Encuentro en la UAS

 
 
saludo penn chapo
 
 
 
 
 
 
 
El pacto entre Sean Penn, Kate del Castillo y el Chapo Guzmán para realizar una entrevista y filmar una película, se llevó a cabo en la reserva ecológica Nuestra Señora del Rosario, ubicada en Cosalá; el rector, Juan Eulogio Guerra, lo niega y emplaza a Ríodoce a comprobar el hecho o disculparse; el gobernador dice ignorarlo.
 
 
 
 
 
La reunión entre Joaquín Guzmán Loera, Kate del Castillo y Sean Penn, se llevó a cabo en la reserva ecológica de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) ubicada en Cosalá.
Fue, como lo narra el actor estadunidense en su reportaje publicado en la revista Rolling Stone, el 2 de octubre pasado.
Este hecho fue detectado por el equipo de búsqueda del capo sinaloense, compuesto por la SEIDO, el CISEN, la Marina y el Ejército, con el apoyo de asesores colombianos y de las agencias norteamericanas, lo cual dio origen a la cacería en ese municipio, cuyo seguimiento pasó por Durango y terminó con la recaptura del Chapo en Los Mochis, el pasado viernes.
chapo, uas 2
Una velada extravagante
 
Primero llegaron los cocineros. Dos hombres avituallados de enseres domésticos, mariscos y carne para asar.
Eran las doce del mediodía del 2 de octubre. Alguien había llamado para reservar dos cabañas, la “Urracas” y “Colibrí”. Tres mil pesos por noche. Las dos con mejores vistas en el complejo turístico del Mineral de Nuestra Señora del Rosario, una reserva ecológica de 5 mil 500 hectáreas que cuenta con cabañas, un hotel, museo, observatorio, palapas, alberca, centro de convenciones, miraderos y una tirolesa. Pertenece a la UAS desde 1992.
Estaría de visita, dijo el que contrató los servicios de la Reserva, a nombre de la actriz Kate del Castillo.
Según una investigación realizada por Ríodoce dos semanas después del encuentro, llegaron a las tres de la tarde. Con los actores iba Joaquín Guzmán Loera, el Chapo.
Temporada baja, ni en el hotel de ocho habitaciones ni en las cabañas había más huéspedes. Solo estaba el personal: tres o cuatro jardineros, un biólogo, dos afanadoras y dos o tres muchachos de la escuela de Biología de la UAS que ahí hacen sus prácticas profesionales.
(Estos últimos fueron reubicados esa tarde-noche, pues la cabaña que les sirve de albergue está junto a las que habían sido rentadas por los huéspedes; los mandaron a dormir al hotel).
El encargado de la Reserva y un vigilante que trabaja para una empresa privada de seguridad, les pidieron (lo cual es inusual) que abandonaran el lugar.
Los visitantes llegaron en varias camionetas cuando todavía no caía el sol. Dos de ellas se adentraron hasta las cabañas y el resto se apostó afuera de la Reserva. Varios vehículos avanzaron por el camino que lleva a la Mina (dos kilómetros abajo) y dos o tres permanecieron afuera.
Kate del Castillo, según la información recabada, se hospedó en la cabaña “Urracas”. El Chapo Guzmán en la “Colibrí”.
Los dos y sus “colaboradores” fueron guiados en un tour por la Reserva y se dijo que Guzmán Loera se quedó maravillado con una gran jaula instalada para la protección de guacamayas.
Después del recorrido comieron mariscos y carne asada, nadie del personal presente.
La estadía, discreta siempre, terminó a las dos de la mañana del sábado 3, cuando Kate pidió que le abrieran la puerta pues le había surgido un “problema personal” y tenía que retirarse. “Luego volveremos”, habría dicho. El Chapo ya se había marchado.
Habilitadas con tres recámaras cada una, cocina integral, comedor, sala y un baño, la cabaña que habitó Kate mostraba los restos de una tertulia tranquila. La otra cabaña lucía intacta. Solo la recámara principal tenía las sábanas ligeramente movidas, como si alguien se hubiera recostado un rato para descansar.
Del grupo que llegó ese día solo quedaron los cocineros, quienes al día siguiente abandonaron el lugar después de desayunar.
Después de estar en la Reserva, Ríodoce trató de entrevistar a Kate del Castillo. Se hizo una llamada a su casa en Los Ángeles. Una asistente respondió y pasó la llamada a la actriz. Se le aclaró quien llamaba, de dónde y para qué.
Cuando se le preguntó si había estado recientemente en Cosalá, estalló en cólera. No dio tiempo de preguntar si se había reunido con el Chapo Guzmán. Solo dijo que le molestaba que le inventaran cosas y que ella nunca había estado en Sinaloa. Luego colgó.
Un seguimiento de la información se hizo en el Instituto de Inmigración para verificar si había registro alguno de su ingreso a México. Al funcionario entrevistado en la ciudad de México y que pidió reservas con su identidad, le llamó la atención cuando se le mencionó el nombre de Kate. “Ah, no es la primera vez que nos piden ese dato…”
 
—¿Quién se lo pidió antes?
—La Comisión Nacional de Seguridad.
 
