El mundo de la memoria

Aquel 15 de mayo de 2017, al mediodía, Javier Valdez llegó a una cita que no había hecho. Uno de esos encuentros que lo interrumpen todo. Hay semanas que acaban en lunes. Javier iba tras un pollo asado con un hambre atroz. Hambre del pollo, hambre de historias por contar, de revelaciones pendientes, hambre periodística de esas que hacen olvidar el hambre.

A Javier lo asesinaron. Hombres y mujeres acostumbrados a la sorpresa de lo inesperado, terminamos sorprendidos. Una mezcla de espanto e incredulidad ante lo que no es posible pensar por imposible. La muerte de Javier fue un repicar de teléfonos, imposible responderles a todos que era verdad lo que queríamos que fuera mentira. Una fake news, una broma negra. Un deseo desde el odio.

Javier Valdez estaba entre los contactos de muchísimos, en el desespero marcaron su número con la esperanza de una respuesta con su voz. El teléfono siguió encendido unos minutos después de que le habían apagado la vida. Sonaba. Y sonaba.

En México asesinaron a 72 personas ese día, 15 de mayo. 29 mil 158 en 2017. La dimensión del número parece no tener confines: Cada año asesinan a la totalidad de asistentes a un estadio de futbol; a un pueblo entero. Los crímenes dejaron de aparecer en portada de periódicos, a veces ni siquiera se incluyen en interiores, como si nadie fuera asesinado, pero igual las siete decenas se alcanzan.

Javier Valdez Cárdenas vivió y murió en el infierno. Y el infierno no es el infierno porque haga mucho calor, que lo hace a niveles insoportables e inhumanos en Culiacán. No, lo es porque ni siquiera él encontró una palabra mejor para definirlo, una que logre acercarse a tanta barbarie, al miedo que crece hasta volverse terror, a esa oscuridad habitada por demonios.

Pero aun en ese infierno en el que Javier Valdez más que reportear las historias las aprehendía —con hache, las atrapaba—, aun ahí encontraba una luz en las cavernas.

Construía con palabras la esperanza que lograba desenterrar entre los escombros, rescatarla del derrumbe. Se encargó muchos años de rescatar del silencio muchas de esas miles de historias que la inmensidad había borrado. Sus últimos tiempos los dedicó a una tarea cada vez más grande. Inabarcable.

Cuando cayó la tarde de aquel día 15 de mayo de 2017, desde sitios distantes y cercanos empezó a tejerse una red. Uno y otra se fueron sumando. Hombres y mujeres que no alcanzan a ser una multitud, pero sí suficientes para continuar ese relato interrumpido.

Se han unido con sus diferencias con un objetivo desmesurado: mantener a Javier Valdez en el mundo de la memoria.

Margen de error

(Trazos) Incapaz de dibujar siquiera una flor, Javier Valdez buscó siempre acercarse a los artistas de la imagen. Muchos de quienes han venido acompañando las actividades de exigencia de justicia por el asesinato, lo han hecho justamente con cartones, trazos y dibujos.

Algunos reinventan las fotografías existentes y las replican en carteles. Otros lo han llevado a las paredes de las calles, con frases que parecen creadas exclusivamente para estar ahí.

Todos, moneros, fotógrafos y pintores, estarán en una sola exposición como parte de las actividades del aniversario luctuoso de Javier Valdez: Malayerba nunca muere. Estarán quienes capturaron las movilizaciones durante un año entero, y también quienes convirtieron el sombrero o la mano con el dedo medio en alto en una protesta.

Primera cita

(El fondo) La investigación ministerial del asesinato de Javier Valdez aun está lejos de culminar. Un año después, lo que se tiene es la detención de un imputado, Heriberto N, una teoría del caso expuesta ante el juez, pero aun muchos cabos sueltos para llegar a la explicación completa de lo ocurrido. Faltan las piezas fundamentales, en especial el señalamiento de la autoridad al o los autores intelectuales.

En un país donde la impunidad prevalece en casi la totalidad de los delitos, con procesos judiciales largos cuando alcanzan a llegar ante un juez los asuntos, podría decirse que apenas se está en un primer escalón de una larga escalera.

El acompañamiento de muchos a esta exigencia requiere todavía de paciencia.

Las víctimas en México han tenido que olvidarse del dolor para aferrarse a una persistente exigencia a las autoridades para que el caso no se estanque. Con Javier Valdez no es la excepción. Ningún asunto es más importante que otro. Nadie mantiene más relevancia que otro (PUNTO)

Columna publicada el 13 de mayo de 2018 en la edición 798 del semanario Ríodoce.

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