La ludopatía, la enfermedad soslayada

CASINOS POR DOQUIER. Permisos y omisiones.

En Sinaloa no se cuenta con una política pública para la detección y tratamiento de jugadores patológicos

Todas las noches el “vicio” obligaba a Claudia a llevar una máquina tragamonedas a su recámara para continuar el juego… un juego que siempre perdía.

A la distancia, Claudia recuerda ese pasaje que la convirtió en ludópata, un juego patológico que la mantuvo en vilo por varios meses.

“Yo tenía una tiendita… nos pusieron esas maquinitas, y de pronto te metes… Empecé a jugar para ver de qué se trataba, pero conforme vas jugando, como que te vas metiendo…” cuenta.

Un cubreboca oculta sus expresiones, pero sus ojos, no. En ellos se observa un desasosiego reciente.

“Llega un momento en que se vuelve como un duelo entre tú y la máquina, porque la máquina te saca el dinero, y tú necesitas recuperar lo que le estás metiendo… Se vuelve un momento como de molestia, de coraje…” dice.

Las ganancias de la tienda y de las maquinitas quedaban ahí mismo.

“Llegó el momento en que ya no tenía dinero en la tienda porque lo que entraba, era para echárselo a la máquina… Es algo muy desgastante”, comparte.

Su ludopatía era tal que se metió hasta su recámara.

“Cerraba la tienda y mis ganancias se las echaba a la maquinita”, comenta, “me llevaba, incluso, la maquinita hasta la recámara y allá me ponía a jugar. Y siempre perdía…”

Ahí tocó fondo.

“Como que alcancé a darme cuenta y pedí que se llevaran las máquinas. No las quería tener ahí. Fue así como fui estabilizándome… Todavía llego a la tienda y si traigo diez pesos, juego. Pero ya no como para echarle 500 ni mil, ni mil 500 pesos…”

Problemática minimizada

De acuerdo con la tesis “Factores de riesgo que inciden en el juego patológico: experiencia de jugadores patológicos en recuperación de la ciudad de Culiacán”, de Rubén Sánchez Ramos, esta patología ha sido minimizada por los gobiernos.

“El juego patológico es un problema de salud pública que ha generado un impacto negativo en la ciudad de Culiacán en los últimos años, por lo que se considera pertinente abordar este tipo de problemáticas que han minimizado a escasos estudios de carácter social”, se lee en el documento.

La ludopatía, según el estudio, se relaciona con las apuestas en juegos de azar, ya sean máquinas tragamonedas, bingos, casinos, loterías, cupones, cartas, ruletas, dados, dominós, peleas de gallos e internet.

“En Sinaloa no hay datos oficiales que expliquen el problema en la comunidad; hasta donde se ha indagado, no se han encontrado datos oficiales que permitan clasificar a las personas afectadas, si en su mayoría los afectados son hombres o mujeres y sus respectivas edades”, asienta la tesis.

Las únicas fuentes para argumentar los casos de ludopatía en Sinaloa, sobre todo en Culiacán, son las notas periodísticas que informan sobre la apertura de nuevos lugares de juegos de azar, se agrega en el documento.

El Ayuntamiento de Culiacán negó información solicitada sobre el número de permisos de usos de suelo de los casinos que operan en el municipio, así como si se tiene alguna política pública para la detección y tratamiento de esta patología.

Sin información estadística

Kenny Inzunza Leyva, director de Prevención y Promoción de la Salud, dependiente de la Secretaría de Salud en el estado, dice que se carece de un registro de este trastorno por lo difícil que es que un ludópata acepte su adicción y busque ayuda.

“No hay registro como tal porque es muy difícil que una persona con ludopatía acuda a un centro de salud. Principalmente estas personas niegan que tengan esta enfermedad. No aceptan que tienen esta adicción y no recurren al médico”, sostiene.

Y son los familiares los que detectan esta enfermedad en el jugador patológico cuando comienzan a presentarse problemas derivados de esta adicción al juego.

“No hay información”, reitera, “porque no acuden estos pacientes. No es fácil que ellos busquen ayuda. Es muy difícil tener esa estadística…”

Sadol Osorio Porras, regidor de Culiacán por el Partido Acción Nacional, critica que a la ludopatía no se le dé la debida importancia de una manera focalizada y segmentada.

“No se está trabajando. Se está tratando como si fuera otra adicción más. Su tratamiento debe ser focalizado y segmentado… Esa gente está perdiendo hasta su patrimonio”, enfatiza.

A los casinos de Culiacán están acudiendo hasta personas de la tercera edad y poniendo en riesgo sus pensiones en los juegos de azar, dice el edil.

“(Los casinos) están llenos de señoras, hasta de la tercera edad, incluso, jugando con lo del tema de las pensiones y jubilaciones. Es alarmante que se esté presentando (la ludopatía) y que las autoridades municipales y estatales no prendan el foco rojo y vean la manera de contrarrestar este problema”, subraya.

Omisión y aumento de la enfermedad

Rubén Sánchez Ramos en su tesis “Factores de riesgo que inciden en el juego patológico: experiencia de jugadores patológicos en recuperación de la ciudad de Culiacán”, indica que, de acuerdo a la información de los Centros de Integración Juvenil, el 25 por ciento de los pacientes que son atendidos son por esta causa, lo que genera “severos trastornos emocionales”.

Aun así, la Ley de Salud del Estado de Sinaloa, apunta el documento, no se refiere a la adicción al juego, nada más a los problemas de drogadicción y alcoholismo.

Artículo publicado el 22 de octubre de 2023 en la edición 1082 del semanario Ríodoce.

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