—¿Puede checarnos la fecha?
 
El funcionario revisa sus archivos:
 
— Fue la primera semana de octubre.
 
De acuerdo con el entrevistado, el último ingreso registrado de Kate del Castillo en Aduanas, es de julio de 2015.
 
—¿Pudo haber ingresado sin que haya quedado registro?
— Tenemos 305 millones de cruces de frontera al año que no quedan registrados en ninguna parte.
 
El relato que Sean Penn hace previo a la entrevista que publica en Rolling Stone coincide plenamente con la descripción que puede hacerse de las cabañas que existen en la Reserva: la explanada donde se llevó a cabo la comida, a cielo abierto, los pasillos oscuros entre una cabaña y otra, el ruido de las motosierras que el actor se imagina cortándole el pene es real, pero cercenan maleza. Y hasta las paredes blancas (todas blancas, de todas las cabañas), una de las cuales sirvió de trasfondo en la fotografías que el Chapo y el actor se tomaron como testimonio del encuentro.
Desde el lugar al que se arriba en las camionetas se pueden observar las cabañas con solo mirar hacia arriba, todas ellas con terraza. Y en las recámaras hay biombos para dividir espacios, tal como lo dice en su crónica.
Lo que cuenta el actor y lo que Ríodoce encontró en sus pesquisas difiere en los tiempos, con diferencia de tres o cuatro horas. Nadie reconoció al actor y tampoco ninguna de las fuentes mencionó la presencia de los hermanos Iván Archivaldo y Alfredo Guzmán Salazar en la reunión.
El viaje que Penn narra después de salir de las cabañas en medio de un aguacero, fue a Guadalajara, pues ocho horas es el tiempo que se haría a buen paso partiendo de Cosalá.
El 3 de octubre por la noche, Kate del Castillo publicó una fotografía donde aparece con Penn durante la presentación privada de su tequila “Honor”.
No se sabe si deliberadamente, pero Penn miente cuando dice que al llegar a la ciudad, se dieron una ducha y en 20 minutos estaban en un taxi que los llevó al aeropuerto, pues esa noche la misma actriz hizo pública una fotografía donde se encuentra al lado del actor, mariachis de fondo.
La PGR declaró al portal de noticias Animal Político que ese evento fue la “fachada” que utilizaron los actores para reunirse con el Chapo.
Al conocerse el encuentro entre los actores y el capo, la titular de la PGR, Arely Gómez, dijo a Joaquín López Dóriga, a través de su noticiero en Radio Fórmula, que ya tenían conocimiento de ese encuentro:
“Nosotros estábamos siguiendo al abogado, y este nos lleva al encuentro de estas personas. En esos momentos no se hace el operativo porque no había las condiciones para hacerlo”.
Tres días después del encuentro estalló la persecución en los altos de Durango.
 
Los pasos de Kate
kate tequila
 
 
 
El día que los actores se reunieron con el Chapo, Kate del Castillo tuiteó muy temprano y subió una foto donde se muestra sonriente envuelta entre sábanas blancas, a las 8:23 de la mañana y escribió: “¡Buenos días! ¡Es viernes y el cuerpo lo sabe! ¡Despertar con el sol así es pura felicidad de la buena!”.
Según el relato de Penn, ese mismo 2 de octubre ambos actores y sus acompañantes abordaron un vuelo chárter en un aeropuerto de Los Ángeles desde donde viajaron a una ciudad de México, presuntamente Guadalajara, según las fotografías que fueron tomadas por inteligencia y filtradas a medios nacionales la semana pasada.
En Guadalajara se trasladan al Hotel Villa Ganz, de ahí fueron recogidos por Alfredo Guzmán Salazar (hijo del Chapo), según relata el actor en la revista The Rolling Stone.
Luego del encuentro con el narcotraficante, los actores regresaron a Guadalajara. El 3 de octubre, a las 20:59 horas, Kate del Castillo publicó una fotografía al lado de Sean Penn en una presentación privada de su tequila Honor.
En ese momento la fotografía entre ambos actores solo desató chismes de espectáculos donde se especuló un supuesto noviazgo entre ambos, sin pensar lo que realmente había ocurrido tan solo unas horas antes en la Reserva Ecológica de la UAS, enclavada en la sierra de Cosalá.
Luego de la detención de Guzmán Loera, la actriz se puso en el ojo del huracán al revelarse que fue el contacto de Penn para la entrevista con el narcotraficante; la actriz dejó de tuitear. Fue cuatro días después que dejó en su red social un mensaje donde agradeció a sus fans y prometió contar su versión.
“Gracias por su apoyo. Como era de esperarse muchos han decidido manipular la información y fabricar historias falsas para distraernos del verdadero tema. Pronto contaré mi versión. Kate del Castillo”.
El revuelo entre Kate del Castillo y Joaquín Archivaldo Guzmán Loera no es nuevo; empezó desde enero del 2012 cuando la actriz aprovechó su cuenta oficial de Twitter para escribir un mensaje al narcotraficante. La osadía causó un escándalo en los medios nacionales; entre otras cosas invitaba al Chapo a traficar para hacer el bien, “anímese don, sería usted el héroe de héroes, trafiquemos con amor, usted sabe cómo”, escribió la protagonista de la serie La Reina del Sur.
“Hoy creo más en el Chapo Guzmán que en los gobierno que me esconden verdades aunque sean dolorosas”, escribió.
Después de la segunda fuga de Guzmán Loera, la actriz volvió a tocar el tema cuestionada por periodistas de España durante la entrega de Premios Platino del Cine Iberoamericano, realizado en Marbella. Ahí, del Castillo dijo estar muy segura de lo que había escrito en el 2012: “si la gente lo malinterpreta, no me importa, es mi manera de pensar”.
 
