Cine: ‘A todas partes’

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Tras 15 años de ausencia, Fernando (Mauricio Ochmann) regresa a San Miguel de Allende para asistir al funeral de su padre (fotografía de Héctor Suárez, como homenaje póstumo), pero no llega a tiempo, lo cual, para su hermana Gabriela (Ana Serradilla) es la prueba del desinterés hacia la familia del exitoso banquero en Singapur. A pesar de eso, los hermanos acuerdan cumplir una vieja promesa, con ciertas condiciones: ir en moto hasta Acapulco. Si bien el viaje les ofrece la oportunidad de conocer lugares y personas, también propicia confrontar problemas, revelar secretos, sanar heridas emocionales y asumir responsabilidades.

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En la manufactura de sus películas, además de la insistencia en llevar a Ochmann en el rol principal, Pedro Pablo Ibarra se caracteriza por contar historias enmarcadas en la comedia (simplona) y/o el (melo) drama (telenovelero), de estructura sencilla y complaciente, situaciones absurdas, personajes estereotipados y lugares comunes, aspectos fundamentales para atraer a las masas y, por lo tanto, dinero. Para muestra están ¡Qué despadre! (2022), Ya veremos (2018), A la mala (2015), El que busca encuentra (2017), Amor a primera visa (2013), El cielo en tu mirada (2011).

Con A todas partes (México/2023), escrita por Adriana Pelusi, el realizador de Oscuro deseo (2020), Ingobernable (2017) y Capadocia (2008), series mejor logradas que sus filmes, sigue el mismo esquema y el resultado es el mismo: ausencia de originalidad, una trama repetitiva, aburrida, con actuaciones que no destacan y que solo se basan un discurso sin contenido, de exageraciones, “malas” palabras y frases típicas que buscan captar la atención (sin lograrlo), y en escenas, gags o situaciones demasiado absurdas e inverosímiles: besar una cabra; evadir el pago de una apuesta; levantar el dedo medio; improvisar unos zapatos y un baile de tap; pedir identificación y foto a tus raiteros, por seguridad; sexo tántrico; consumo de hongos alucinógenos.

El recurrir a los cameos de actores destacados (en otras producciones) tampoco es suficiente para sacar una sonrisa ni entretener: Norma Angélica, empleado “truquitos” para “sentir” a un tren a kilómetros; Roberto Sosa, recordando un pasaje bíblico que sugiere la humildad ante una ofensa; Ana Claudia Talancón, cumpliendo un rol de madre responsable y dedicada a sus hijos; Irán Castillo, tratando de defender a sus hijos de su incomprensible y estricto padre; Ricardo O’Farrill, regañando a sus hijos por detener un viaje, para entrar al baño; Dagoberto Gama y Ricardo Polanco, implementando la
ley “correcta” e “incorruptiblemente”; Regina Pavón, Fernando Cuautle y Orlando Moguel, formando una comunidad hippie; y Fermín Martínez, intentando ganar una apuesta en un juego de ping pong.

Lo mismo sucede con las participaciones (innecesarias) de los primos Tania (Diana Bovio) y Lalo (David Chocarro), como opción (frustrada) de los viajantes para salir de su “ayuno sexual”: dos “recatados”, “vanguardistas”, incongruentes y ridículos, que, si se sacan de la historia no pasa nada. O bien, la trillada manera en la que Fernando se convierte en padre, evade esa responsabilidad y busca acercarse a su hijo (Juan Pablo Fuentes Acevedo) y a su expareja (Adriana Louvier). En definitiva, una de las peores opciones de Netflix, así esté entre las 10 más vistas o “mejores”. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 26 de febrero de 2023 en la edición 1048 del semanario Ríodoce.

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