilla
(17/octubre) La tercera etapa del gobierno de Quirino Ordaz está en marcha desde todo este año. Empezó con adaptarse a su nueva circunstancia, si con Peña Nieto jugaba golf y comían juntos con el Cuchupetas en Villa Unión, Mazatlán, con López Obrador alcanzó relaciones cordiales. Eso es suficiente tratándose de AMLO. Paralelamente marcha la consolidación de muchas de las políticas y obras que arrancó —por ejemplo los nuevos hospitales públicos.

Solo que los sucesos del 17 de octubre, en la intentona para capturar a Ovidio Guzmán, interrumpieron su pensada estrategia.

Por eso la acción inmediata con respecto al Operativo Fallido consistió en deslindarse. El gobierno estatal, se dijo y es verdad, no sabía nada de la operación.

Ahora tiene que recomponer todo. Particularmente el tema de seguridad pública, que había jugado a su favor una pax narca que bajó drásticamente los asesinatos en Sinaloa, a contrapelo de lo que ocurría en todo el país, donde aumentaban considerablemente.

Primera cita
(Se baja el telón) Quirino Ordaz es consistente con la estrategia que se planteó en los meses previos a tomar protesta. Los ejes centrales que se marcó para su gobierno los mantiene. Y no se mueve. Es también consistente en escuchar y atender a un par de ideólogos. Uno siempre tras telones es Sergio Orozco, aunque ahora ya tiene un cargo formal en el gobierno, es el Director de Proyectos Estratégicos. Otro su Secretario de Gobierno, Gonzalo Gómez Flores, quien además siempre se encarga de los trabajos sucios de la política —él paga a quienes golpean, él arma las estrategias de la rudeza en la política (PUNTO)

Columna publicada el 17 de noviembre de 2019 en la edición 877 del semanario Ríodoce.

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