“México hace mucho tiempo que es una ciudad súper violenta, yo no vivo allá pero es peligrosísima, así que esto del Chapo es de risa loca”, mencionó.
Luego Televisa espectáculos publicó que Kate del Castillo se sentía insegura después de la fuga del capo; el medio mexicano citó que la actriz le advirtió a su padre sobre su temor de ser contactada o verse involucrada. Este mes,  después de la tercer recaptura de Guzmán Loera, se supo que la actriz no solo tuvo comunicación, sino que además se reunió con él.
 
Nunca estuve en Sinaloa: Kate del Castillo a Ríodoce
 
Desde la oficina de Ríodoce se hace la llamada a Los Ángeles, California:
 
I: Ismael Bojórquez, ¿habla Kate?
K: Sí, habla Kate
 
I: Kate ¿cómo estás? mira, te molesto por lo siguiente. Soy director del periódico Ríodoce, que se edita en Sinaloa, y tenemos la versión de que estuviste por acá en Sinaloa el 2 de octubre…
K: ¿Sinaloa?, yo no he ido para Sinaloa nunca…
 
I: Bueno, eso…
K: Que para nada, que no he ido para nada a Sinaloa…
 
I: ¿No estuviste en la reserva de Cosalá?
K: No, para nada.
 
I: Tengo la versión, nosotros estuvimos ahí ayer y antier Kate, y tenemos la versión de que estuviste por ahí.
K: No sé ni dónde está Cosalá, ¡fíjate!
 
I: Kate mira te voy hacer una pregunta muy directa…
K: Oye ¿cómo conseguiste este teléfono?
 
I: Lo conseguí en la Ciudad de México, Kate…te voy hacer una pregunta…
K: No me gusta que me estés hablando, primero no me gusta que me hables a mi casa, segundo yo a ti no te conozco y tercero cualquier tontería que todos ustedes estén inventando, estén diciendo, a mí ya me tienen de verdad mal.
O sea, yo no tengo absolutamente nada qué ver con Sinaloa ni con nada. Yo estoy muy a gusto desde hace mucho tiempo viviendo en la ciudad de Los Ángeles, haciendo lo mejor que puedo con mi trabajo y nada más, eso es todo. Es todo lo que te voy a decir.
 
I: Kate…
K: Gracias.
 
 
 
 
El relato de Sean Penn
 
Fotos
 
 
kate aeropuerto
 
Una vez que Joaquín Guzmán fue detenido, la revista neoyorquina, Rolling Stone publicó una crónica-entrevista escrita por el actor Sean Penn, donde relata los pormenores de un viaje a México, acompañado de Kate del Castillo, para entrevistarse con el capo.
Ríodoce ha seleccionado parte de su extenso texto, que incluye la descripción del lugar donde se reunieron y que coincide con la que el semanario hace de la reserva de la UAS. También la entrevista completa que le hizo a distancia a Guzmán Loera.
 
(…)
Todavía manejamos por varias horas en la jungla antes de toparnos con cualquier señal que indicaba que estábamos cerca. Entonces, varios sujetos aparecen de la nada e intercambian radios con nuestros conductores. Le seguimos y pequeños pueblos se materializan entre la jungla, los lugareños se relajan cuando reconocen al chofer. Los celulares no funcionan aquí, así que me imagino que hay repetidores de radio en puntos topográficos altos para facilitar sus comunicaciones internas.
 
Dejamos Los Ángeles a las siete de la mañana y cerca de las nueve de la noche arribamos a un claro donde hay varias camionetas estacionadas. Un pequeño grupo de hombres se acerca, en algunas lomas veo varias cabañas. Me bajo de la camioneta y espero autorización para acercarme a la cajuela y sacar mis cosas. Asienten con la cabeza y me muevo, cuando lo hago ahí está… justo al lado de nuestro transporte. El fugitivo más famoso del mundo: El Chapo.
 
Mi mente inmediatamente repasa las cientos de fotografías y noticias sobre él que había leído. No hay duda de que él es el mero mero. Está usando una camisa de seda con estampado y pantalones negros de mezclilla. Se ve arreglado y saludable para un hombre fugitivo.
 
