Entre Chiapas y Guatemala libre tráfico de drogas, armas y migrantes

Tapachula, Chiapas.-Mientras el gobierno de México hace hasta lo imposible por evitar el tráfico de droga hacia Estados Unidos, las autoridades mexicanas no parecen tener la misma determinación para proteger su frontera sur, pues el tráfico ilegal de mercancías, personas y enervantes ocurre a plena luz del día.

Bastó un recorrido realizado por las riberas del río Suchiate, que separa a México de Guatemala, para observar el gran flujo de productos en ambas direcciones, siendo cruzado en balsas, y que según fuentes consultadas no sólo contiene alimentos y mercancía legal, sino también todo tipo de droga traficada de Centroamérica hacia México.

“Se mueve desde comida, cerveza, y herramientas, hasta indocumentados, armas, tabiques de droga que traen desde Panamá a México”, dijo un coyote que lleva indocumentados de Centroamérica hacia Estados Unidos, pero quien confesó también haber cruzado droga en un momento en su vida.

Otra de las fuentes consultadas que pidió no se revelara su identidad, aseguró que se trata principalmente de sinaloenses que laboran de manera independiente, y quienes llegan a mover entre 5 a 10 kilos de cocaína que traen desde Colombia y llevan hacia el norte, aunque los grandes cargamentos de droga los mueven por mar.


“Todos aquí saben que quienes controlan el mar y mueven cargamentos de hasta una tonelada (de cocaína) son los del Cártel de Sinaloa, y que los traficantes pequeños que meten de cinco a 10 tabiques de coca (por el río Suchiate) son de todas partes, pero también hay sinaloenses”, dijo uno de los informantes a los que Ríodoce tuvo acceso.

La información intentó ser cotejada con la Procuraduría General de la República (PGR), pero hasta el cierre de esta edición no habían dado respuesta del por qué era tan fácil cruzar la frontera sur; no obstante, un recorrido hecho por este semanario constató dos retenes en el trayecto de Tapachula a Tuxtla Gutiérrez, uno a 25 kilómetros después de pasar el municipio de Huehuetán, y otro más, que es el más grande, justo después de Huixtla, y que se conoce como el Centro de Atención Integral Fronterizo (CAIF).

Este último retén cuenta con scanner de rayos equis, y con agentes de migración, policía federal, aduanas y PGR, y habría sido instalado como parte del programa Frontera Sur, implementado por México, Estados Unidos y Guatemala en 2014 para detener el tráfico de indocumentados, armas y droga.

Sin embargo, según afirmó el “coyote”, esos retenes, aunque cuentan con la más alta tecnología, solo sirven “para negociar” con los oficiales, pues quien trafica con mercancía ilegal, lo único que debe hacer es “arreglarse con quien quiera que esté a cargo para poder pasar el cruce, o bien, si no quiere pagar, cruzar caminando por el monte”.

“Hablando por mí, yo llegó sin nada al retén; pregunto por el jefe, y le aviso lo que llevo: droga o indocumentados, y ahí le pregunto si se puede, o no se puede. Y es cuando uno se arregla con ellos; si es droga, el precio es uno, y si son indocumentados, el precio va de 100 o 200 dólares por indocumentado”, dijo el coyote, quien comentó tener más de 20 años llevando droga e indocumentados de Centroamérica a Estados Unidos.

Durante el recorrido hecho en un automóvil rentado, no hubo un momento en que fuera revisado el vehículo, y a pregunta expresa sobre los criterios utilizados para revisar o no un vehículo, un agente federal explicó que se basan en el perfil de la persona y en las características del auto, y si se tienen dudas, se pasa el vehículo por un scanner de rayos equis, que puede identificar droga, indocumentados o armas.

—¿Cuál es el cártel que controla esta zona?
La pregunta pareció incomodar un poco al agente, quien luego de mirar hacia los lados dijo con voz baja: Hay presencia aquí del Cártel de Jalisco, el Cártel del Golfo, los Zetas, pero el que más presencia tiene es el Cártel de Sinaloa. Y a veces hay encontronazos entre ellos, pero tienen acuerdos para mantener este cruce tranquilo.

