Rafael Méndez, prisionero del sistema

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El sinaloense narra en un libro los 13 años en que estuvo preso por un crimen que no cometió

Fueron muchos momentos perdidos, resume Rafael. Uno aprende a valorar lo que tiene aquí afuera: la familia, el trabajo, bienestar y aprende uno a valorar. Después de 13 años en encierro por un crimen que no cometió, recupera su libertad y parte de su compromiso consigo mismo es el publicar un libro, el cual tituló Prisionero del Sistema.

Rafael Méndez Valenzuela estuvo detenido. Fue sometido a proceso 13 años, y durante ese tiempo sufrió diversas violaciones a sus derechos humanos. Tortura psicológica y física fueron el común denominador, según explica.

“Narro todo lo sucedido en el transcurso que paso, todos esos años en prisión, eventos deportivos, sentimientos tanto malos y buenos, es una mezcla de sentimientos que a veces no sabe uno cómo reaccionarlos”, explica.

Tiene apenas 36 años, de los cuales pasó de los 20 a los 34 en prisión. Primero en el Altiplano y luego en Guasave. Fue acusado y desde el inicio tratado como un criminal.

El caso cobró relevancia debido a que a inicios de diciembre de 2020, luego que el presidente Andrés Manuel López Obrador anunciara en su conferencia mañanera que estudiaba la posibilidad de indultarlo debido a las repetidas y sistemáticas violaciones a derechos humanos dadas dentro del proceso penal que se le seguía.

Fue expuesto por su madre, la periodista Judith Valenzuela, quien acudió a la conferencia para pedir la libertad de su hijo.

“La verdad es que hubo mucho apoyo, los medios apoyaron. Ya después de eso hubo mucha simpatía con los medios y el tratamiento que le dieron y más que yo decía que a las pruebas me remito y aquí estamos”, explicó la periodista.

Rafael acota otra vez. Hace hincapié en las fechas.

“Fue el 11 de diciembre de 2020, del 22 de enero de 2008 al 11 de diciembre de 2020 y debí salir libre en 2018”.

Su detención y posterior encarcelamiento tuvo como ingredientes una serie de anomalías, desde una detención arbitraria a la ausencia de una metodología para la cadena de custodia. Pasó de ser golpeado por municipales a encarcelado por agentes federales.

En el proceso hubo tortura, arraigo, violación al principio de presunción de inocencia y con ello una denegación de acceso a la justicia y a prisión preventiva oficiosa. En resumen, fue tratado como culpable desde el día uno.

Del arresto al libro

Rafael iba llegando a la CdMx con rumbo de EU cuando unos municipales lo detienen junto a sus acompañantes en una carretera, bajo el argumento de una supuesta revisión de rutina.

Viene el cacheo, la espera y más policías. Los interrogan porque el vehículo tenía reporte de robo. El chofer desaparece y Rafael es detenido junto con sus acompañantes.

Ahí comenzó la tortura, los policías buscaban gente armada pero los detuvieron a ellos, agentes de diversas corporaciones desde la extinta Agencia Federal de Investigación a la Policía Federal Preventiva y el Ejército Mexicano.

Finalmente les siembran unas armas y comienza el proceso legal y con ello más tortura.

Esa fue la motivación para que el libro viera la luz.

“Que se difunda esto en gobierno, que vean más las leyes, más atención en los tribunales para que realicen mejor su trabajo porque es muy ineficiente el trabajo que están realizando ahorita, no se fijan, no toman en cuenta las pruebas de uno porque hay muchos inculpados, gente indígena que no sabe ni hablar español que presuntamente pertenecen a un cártel, gente que cayeron en el tiempo del presidente Calderón y pues la verdad una tristeza del sistema judicial”, explica.

La voz de miles

“Rafael es uno de miles, muchísimos se podría decir ex compañeros que están ahí por años y los procesos siguen alargándose”, explica el autor.

“Siguen difiriéndose con diligencias, son muy tardados en contestar una petición, si no hay una persona que te ayude acá afuera la verdad uno se pierde allá adentro porque no hay avance”, añade.

En México, según el Censo Nacional de Sistema Penitenciario Federal (CNSPEF) 2020, al cierre de 2019, la población privada de la libertad en el país fue de 17 mil 271 personas, del cual más del 95 por ciento eran hombres y el 4.8 por ciento mujeres.

Un año más tarde Rafael deja esa estadística a la que ingresó debido a las repetidas fallas del sistema judicial y penitenciario en México.

Y adentro, en prisión, Rafael explica que el tiempo es distinto.

“Traté de sobrellevar el tiempo dedicándome a la pintura en óleo, me mantenía leyendo, escribiendo, enfocándome en lo positivo”, dice.

“Fue un poco duro porque sí es mucha restricción, muchas reglas, de que no levantes la cara, barbilla al pecho, manos atrás y cuando no obedecías ya te ponían cadenas en manos y pies y así anduvimos, es tratar de llevar las reglas”.

Con respecto al libro señala que nunca pensó en escribirlo.

“No pensé en realizar un libro de esto, yo empecé porque era como un diario mío, ahí yo me desahogaba, o sea, la presión la plasmaba, era como diciendo ‘a quién le cuento si no hay nadie en la celda’ y ahí lo escribo, ahí me suelto. Fui sacando las libretas por oficialía de partes porque no podemos tener muchos papeles ahí y ya las empezó a leer mi mamá y ella les empezó a dar forma, digamos que ella fue mi editora y ahí se fue armando el libro”, explica Rafael.

Su madre, al ser periodista conoce el oficio y con su ayuda comenzó a dar forma un problema en las prisiones mexicanas y sobre todo en el sistema judicial.

Ahora Rafael trata de seguir adelante. Mira el pasado y razona, explica que si el presidente no lo ordena, seguiría preso.

Artículo publicado el 21 de agosto de 2022 en la edición 1021 del semanario Ríodoce.

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