Abre la puerta de Kate y la saluda como a una hija que visita su hogar después de mucho tiempo. Parece que es importante para él expresar su afección por una persona que solo había conocido de forma remota. Después de saludarla, me mira con una sonrisa hospitalaria y extiende su mano, la tomo. Me da un abrazo de compadre y me mira a los ojos mientras me saluda rápidamente en español. Reúno las suficientes agallas para explicarle en un español roto que dependo de Kate para traducir, es entonces cuando se da cuenta que su saludo no fue entendido. Bromea con sus hombres, riéndose de su suposición de que yo hablaba español y de mi confusión momentánea que lo dejó seguir hablando por tanto tiempo.
 
Nos llevan a una terraza sobre la loma, una familia local nos ofrece tacos, enchiladas, pollo, arroz, frijoles, salsa y… carne asada.
 
El Chapo nos lleva hacia una mesa y nos ofrece bebidas. Estamos sentados en un área iluminada con algunas series, pero el perímetro está sumido en la oscuridad. Veo alrededor de 30 a 35 personas (El Chapo le confió a el Alto que había más de cien de sus soldados en el área). No hay armas largas a la vista al estilo de Danny Trejo. La primera impresión que tuve de sus hombres se relacionaba más con un grupo de estudiantes en una universidad de la Ciudad de México: bien vestidos y peinados, se dirigían con educación. Ni uno sólo era fumador. Únicamente dos o tres llevaban armas en sus cinturones.
 
Nuestro anfitrión, al parecer, estaba preocupado de que Kate —la única mujer del grupo— no fuera acosada. Esta suposición sería corroborada más tarde.
 
Mientras nos sentamos en la mesa, se dan las presentaciones. A mi derecha estaba Alonzo, uno de los abogados del Chapo. Al hablar de los abogados del capo, el asunto se vuelve un poco turbio. Cuando estaba preso, las únicas visitas que podía recibir eran de sus “abogados’’.
 
Evidentemente, algunos que podrían ser descritos como tenientes habían sido certificados como parte de su equipo legal. Alonzo visitó al Chapo dos horas antes de su escape. De acuerdo con Alonzo, él no conocía sus intenciones, pero eso no lo salvó de una golpiza brutal por parte de los oficiales que lo interrogaron después.
 
A mi derecha, está Rodrigo. Rodrigo es el padrino de las dos niñas de cuatro años de edad del Chapo y su esposa, la reina de belleza de 26 años, Emma Coronel. Rodrigo es el que me tiene preocupado. Su mirada está muy lejos, pero se veía muerta para mí. Mi especulación se vuelve audio y  escucho las sierras eléctricas, siento salpicaduras. Yo soy la paranoia de Sean. Mis ojos se ven obligados a desplazarse a la derecha de Rodrigo, donde está Iván, el hijo mayor del Chapo. A los 32 años, es considerado el heredero del Cártel de Sinaloa. Es un hombre atento y tranquilo. Al igual que su hermano, porta un reloj fabuloso. Y justo enfrente de mí, está nuestro anfitrión, con Kate a su derecha. Junto a Alonso, se encuentra Alfredo. El Alto se sienta al final de la mesa.
 
Espinoza, todavía en pie, se disculpa con Chapo y le pregunta si puede recostarse para descansar su espalda.
 
Con Kate traduciendo, empiezo a explicar mis intenciones. Me sentía que había llegado como una curiosidad para él. El gringo solitario entre mis colegas, que se había montado en los faldones de la fe de ‘El Chapo en Kate’. Sentí su deleite mientras ponía mis cartas sobre la mesa.
 
A lo largo de mi introducción, el Chapo sonríe de forma cálida. De hecho, durante nuestra plática de siete horas, solo lo vi sin esa sonrisa en breves destellos. Como se ha dicho de muchos hombres notorios, él tiene un carisma indiscutible. Cuando le pregunto acerca de su dinámica con el gobierno de México, hace una pausa.
 
“Al hablar de los políticos, mantengo mis opiniones para mí. Ellos van hacer sus cosas y yo hago lo mío’’.
 
“No quiero ser retratado como una monja”, dice el Chapo. Aunque esta representación no se me había ocurrido. Este hombre sencillo de un lugar sencillo, rodeado del simple cariño de sus hijos a su padre, y el suyo hacia ellos, no me parece apropiado de un lobo feroz. Su presencia evoca cuestiones de complejidad cultural y contexto, de sobrevivientes y capitalistas, de agricultores y tecnócratas, de empresarios inteligentes.
 
Un mesero nos deja otra botella de tequila. El Chapo nos sirve tres caballitos y brinda mirando a Kate “No suelo beber”, dice, “pero yo quiero beber con usted’’.
 
Después del brindis, me tomo un sorbo educado. Me pregunta si muchas personas en los Estados Unidos lo conocen. “Oh, sí”, le digo, y le informo que la noche antes de partir a México, un canal estaba retransmitiendo el documental ‘’Chasing El Chapo’’. Él parece deleitarse en el absurdo de la situación, comparte una sonrisa con sus hombres. Volteo hacia el cielo y me pregunto lo divertido que sería si un dron estuviera volando por encima de nosotros. Estamos en un claro, sentados a la intemperie. Me bebo el tequila y el zumbido desaparece.
 