La alza

La falta de seguridad que prevalece en la frontera sur ocurre en un contexto en donde el consumo de drogas en México ha aumentado un 47 por ciento en personas de entre 12 y 65 años, según reveló la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (2016-2017) realizada por la Secretaría de Salud.

De acuerdo a la encuesta, el índice de la población que consumió al menos una droga ilegal, pasó de 7.8 por ciento en 2011, a 10.3 por ciento en 2017, siendo la mariguana y cocaína los enervantes que más consume la población, aunque lo más preocupante es que entre los adolescentes el consumo de drogas ilegales aumentó un 125 por ciento.

La cocaína, que es la droga que más se trafica de Centroamérica a México, pasó a ser la droga más cara en México, según datos revelados por la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito, y tan sólo en Culiacán, un gramo de coca tiene un costo en el mercado negro de 350 pesos, muy por debajo aún de los mil 600 pesos que cuesta un gramo en Los Ángeles, según revelaron residentes del sur de California.

Y en palabras del “coyote”, el cruce de tabiques de cocaína hacia territorio mexicano es lo más común, pues “no existe un obstáculo que detenga a indocumentados, y mucho menos a una mula (traficante de droga)”.

“Usted lo está viendo con sus propios ojos, las balsas cruzan de todo, gente con maletas donde bien pueden venir 5 ó 10 kilos de cocaína, ¿y dónde ve usted autoridad? Y no crea usted que los gobiernos no saben que esto ocurre”, enfatizó el “coyote”.

Una vez en la comunidad fronteriza de Suchiate, la mula viaja 35 kilómetros al norte hasta llegar a Tapachula, sin ningún retén ni filtro que lo detenga, y de ahí la siguiente parada es Tuxtla Gutiérrez, donde el traficante sólo encontrará el retén del CAIF, y otro puesto de control militar entre Huehuetán y Huixtla, de ahí está libre para traficar droga o migrantes.

“El traficante tiene la opción de evitar los retenes por un camino alterno a la carretera a Tuxtla, por el camino de los Altos de Guadalupe, pero llevando kilos de coca es riesgoso, y el narco no arriesga, prefiere ir a la segura y pagar una garantía por carretera o transportar su mercancía por avioneta, a arriesgarse a que asalten al burrero por los caminos solos de Guadalupe”, indicó el “coyote”, quien hace algunos años traficaba droga para el cártel de Sinaloa, pero debido a una amenaza de muerte se “retiró”, y ahora trafica con indocumentados.

—¿Para quién traficaba cuando movía droga?
—Yo traficaba para una persona que trabajaba para el Cártel de Sinaloa —dijo someramente el “coyote”, reservándose el resto de la historia para él.

Matar o morir

Hasta hace una semana, Juan vivía en Choloma, una comunidad cerca del municipio de San Pedro Sula, en Honduras. Un día, un pistolero se le acercó y le propuso unirse a su célula de sicarios para ir a matar Maras.

“Yo le dije que me dispensara, pero que yo no era asesino”, explicó quien solicitó ser identificado por Juan, en lugar de utilizar su verdadero nombre.

Esa negación le habría de costar una amenaza determinante a Juan: tienes cinco horas para largarte, si no, te mueres hoy mismo.

Asustado el joven hondureño, corrió a su casa, tomó a su mujer, a su hijo de siete meses, y salió corriendo hacia la central. A su esposa la mandó a Tegucigalpa con unos familiares, y él se dirigió hacia Guatemala con la intención de cruzar a México para posteriormente huir a Estados Unidos, a Los Ángeles, con la esperanza de encontrar unos familiares a quienes no conoce, y quienes no le contestan el teléfono.

La situación de Juan es parecida a la de muchos otros hondureños que viven la guerra entre operadores del Cártel de Sinaloa, con las pandillas de los Maras, y con la M-18, que operan para el Cártel del Golfo, los Zetas y el Cártel de Jalisco en Centroamérica.

Artículo publicado el 20 de mayo de 2018 en la edición 799 del semanario Ríodoce.

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