abril 19, 2021 2:27 AM

En busca del poder, Rocha desdeña a la izquierda

ROCHA Y SU EQUIPO. De chile dulce y manteca.

Primero fue Héctor Melesio Cuen Ojeda, fundador del Partido Sinaloense, luego Gerardo Vargas Landeros, cuya peor carta de presentación es haber sido el número dos del gobierno malovista, y ahora Alejandro Higuera Osuna, panista de cepa, diputado local y tres veces alcalde de Mazatlán por su partido, al que ha nombrado coordinador general de su campaña por la gubernatura.
Recuerdo cuando se sumó a la campaña de Jesús Aguilar Padilla en 2004. Lo hizo con sigilo pero en medio del pasmo de la izquierda en la que había militado toda su vida. Fue una decisión sorprendente —y para muchos de sus seguidores dolorosa— tomando en cuenta que había sido dos veces candidato a gobernador por la izquierda: la primera en 1986, representando al Movimiento Popular Sinaloense —ya había sido diputado local en la LII Legislatura, por el desaparecido Partido Socialista Unificado de México—, y la segunda en 1998 por el PRD, siendo Andrés López Obrador dirigente nacional el partido. Nunca se afilió al PRI pero siguió laborando para administraciones priistas; lo hizo como subdirector de capacitación y servicios educativos del ISSSTE en la administración de Enrique Peña Nieto y más tarde como coordinador de asesores del gobernador Quirino Ordaz Coppel, cargo que ya había ocupado con Aguilar Padilla. Luego se incorporaría a la campaña de AMLO y llegaría al Senado de la República por Morena.

No es fácil entender su trayectoria y explicarla menos. Lo cierto es que aquello que él mismo llamó “inflexión” al irse con Jesús Aguilar —se lo dijo a Ríodoce en una entrevista—, se convirtió en un modo de vida hasta 2017, cuando se convierte en el coordinador estatal de Morena, es decir, durante 13 años. Este paso significó su regreso a la izquierda, lo que muchos de sus seguidores vieron con simpatía y esperanza. Líder estudiantil en su juventud, normalista y universitario, fue rector de la UAS (1993-1997), lo que le permitió ampliar sus bases de apoyo, condición que lo llevaría a contender en 1998 para gobernador, logrando casi un 20 por ciento de los votos.

Pero cuesta trabajo no aceptar que Rocha sea un hombre de izquierda a pesar de su paso por administraciones priistas. El problema ahora es que, a esa parte de su trayectoria, el candidato de Morena a la gubernatura ha estado sumando actitudes y decisiones excesivamente pragmáticas que lo alejan de ese perfil, sobre todo a vistas de sus seguidores más leales, aquellos que lo siguieron considerando un activo de esa ideología a pesar de sus vaivenes.

No por ello ha perdido apoyo. Al menos eso se percibe en las encuestas disponibles hasta ahora. Pero el problema aquí deja de ser el “ahora” y se convierte en el “después qué”, hacia dónde va el proyecto original montado desde hace ya cuatro años —cuando se retomaron las banderas de la izquierda—, en los derroteros de Morena pero específicamente en las de AMLO, que no necesariamente, lo ha dicho el mismo presidente en muchos círculos, marchan en el mismo sentido.

Antes de lograr la candidatura, Rocha ya había hecho compromisos con Melesio Cuen y por eso defendió a capa y espada la coalición con el PAS. Fue él quien se impuso a la dirección de Morena y no al revés. Puede decirse lo contrario en el caso de Gerardo Vargas, lo más pútrido del malovismo, pero eso no lo salva de los cuestionamientos ante la pérdida de identidad de un proyecto que se percibía ligado a las causas más nobles y urgentes de sectores que históricamente han sido tratados con desprecio por políticos y gobernantes. Ni Melesio Cuen ni Gerardo Vargas ni Alejandro Higuera representan a esos sectores. Y súmele usted al Químico Benítez, un hombre enajenado con el poder, que un día condena a Cuen y al otro día dice que trae también la piel del PAS. Ah, y también que si está otros tres años en la alcaldía, convertirá a Mazatlán en la Dubái de México, una idea que le han vendido los hermanos Arellano Hernández con diseños de computadora, los mismos que están siendo investigados por presunto lavado de dinero. Amigos también de Alejandro Higuera, por cierto. Muy amigos.

Bola y cadena
NO SE PUEDE PENSAR —e ingenuo sería quien lo hiciera— que Rocha, si llega a la gubernatura, hará cambiar las ambiciones de quienes ahora le acompañan en el trayecto. Y no comparto la idea que ahora enarbolan los más radicales de la vieja izquierda, de que lo importante es llegar, no importa cómo ni con quién. No se trata de excluir por excluir, claro, pero sí de diferenciar quién sí y quién no.

Sentido contrario
ESTA SEMANA INICIAN LAS CAMPAÑAS y la verdad, el tiempo no alcanzará para encender emociones. No ayudará el contexto de la pandemia ni el poco brillo de los contendientes. Se antojan planas y de trámite. A menos que alguien rompa el tedio.

Humo negro
EL VIERNES PASADO EL PRESIDENTE López Obrador despotricó contra la organización Artículo 19, cuando defendía a Sanjuana Martínez, directora de Notimex, de una condena que le hace el gobierno de los Estados Unidos por presuntamente violentar el derecho a la libertad de expresión, al afirmar que la funcionaria ordenó a periodistas eliminar o no publicar contenido sobre ciertas instituciones y funcionarios de gobierno. Más allá de si el reproche gringo es acertado o no, el presidente demostró que no conoce ni la labor ni la naturaleza de Artículo 19. Ni su soporte financiero ni sus logros. Lució extraviado, errático, empequeñecido. Qué tristeza y qué temor.

Columna publicada el 04 de abril de 2021 en la edición 949 del semanario Ríodoce.

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