Cedo a la sensación de seguridad que ofrecen el Chapo y sus hombres, considero que si hubiera alguna amenaza, ellos lo sabrían. Comemos, bebemos, y hablamos durante horas. Se interesa por el negocio del cine y cómo funciona. Él está impresionado con su rendimiento financiero. La parte de pérdidas y ganancias no le interesan. Él nos sugiere que consideremos cambiar de carrera y nos vayamos al negocio del petróleo. Dice que le gustaría invertir en el sector energético, pero que sus fondos de origen ilícito, restringen sus oportunidades de inversión. Él cita (pero me pide no nombrar en forma impresa) una serie de grandes corporaciones corruptas, tanto en México como en el extranjero. Agrega con desdén y encantado los nombres de varios a través de los cuales lava su dinero y que toman su propio trozo cínico del pastel narco.
 
“¿Cuánto le van a pagar por el artículo?’’, pregunta. Respondo que, cuando hago periodismo, rechazo pago alguno. Me doy cuenta de que para él, la idea de hacer cualquier tipo de trabajo sin pago es un juego de tontos. A diferencia de los gángsters a los que estamos acostumbrados, que se ocultan detrás de numerosas empresas legales, el Chapo se apega a un juego ilícito, con orgullo.
 
“Puedo proporcionar más heroína, metanfetamina, cocaína y marihuana que nadie en el mundo. Tengo una flota de submarinos, aviones, camiones y barcos’’.
 
Él no tiene complejos. A pesar de los desafíos de hacer negocios en una industria tan clandestina, ha logrado construir un imperio. Me acuerdo del rumor alegando una recompensa ofrecida por el capo de cien millones de dólares al que asesine a Donald Trump. Menciono Trump, el Chapo sonríe irónicamente diciendo: “¡Ah! ¡Mi amigo!”
 
Soy curioso, en el caos actual de Oriente Medio, del impacto que pueden tener en su negocio. Yo le pregunto: “De todos los países y culturas con las que usted hace negocios, ¿cuál es el más difícil?”
 
Sonriendo, él sacude la cabeza y dice un inequívoco “Ninguno”. No hay político que podría responder a la misma pregunta tan claramente o con tanto éxito, pero, de nuevo, los desafíos son muy diferentes.
 
Habiendo explicado mi intención, me pregunto si me concedería dos días para una entrevista formal. Mis colegas se marchaban por la mañana pero yo me ofrecía para quedarme y grabar nuestras conversaciones.
 
Hace una pausa antes de responder. Él dice: “Te acabo de conocer. Lo haré en ocho días. ¿Puedes regresar en ocho días?” Yo respondo que sí y les pido tomar una fotografía juntos para poder comprobar el encuentro a mis editores de la revista Rolling Stone. “Adelante”, dice.
 
Todos nos levantamos de la mesa como un grupo y seguimos al Chapo a una de las cabañas. Una vez dentro, vemos la primera señal de armas pesadas. Una M16 está en un sofá frente a la pared blanca en donde queremos tomar la fotografía. Le explico que, para fines de autenticación, que sería mejor si nos tomáramos la mano, mirando a la cámara. Alfredo toma la foto que más tarde me sería enviada”.
 
Cuando regresamos a nuestra mesa, siento que logramos lo que vinimos a hacer. Habíamos llegado a un acuerdo que iba a someterse a una entrevista de dos días cuando regresara.
 
Mientras la paranoia de drones de vigilancia y las incursiones militares vuelve a mi mente, tomo otro tequila y hago un escaneo de 360 ​​grados para saber dónde mis colegas y yo nos resguardaríamos en caso de un tiroteo. En la oscuridad, es difícil imaginar un lugar seguro y el mundo del Chapo es todo lo contrario.
 
Cuando Espinoza regresa de su siesta, Kate, sucumbiendo a la jornada agotadora y a los tequilas, acepta ser escoltada por el Chapo a sus dormitorios. Mientras la acompaña hacia la cabaña con poca luz, no puedo dejar de preocuparme. Me ofrezco a acompañarlos, aunque dadas las circunstancias cualquier tipo de protección que yo pueda ofrecer no sirve de nada. Antes de que mi paranoia me provoque hacer algo estúpido, el Chapo regresa.
 
Hay un cambio. Con Kate metida cómodamente en la cama, el Chapo y sus hombres se enfundan rápidamente con sendos chalecos antibalas, armas de grueso calibre y hasta colocan granadas en sus cinturones. Parece un ejército de guerrilleros listos para la batalla pero que había estado descansando y que ahora vuelve a lo que parecen sus actividades diarias. El Chapo también está armado y listo para comandos.
 
A raíz de este gran espectáculo donde Clark Kent se convirtió en Superman, el Chapo regresa a la mesa. Su comportamiento es casual pero su equipo de batalla es todo lo contrario. Espinoza y el Alto la hacen de traductores mientras comparamos nuestras culturas. Hacemos preguntas alegres, a pesar del ambiente tan pesado. Yo me siento frustrado por tener que esperar ocho días para agarrarlo en una esquina y preguntar todo lo que el mundo quiere saber. Me siento desnudo sin lápiz y papel. Así que sólo hago preguntas cuyas respuestas no podía olvidar.
 
