El ‘Peje’ contra el sistema; abarrota en su gira por Sinaloa

 

Los electores se treparon en sillas, árboles y azoteas en su gira por Sinaloa

Desde antes de las 17:00 horas, la calle Vicente Guerrero entre Álvaro Obregón a Miguel Hidalgo en Los Mochis, ya estaba llena a reventar. A tal grado que no había sillas disponibles, y los presentes apartaban desde la rama de un árbol hasta la azotea más elevada de edificios cercanos.

Era un público variopinto. Desde niños hasta ancianos. De profesores, enfermeras, obreros, albañiles, mecánicos a estudiantes. De todo los sectores sociales, y políticos también. Había desde operadores conocidos del ex gobernador Mario López Valdez y de su segundo, Gerardo Vargas Landeros, hasta observadores del panismo y priismo local, sin faltar los eternos agentes de la Dirección General de Gobierno.

Los jardines oriente de la plazuela 27 de Septiembre fueron tapizados de personas paradas.
Los organizadores abrieron una valla metálica de unos 50 pasos de longitud desde el callejón Agustín Melgar hasta la esquina de Vicente Guerrero y Álvaro Obregón. En el templete, dos desafinados moderadores pretendían encender a los asistentes con la frase: Es un honor estar con Obrador, pero nadie se desgañitaba.

La mayoría volteaba hacia el callejón, por donde debería de aparecer el candidato del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Pocos, muy pocos pusieron atención a la presentación de los desconocidos candidatos a la alcaldía de Ahome y a las diputaciones locales. Sólo voltearon cuando se voceó a Rubén Rocha Moya y a Imelda Castro, la dupla aspirante al Senado por Sinaloa.

Pasados apenas 10 minutos de la hora pactada, Andrés Manuel López Obrador apareció. Y la salva de aplausos tronó. El candidato fue recibido como se le da la bienvenida a un viejo conocido: palmadas en la espalda, apretones de manos, abrazos, cantos, vivas.

Los candidatos lanzan sus peroratas, pero a nadie le importa lo que dicen.

Y entonces aparece el candidato. Y el público le responde con aplausos y gritos. “Eres la esperanza de México”. Y él les contesta: “ustedes son el alma de este movimiento”.

Y les dice: es una campaña para reafirmar compromisos del cambio, de la transformación; tengan confianza, no voy a fallarles, no voy a traicionar la confianza del pueblo: no mentiré, no robaré y no traicionaré.


Y entra al tema. La encuesta: estamos 22 puntos arriba, tenemos una buena ventaja, pero, dos cosas; una, no debemos perder el piso, no levitar, no sentirnos ya importantes ni poderosos, y dos, enfrentamos a una mafia de poder, son muy mañosos, no quieren dejar de robar, no tienen llenadera, y van a intensificar la guerra sucia para asustar a la gente o comprar las lealtades, conciencias, votos, va empezar la repartidera de dinero, entrega de despensas, frijol con gorgojo, láminas de zinc, láminas de cartón, pollos, patos, chivos, borregos, puercos, cochinos, cerdos, marranos. Eso es lo que son, corruptos. Defender el voto masivo en favor de los candidatos de la alianza “Juntos Haremos Historia”. Es una elección de la transformación de la república, sin violencia, pacífica.

Gritos, más gritos de los electores se hacen escuchar cuando habla que va erradicar la corrupción del régimen actual. Que no va hacer más de lo mismo, ni la misma alternancia, no será la misma gata revolcada. Que será la honestidad el distintivo de la transformación. Más aplausos, más gritos.

López Obrador ofrece: desterrar la corrupción, no aumentar impuestos en términos reales, sin gasolinazos, no aumentar la deuda pública, becas de capacitación para desempleados, precios de garantías a cosechas, producción de alimentos, empleos, mejores salarios, congelar los precios de productos y servicios con ajustes inflacionarios, construir dos refinerías, cortar el copete de privilegios al gobierno mantenido y bueno para nada, acabar con los moches y el “maiceo” a diputados, senadores y a funcionarios para acatar las órdenes de la mafia del poder.

Y continuó ofertando. Venderá el avión de Peña Nieto de 7 mil 500 millones de pesos a Donald Trump porque es presumido y “tira aceite, y toda la flotilla de jets y helicópteros porque los utilizan para ir a jugar golf”; y eliminará las pensiones de 5 millones de pesos a ex presidentes; eliminará los servicios médicos para altos funcionarios que deberán acudir a consultas al Seguro Social, al Issste o al Seguro Popular. Más aplausos, muchos más.

Andrés Manuel está por retirarse, y pide un voto en bloque para los candidatos de Morena, pues ahora, dice, pretenden amarrarlo desde el Congreso.

Se despide y la gente lo arropa. Él se deja querer, saluda de mano. Se baja del templete. Rebasa a su equipo de seguridad que pelea con reporteros locales, porque a los fuereños los protege.

López Obrador besa a niños, a mujeres, saluda a los hombres, y como puede se monta en su camioneta, pero la gente le impide salir, quieren tocarlo, tomarse una selfie.

A como puede, avanza, a vuelta de rueda. La gente lo sigue. No lo suelta. Le aplaude. Le grita: “¡Obrador, Obrador, Obrador!”

Artículo publicado el 22 de abril de 2018 en la edición 795 del semanario Ríodoce.

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