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Cine: ‘Ricos y malcriados’

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Con el estreno de Ricos y malcriados (Pourris gâtés/Francia/2021) en Netflix, es inevitable pensar en una de las propiedades de toda obra de arte: la universalidad, y es que la cinta dirigida por Nicolas Cuche es una más de las versiones de Nosotros los Nobles (2013), dirigida por Gary Alazraki y considerada una de las más taquilleras en México, de la que existen producciones en Italia (Belli di papá/2015/Guido Chiesa) y Colombia (Malcriados/2016/Felipe Martínez Amador), se esperan más de China, India, Brasil, España y Estados Unidos, además de que inspiró a Club de Cuervos, la primera serie latinoamericana de esa misma plataforma.

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¿Cuál es la necesidad de rehacer una película? ¿Para qué contar la misma historia cambiando solamente a los actores y el contexto geográfico? Los productores responderán que la razón es para que los espectadores conecten de mejor manera con el mensaje, al ver a intérpretes y lugares que les son conocidos, pero la realidad no puede ser otra más que la recaudación de dinero, aspecto ligado a las películas, al que algunos realizadores le dan más importancia.

El origen de la historia en la que un padre viudo y millonario se ve en la necesidad de decir a sus desobligados hijos que la familia está en bancarrota debido a un fraude, por lo que deben huir, dejar de despilfarrar su fortuna y ponerse a trabajar, no está en la cinta protagonizada por Gonzalo Vega, Luis Gerardo Méndez, Karla Souza y Juan Pablo Gil. La idea viene de la obra de teatro El gran calavera, de Adolfo Torrado, de la que Luis Alcoriza hizo el guion de la primera adaptación para el cine, que dirigió Luis Buñuel en 1949, y que interpretaron Fernando Soler, Rosario Granados y Gustavo Rojo.

Sin embargo, lo que en verdad es una obra de arte no necesita explicarse ni llevarse al público de manera entendible. De no ser así, Psicosis (1960), La naranja mecánica (1971), El acorazado Potemkin (1925), El Padrino (1972), Taxi Driver (1976), Ladrón de bicicletas (1948), La Dolce Vita (1960), Luces de la ciudad (1931), Pulp Fiction (1994), El silencio de los inocentes (1991), El resplandor (1980), Lo que el viento se llevó (1939), El exorcista (1973) y muchas otras, no hubieran cautivado a millones a nivel mundial. Desde luego que Ricos y Malcriados, con su estructura narrativa complaciente, sus situaciones y personajes estereotipados, inverosímiles y sobreactuados, está muy lejos de esos alcances.

Tanto el filme francés protagonizado por Gérard Jugnot, Camille Lou, Victor Artus Solaro y Louka Meliava, como la versión italiana y colombiana, son exactamente iguales a la mexicana (incluso sus cortos promocionales), salvo los actores y el lugar donde están ubicadas, pero ¿para qué? ¿Por qué no cambiar, innovar, crear, adaptar, realmente, y no solo copiar?

Eso de rehacer películas con fines (solo) monetarios no es nuevo ni propio del argumento de El gran calavera, simplemente hay que pensar en otro fenómeno similar reciente, que inició en Italia como Perfetti sconosciuti (2016) y tuvo sus calcas en Francia, España, Grecia, Corea del Sur, Hungría, Turquía y, por supuesto, en México: Perfectos desconocidos (2018), a cargo de Manolo Caro, con Cecilia Suárez al frente, su actriz preferida. Véalas… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 28 de noviembre de 2021 en la edición 983 del semanario Ríodoce.

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