—¿Conocías a Pablo Escobar? El Chapo responde:
—Sí, lo vi una vez en su casa. Era una casa grande”.
 
—¿Ve seguido a su madre?
—Todo el tiempo. Tenía la esperanza de que nos veríamos en mi rancho para que la conocieran. Ella me conoce mejor que yo. Pero algo ocurrió y tuvimos que cambiar el plan.
 
Supongo que estaba insinuando que uno de sus contactos le informó que el rancho estaba bajo observación por las autoridades.
 
Ha pasado varias horas, el Alto y yo compartimos un gesto que indica lo que nuestro sentido común nos dice: el núcleo de soldados alrededor del Chapo está inquietándose como si algún tipo de reloj dentro de ellos se acercara a la hora límite. Probablemente eran las cuatro de la mañana.
 
El Chapo se levanta, nos desea buenas noches y agradece nuestra visita. Lo seguimos hacia donde se encontraba la familia que había cocinado la cena. Toma la mano de cada uno de ellos y les da las gracias y con una mirada, nos invita a hacer lo mismo.
 
Nos acompaña hacia la misma cabaña donde había escoltado a Kate más temprano. En un estrecho y oscuro pasillo entre su cabaña y la nuestra el Chapo pone su brazo sobre mi hombro y me vuelve a pedir que lo vea en ocho días.
 
“Voy a estar diciendo adiós ahora”, dice. En este momento, yo expulso una flatulencia de viajero (perdón) y con ella, experimento la misma caballerosidad que le había ofrecido a Kate mientras la acompañaba a cama y finge no darse cuenta. Nos escapamos de alguna broma y ​​me uno a mis colegas en el interior de la cabaña. Hay dos camas y un sofá a poca distancia de donde Kate se puede ver durmiendo en una tercera cama detrás de un divisor de privacidad. Espinoza regresa a la cama en la que había tomado una siesta a nuestra llegada.
 
El regreso súbito
 
Dos horas más tarde, somos bruscamente despertados por Alonzo. “¡Una tormenta se acerca!”,  dice. “¡Tenemos que movernos!” Los caminos de tierra de la selva son difíciles de navegar cuando las lluvias los saturan. Tendríamos que vencer a la lluvia en la carretera asfaltada.
 
Apenas amanece cuando llegamos al bendito pavimento y se deja caer el aguacero con grandes relámpagos que iluminan el interior de nuestro vehículo como si fueran granadas de luz. Alonzo le pregunta a Kate si quiere conducir. Ella salta a la oportunidad de romper la monotonía y toma el volante. Mientras tanto el Alto se acuesta, tiene tanto sueño que es ajeno a la lluvia torrencial. En el asiento trasero, Alonzo me susurra que hay múltiples puestos de control militar a lo largo de estos caminos y que tienden a ignorar los vehículos conducidos por mujeres. En este caso, la lluvia cae con tanta fuerza que los soldados han abandonado sus puestos para protegerse. Afortunadamente, nadie nos detiene.
 
En lugar de arriesgarnos a ser vaporizados en una pequeña aeronave por una tormenta eléctrica, optamos por el camino de ocho horas en coche de vuelta a la ciudad. Espinoza se reclina en el asiento del pasajero para descansar su espalda.
 
Cuando llegamos a la ciudad, el clima se ha despejado. Nos duchamos en nuestras habitaciones y veinte minutos más tarde, Kate, Espinoza y yo, junto con Alonso, nos subimos a dos taxis y nos dirigimos hacia el aeropuerto.
 
Lo que yo no sabía y lo que aún no se estaba informando, era que desde el momento en que el tiempo mejoró, se había hecho inminente un cerco militar en Sinaloa. Aparentemente, el Chapo y sus hombres habían escapado de la selva la noche anterior. Según la prensa, que no se enteró hasta dos días después, un teléfono celular de uno de sus hombres había sido rastreado.
 
Desde el momento en que el Ejército y la DEA intervinieron, los informes de lo ocurrido se vuelven confusos. Una fuente familiarizada con el cártel me informó que el 3 de octubre inició el asedio.
 
 
La entrevista a distancia
 
chapo entrevista 
 
La persecución de que fue objeto Joaquín Guzmán a partir de este encuentro hizo imposible que capo y actor se volvieran a reunir. Entonces Penn le envió preguntas vía BlackBerry que Guzmán le respondió a través de un video grabado en algún lugar de la sierra y que le hizo llegar a Nueva York.
 
El Chapo comienza con una precisión:
“Quiero dejar en claro que esta entrevista es para el uso exclusivo de la señorita Kate del Castillo y el señor Sean Penn”.
La imagen se oscurece. Cuando vuelve, porta su sombrero negro.
 
—¿Cómo fue tu infancia?
—Recuerdo que desde el momento en que tenía seis años, hasta ahora, a mis padres, una familia muy humilde, muy pobre, recuerdo cómo mi madre hacía pan para mantener a la familia. Me gustaba venderlo. También vendía las naranjas, refrescos y caramelos. Mi madre, era una luchadora, trabajó mucho. Cultivábamos maíz y frijol. Cuidaba del ganado de mi abuela y cortaba madera.
 
