La despedida de las campañas

Los candidatos están en la etapa de los cierres de campaña, que en algunos casos es la despedida, porque no volverán nunca más a los sitios que acudieron una vez que resulten derrotados. Quizás no vuelvan ni ganando, así son las campañas. Por diferencia de días, José Antonio Meade, el aspirante presidencial del PRI y Andrés Manuel López Obrador, el de Morena, estarán en su cierre de campaña en Sinaloa.

Meade fue el candidato presidencial que en más ocasiones estuvo en Sinaloa, pero esta vez llega sin lograr la catapulta final que esperaba para el cierre de su recorrido. No la logró en el último debate presidencial, ni con las variantes y promesas que imprimió a su discurso a unas semanas del final. Sobresale una: inglés en primarias. La misma que en el año 2000, con el candidato Francisco Labastida por el PRI, sería el impulso para alcanzar y rebasar a Vicente Fox. No fue así. Una promesa vieja que no prende.

AMLO, por su parte, llega a Sinaloa nadando de muertito. Con un marcador tan alto a favor, lo único que hace es no equivocarse, no cometer errores. Ningún desliz. No recurre ni a las promesas de campaña. Sin embargo, de López Obrador están colgándose todos los otros candidatos. Senadores, alcaldes, diputados locales y federales, están apostándole únicamente a que AMLO los arrastre como si tuviera el poder de un tractor monumental.

Los candidatos de Morena, en su mayoría, son desconocidos en lo que se refiere a su trayectoria, aunque en esta elección, eso juega más a favor que en contra. No tienen recursos económicos suficientes, se les nota. Y sin dinero no hay campaña que se mueva. A pesar de todo eso, los candidatos de los partidos dizque grandes y fuertes les temen.

El temor no es a las propuestas ni al carisma, al arrastre o la fuerza de los seguidores, el temor es al arrastre de López Obrador, que alcance para jalar a los candidatos a otros puestos. Las encuestas para las elecciones diferentes a la presidencia dan evidencia de la situación, pero hasta ahora nadie puede cuantificar con exactitud de qué tamaño será.

Por eso, no es fortuito que ahora el discurso de algunos opinadores y grupos políticos se desvíe al equilibrio de poderes. El argumento es no darle todo el poder a una sola fuerza, y el llamado a que el ciudadano divida el voto. De lo perdido lo ganado.

Llegados a este punto hay dos posiciones extremas. Una, justamente que defiende ese equilibrio de poderes, apelando a la necesidad democrática de la negociación; y la otra, donde un eventual gobierno de izquierda y en una segunda transición, requiere de mayoría en el Congreso para no convertirse en rehén de las fuerzas opositoras al Ejecutivo.

Margen de error
(El proyecto) López Obrador ya no hace campaña para su cargo, va solo con la viada, está enfocado en el poder legislativo. En sus spots pide que voten por ellos, dando por descontado que ya tiene asegurado el suyo. Es posible que ni en los mejores escenarios que se plantearon para la campaña de AMLO se pensara en una situación como esta, cuando todavía faltan dos semanas para la votación.

Más allá de que Morena alcance o no la mayoría de una de las cámaras, o las dos, el equilibrio de poderes no es únicamente la repartición entre Ejecutivo y Legislativo. Están los organismos autónomos —INAI, Banco de México, CNDH— que forman parte también de este contrapeso de poder y que hasta ahora ni se mencionan.

Mal hace López Obrador en enfocarse demasiado en el poder legislativo y en controlar una eventual mayoría de su partido. Si algo requiere este país es justamente abandonar esas fórmulas del pasado, donde el Presidente era el hombre todopoderoso.

Primera cita
(Despedida) Después de la derrota del 2000 el PRI se refugió en el poder Legislativo y en las gubernaturas, los doce años que se ausentó de Los Pinos. Pero después de esta elección de 2018 tendrá que reinventarse, porque quedará mermado en ambos espacios. Sus gubernaturas no llegan ni a la mitad que tenía en el 2000, y no tendrá el control completo de ninguna de las dos cámaras.

El PAN, mientras tanto, tiene un reto todavía mayor: recomponerse en su interior y perdonarse los fuertes agravios. No basta con que Margarita Zavala les insinúe a sus seguidores que deben votar por Ricardo Anaya, ni que Vicente Fox lo reciba en el aeropuerto.

Del PRD poco quedará después de la elección, ellos sí estarán al borde de la extinción. El partido que logró aglutinar a la izquierda de México está sin identidad, sin liderazgos y con minúsculos espacios de poder, una vez que pierdan la Ciudad de México.

Deatrasalante
(Quítale el freno) En la elección intermedia de 2003, el PAN manejó el slogan Quítale el freno al cambio. Vicente Fox pretendía arrebatarle al PRI la mayoría y emprender las reformas que en el Congreso se atoraban. No lo logró, y su sexenio del cambio se fue frenado los otros tres años.

Fox llegó a la mitad de su mandato con un desgaste que lo descalificaba para impulsar al PAN a una mayoría en la Cámara de diputados. El candidato que logró terminar la larga estadía del PRI en la presidencia, nunca aprendió a dejar de ser candidato y volverse presidente. (PUNTO)

Columna publicada el 17 de junio de 2018 en la edición 803 del semanario Ríodoce.

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