Los problemas de flora intestinal, herencia del embarazo

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Se estima que en el mundo hay mil millones de personas obesas. Las tasas combinadas de sobrepeso y obesidad en los países que lideran este rubro superan el 70 por ciento de prevalencia en adultos, es decir, siete de cada 10 adultos tienen problemas de sobrepeso u obesidad.

Es por lo que la Organización Mundial de la Salud considera a la obesidad una nueva pandemia.

La obesidad es un trastorno metabólico multifactorial que se asocia con resistencia a la insulina, hiperglucemia, hiperlipidemia e hipertensión, y está estrechamente relacionado con las afecciones humanas más comunes, como diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer.

En pocas palabras, la obesidad puede interpretarse como una desviación anormal del estado estable de energía normal, que se decanta en el desarrollo excesivo de tejido adiposo (grasa corporal). El tejido graso participa activamente en la inflamación generalizada y la inmunidad al producir y liberar una variedad de factores proinflamatorios y antiinflamatorios.

En un cuerpo obeso, un exceso de tejido adiposo blanco libera mayores cantidades de citocinas inflamatorias, creando un estado proinflamatorio sistémico.

La obesidad se caracteriza por un aumento del nivel de algunas adipocinas que son moléculas que se encargan de regular algunos procesos metabólicos. La microbiota intestinal, parte fundamental en los procesos metabólicos de cada persona, también se ve afectada en un estado de obesidad.

Embarazos, obesidad y microbiota

Al menos dos tercios de las mujeres en edad fértil en los países líderes en obesidad tienen sobrepeso u obesidad, y casi la mitad de ellas sufren de un aumento excesivo de peso durante el embarazo.

La obesidad materna está relacionada con resultados desfavorables del embarazo, como diabetes gestacional, hipertensión gestacional, preeclampsia y cesárea involuntaria.

El aumento excesivo de peso materno es un factor predisponente para el desarrollo de alto peso al nacer y obesidad en la descendencia, además de otras consecuencias graves como parto prematuro, defectos congénitos, muerte perinatal y enfermedades metabólicas.

La hipótesis radica en que mejorar las condiciones de salud corporal en la maternidad y la alteración del microbioma intestinal puede mejorar las condiciones en las que se desarrolla el embarazo y la descendencia.

La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos que habitan en nuestro cuerpo, se trata de billones de microbios que viven en simbiosis, o lo que quiere decir, que se benefician mutuamente unos a otros.

Las funciones principales de la microbiota intestinal son: la digestión de ciertos alimentos; fabricación de vitaminas como K, y las del grupo B; eliminación de compuestos tóxicos; protección frente a patógenos; regulación del sistema inmunitario; y mantenimiento de la barrera intestinal.

Para que nuestra microbiota se encuentre sana y realice sus funciones correctamente, debe haber un equilibrio.

Al considerar las influencias externas sobre el microbioma intestinal, la dieta es uno de los factores más importantes que afectan la comunidad, la diversidad y la estructura microbiana, lo que afecta una variedad de respuestas metabólicas del huésped. Por ejemplo, las dietas ricas en grasas han alterado constantemente la composición y riqueza de la microbiota intestinal, según el estudio “El microbioma humano y la obesidad: más allá de las asociaciones”, publicado en 2017.

Disbiosis microbiana y sus efectos en el embarazo

La microbiota intestinal también es un amplio regulador de la energía corporal. La alteración de la microbiota, conocida como “disbiosis intestinal”, está muy ligada al desarrollo de obesidad.

La exposición de la microbiota intestinal a ciertas agresiones ambientales puede resultar en pérdida de energía, deterioro de la homeostasis y el eventual desarrollo de obesidad.

Un estudio publicado apenas en diciembre pasado en la revista Nature evaluó la relación entre la disbiosis intestinal y el embarazo, para determinar si esta afectaba directamente al neonato.

El estudio menciona que la placenta era un tejido estéril, pero cada vez más investigaciones demuestran que hay microbiota en la placenta, el líquido amniótico y la sangre del cordón umbilical. Esto indica que la microbiota de la descendencia puede adquirirse del microbioma de la madre que habita en el entorno intrauterino antes del nacimiento.

Existe evidencia de que la microbiota con problemas de disbiosis puede transmitirse directamente al bebé en la cavidad intrauterina, lo que podría contribuir a la herencia de un estado de disbiosis que afecte como obesidad transgeneracional. Los estudios han demostrado que la obesidad se puede heredar y que su desarrollo puede verse influido en el útero, señala la publicación.

Artículo publicado el 28 de enero de 2024 en la edición 1096 del semanario Ríodoce.

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