—¿Y cómo te involucraste en el negocio de las drogas?
—Bueno, desde que tenía 15 años y después. De donde yo vengo, que es el municipio de Badiraguato… me crié en un rancho llamado La Tuna, en esa zona, y hasta hoy, no hay oportunidades de trabajo. La única manera de tener dinero para comprar comida, para sobrevivir, es sembrar amapola, mariguana. Ya esa edad, empecé a cultivar y a cosechar para venderlo. Eso es lo que te puedo decir.
 
—¿Cómo saliste de allí? ¿Cómo creciste tu negocio?
—A partir de ahí, de mi rancho, cuando cumplí 18 me fui a Culiacán. Luego a Guadalajara, pero nunca dejé de visitar mi rancho, incluso hasta hoy, porque mi mamá, gracias a Dios, todavía está viva y sigue en nuestro rancho, que es La Tuna, y así es como las cosas han sido.
 
—¿Cómo ha cambiado su vida familiar desde entonces hasta ahora?
—Es muy buena… mis hijos, mis hermanos, mis sobrinos. Todos nos llevamos bien, muy normal. Es muy buena.
 
—Y ahora que usted es libre, ¿Cómo te ha afectado?
—Bueno, al respecto de ser libre… feliz, porque la libertad es muy agradable, y la prisión, bueno, para mí es normal, porque he tenido que ser cuidadoso durante años en algunas ciudades y no siento nada que afecte mi salud o mi mente. Me siento bien.
 
—¿Es verdad lo que dicen que las drogas destruyen la humanidad y hacer daño?
—Bueno, es una realidad que las drogas destruyen. Por desgracia, como ya he dicho, donde crecí no había otro camino y todavía no hay otra manera de sobrevivir, no hay manera de trabajar en nuestra economía para poder ganarse la vida.
 
—¿Cree que es cierto que usted es responsable por el alto nivel de adicción a las drogas en el mundo?
—No, eso es falso, porque el día que yo no exista, no va a disminuir de ninguna manera en absoluto. ¿El tráfico de drogas? Eso es falso.
 
—¿Hizo crecer su negocio de la droga mientras estaba en la cárcel?
—De lo que puedo decir, y lo que sé, todo está igual. Nada ha disminuido. Nada ha aumentado.
 
—¿Qué pasa con la violencia que se adjunta a este tipo de actividad?
—En parte, es porque ya algunas personas ya crecen con problemas, y hay algo de envidia y tienen información en contra de otra persona. Eso es lo que crea la violencia.
 
—¿Se considera una persona violenta?
—No señor.
 
—¿Es propenso a la violencia, o lo usa como último recurso?
—Mira, todo lo que hago es defenderme, nada más. ¿Pero empezar problemas? Nunca.
 
—¿Cuál es su opinión acerca de la situación en México?, ¿cuál es el panorama para México?
—Bueno, el tráfico de drogas ya forma parte de una cultura que se originó a partir de los antepasados. Y no sólo en México. Esto es todo el mundo.
 
—¿Considera que su actividad, su organización, es un cártel?
No, señor, no en lo absoluto. Porque las personas que dedican su vida a esta actividad no dependen de mí.
 
—¿Cómo ha evolucionado este negocio desde el momento en que empezaste hasta hoy?
—Hay una diferencia. Hoy en día hay un montón de drogas, y en aquel entonces, las únicas que existían eran la marihuana y la amapola.
 
—¿Cuál es la diferencia en la gente ahora en comparación con ese entonces?
—Hay una gran diferencia, porque ahora, día tras día, los pueblos son cada vez más grandes, y hay más de nosotros, y un montón de diferentes maneras de pensar.
 
—¿Cuál es la perspectiva para el negocio? ¿Crees que va a desaparecer? ¿Va a crecer en su lugar?
—No, no va a terminar porque el paso del tiempo, somos más personas, y esto nunca va a terminar.
 
—¿Cree usted que las actividades de terrorismo en el Medio Oriente, en modo alguno, impacten en el futuro del tráfico de drogas?
—No, señor. No hace una diferencia en absoluto.
 
—Usted vio cómo fueron los últimos días de Escobar. ¿Cómo ve sus últimos días en este negocio?
—Sé que un día voy a morir. Espero que sea por causas naturales.
 
—El gobierno de Estados Unidos cree que el gobierno mexicano no quiere arrestarlo, que lo quieren matar. ¿Qué piensas?
—No, creo que si me encuentran, me van a arrestar, por supuesto.
 
—Con respecto a sus actividades, ¿qué impacto cree que tengan en México? ¿Cree usted que hay un impacto sustancial?
—De ningún modo. De ningún modo.
 
—¿Por qué?
—Porque el tráfico de drogas no depende de una sola persona. Depende de un montón de gente.
 
—¿Cuál es su opinión acerca de quién tiene la culpa aquí, los que venden drogas, o las personas que usan drogas y crean una demanda para ellos? ¿Cuál es la relación entre la producción, la venta y el consumo?
—Si no hay consumo, no habría ninguna venta. Es cierto que el consumo, día tras día, se hace más y más grande. Por lo que se vende y vende.
 
—Escuchamos aguacate es bueno para la salud, que la fruta es saludable. Pero nunca escuchamos a alguien hacer publicidad con respecto a las drogas. ¿Ha hecho algo para inducir al público a consumir más drogas?
—De ningún modo, esto llama la atención. La gente, en cierto modo, quiere saber lo que se siente o qué sabe. Y entonces la adicción se hace más grande.
 
—¿Tiene algún sueño? ¿Sueñas?
—Todo lo que es normal. ¿Pero soñar diario? No.
 
—Pero usted debe tener algunos sueños, ¿algunas esperanzas para su vida?
—Quiero vivir con mi familia los días que Dios me da.
 
–Si pudieras cambiar el mundo, ¿lo harías?
—Para mí, como están las cosas, estoy feliz.
 
—¿Cómo es tu relación con tu mamá?
—¿Mi relación? Perfecta. Muy bien.
 
—¿Es una de respeto?
—Sí, señor, de respeto, afecto y amor.
 
—¿Cómo ve el futuro para sus hijos e hijas?
—Muy bien. Ellos se llevan bien. La familia es unida.
 
—¿Qué hay de su vida? ¿Cómo ha cambiado tu vida desde que escapaste?
—Mucha felicidad a causa de mi libertad.
 
—¿Usas drogas?
—No señor. Hace muchos años, sí, las probé. ¿Pero un adicto? No.
 
—¿Hace cuánto tiempo?
—Yo no he tomado ninguna droga en los últimos 20 años.
 
—¿Te preocupa que usted podría estar poniendo en riesgo a su familia con su escape?
—Sí señor.
 
—Por su escape reciente, ¿usted persigue su libertad a cualquier precio a costa de todo?
—Nunca pensé en hacer daño a nadie. Todo lo que hice fue pedirle a Dios, y las cosas funcionaron. Todo salió perfecto. Ya estoy aquí, gracias a Dios.
 
—Las dos veces que se escapó, vale la pena mencionar, no hubo violencia.
—En mi caso, no llegó a eso. En otras situaciones, lo que se ha visto, las cosas ocurren de manera diferente, pero aquí, no usamos ningún tipo de violencia.
 
—Teniendo en cuenta lo que se ha escrito sobre usted, lo que se puede ver en la televisión, se dicen cosas sobre usted en México, ¿qué clase de mensaje le gustaría transmitir a la gente de México?
—Bueno, puedo decir que es normal que la gente tiene sentimientos encontrados debido a que algunas personas me conocen y otros no. Esa es la razón por la que digo que es normal. Porque los que no me conocen pueden tener sus dudas acerca de decir si, en este caso, soy una buena persona o no.
 
—Si le pido que se defina como persona, si le pido fingir que no es Joaquín, que usted es la persona que lo conoce mejor que nadie en el mundo, ¿cómo se definiría?
—Bueno, si lo sabían con respeto, y desde mi punto de vista, es una persona que no está en busca de problemas de ninguna manera. De cualquier manera.
 
OK/Judith                  1 mil 400
 
 
La UAS lo niega y emplaza a Ríodoce
Foto locho guerra
 
El rector de la UAS, Juan Eulogio Guerra Liera, negó que Joaquín el Chapo Guzmán y los actores Sean Penn y Kate del Castillo se hayan reunido en la reserva ecológica de la Universidad en Cosalá en octubre del año pasado y emplazó a Ríodoce a presentar pruebas u ofrecer una disculpa.
Después de que este semanario dio a conocer en su portal de internet que el encuentro fue en instalaciones de la Universidad, cerraron las dos cabañas que utilizaron el capo y los actores para ponerlas a disposición de las autoridades investigadoras, de acuerdo con declaraciones del rector.
“Yo te lo digo que no hubo tal cosa, las características de este reportaje que se da, bueno, yo creo que si tienen pruebas deberían de mostrarlas, yo nada más les digo que la Universidad se dedica a educar, se dedica a buscar cómo ingresar recursos de manera extraordinaria, como lo es el mineral y que bueno estamos dispuestos si hubiera alguna autoridad que participa en este procedimiento de investigación a solicitarnos alguna información, lo haríamos con mucho gusto”, indicó.
De haber estado la actriz en la reserva, señaló, hubiera ido a pedirle un autógrafo.
Luego, en un discurso al inaugurar un taller de capacitación retransmitido por Radio UAS, Guerra Liera no mencionó al semanario Ríodoce, pero sí insistió que ese medio local debe comprobarlo o disculparse.
El Gobernador Mario López Valdez aseguró no tener conocimiento sobre la referida reunión en la Reserva Ecológica de la UAS: “No, no tengo conocimiento”, dijo, “la verdad es que al final de cuentas lo que importa es el gran trabajo que ha hecho la Secretaría de Marina, el Ejército y la Policía Federal para lograr el objetivo”.
 

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