abril 19, 2021 12:06 PM

Tripulación de cruceros turísticos en crisis por la pandemia

crucero

Las tripulaciones de los cruceros varados en altamar por la pandemia de COVID-19 han vivido una pesadilla desde mayo pues no pueden trabajar ni han podido ser repatriados, por lo que han optado por el suicidio.

La industria paró desde mediados de marzo, pero no recibió el mismo trato que los vacacionistas que fueron enviados a sus países en vuelos fletados. Sus integrantes permanecieron en alta mar durante meses, al grado de sentirse prisioneros.

En una publicación de Proceso, se describen casos de trabajadores que padecieron la nueva condición laboral a la que la pandemia los mantuvo.

El sábado 9 de mayo, cuando los compañeros del húngaro Jozsef Szaller, de 28 años, se percataron que llevaban días sin verlo por el Carnival Breeza, donde empezó a trabajar desde enero de 2020, lo fueron a buscar a su camarote, cuya puerta estaba trabada, pero la pudieron abrir un poco. Vieron el cuerpo tirado, se acercaron, le tocaron el hombro y lo sacudieron sin obtener respuesta.

Un hombre se brincó por la habitación contigua hacia el balcón de Szaller y dentro de la cabina encontraron el cuerpo desplomado del trabajador, con los brazos y el rostro color azul resultado de la asfixia. Se había ahorcado con un cinturón atado al cuello.

Su padre Vilmos fue avisado por la policía y cuando llamó al crucero solo le dijeron que habían encontrado a su hijo muerto en el barco. “Nos dijeron 15 veces que no se nos dice para nuestra protección”, relató el señor a la agencia Bloomberg. No le dieron respuestas claras, pero sugirieron que se había ahorcado.

Vilmos señaló que las comunicaciones con Carnival se interrumpieron poco después. A medida que los Szaller intentaban recuperar el cuerpo de su hijo, saber qué jurisdicción lo declararía legalmente fallecido, y demás trámites, se percataron que la compañía de cruceros tuvo un papel en la muerte de su hijo por la red de entidades internacionales diseñadas para reducir la obligación tributaria del crucero.

“Nos entristece el fallecimiento de nuestro miembro de la tripulación y extendemos nuestro más sentido pésame a su familia y seres queridos”, informó el director de Comunicaciones de Carnival Cruise Line, Chris Chiames, quien añadió que la seguridad y la salud de la tripulación fueron una prioridad en la repatriación.

El 21 de diciembre, los Szaller presentaron a Carnival una demanda de arbitraje, argumentando que la empresa obligó a su hijo a permanecer en su cabaña por periodos prolongados, no monitoreó rutinariamente su bienestar a pesar de los días de ausencia y no le brindó capacitación sobre cómo lidiar con los efectos mentales del aislamiento.

“Carnival hizo todo lo posible para que esta situación fuera lo más cómoda posible”, respondió Chiames. Añadió que la interacción del occiso con el personal médico no sugirió problemas de salud mental, pues de lo contrario, señaló que la empresa habría actuado de inmediato.

“Nada traerá de vuelta a mi hijo, pero puede que nos dé algo de paz. Si la compañía de cruceros hizo algo mal, no creo que lo sepamos nunca, porque es una entidad tan grande y hay una red financiera tan amplia detrás de ella. Simplemente nos ignoran”, aseguró Vilmos.

El 29 de abril, un ingeniero eléctrico de Polonia, en el Jewel of the Seas de Royal Carabbean desapareció mientras el barco estaba anclado en el Golfo Sarónico, al sur de Atenas. Las cámaras de seguridad lo captaron saltando al agua esa mañana, según las autoridades griegas.

Dos semanas después, el 10 de mayo, Evgenia Pankrushyna, murió tras saltar por la borda desde el Regal Princess de Carnival cerca de Rotterdam. Un contratista chino fue encontrado muerto en el Mariner of the Seas de Royal Caribbean, unos dijeron que fue suicidio, la empresa argumentó causas naturales. Luego, el cocinero filipino Kennex Bundaon fue encontrado muerto en su cabaña en el AIDAblu de Carnival. Cuatro días después, otro filipino murió en Scarlet Lady de Virgin Voyages, por aparente suicidio.

Ese mes hubo protestas en el interior del Majesty of the Seas, de Royal Caribbean. Centenares de manifestantes se reunieron en la cubierta y colgaron pancartas de inconformidad. Una de ellas decía: “¿Cuántos suicidios más necesitamos?”.

En junio se reportó que Mariah Jocson, una camarera filipina varada en el Harmony of the Seas de Royal Caribbean fue encontrada colgada sobre la baranda del balcón de su cabaña, mientras estaban varados en Barbados.

Los cruceros han dicho que no dan información sobre los muertos a bordo por respeto a la privacidad de la tripulación. También han asegurado que dieron a la tripulación una línea telefónica confidencial para llamar a un terapeuta y obtener apoyo psicológico, pero la tripulación no la usó por temor a perder sus empleos.

¿Qué pasa en los cruceros?
Después del estallido de la pandemia, los trabajadores tuvieron que poner sus vidas en suspenso cuando Carnival y Royal Caribbean se enfrentaron a las autoridades por cómo los regresarían a su casa a salvo. Porque una cosa era rescatar a un grupo de turistas estadunidenses de Florida o California que a trabajadores contratados desde India, Filipinas o Ucrania cuando el mundo cerraba sus fronteras por el COVID-19.

Por eso, sus estancias durante la pandemia han sido una pesadilla epidemiológica porque la tripulación que, separada de sus familias y confinada en pequeñas cabañas, sin un recurso legal y en ocasiones sin paga, ha sufrido una versión extrema de los encierros domésticos que en las ciudades han llevado a la depresión a sus habitantes.

Es una “pandemia dentro de la pandemia”, según el doctor del Centro Médico de la Universidad de Nebraska, David Cates, quien citó un informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades elaborado en agosto, donde mostró que el 11 por ciento de 5 mil 470 adultos encuestados en Estados Unidos había considerado “seriamente” el suicidio.

“Estar atrapado en un barco durante un periodo de tiempo indeterminado, en un espacio pequeño, eso realmente marca todas las casillas”, dijo Cates, quien trató a algunos pasajeros de cruceros rescatados en el Centro Nacional de Cuarentena del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades.

“Además de los aproximadamente 100 pasajeros y tripulantes que murieron por causas relacionadas con covid, ha habido al menos media docena de otras muertes entre los miembros de la tripulación que quedaron atrapados en el mar. La mayoría de ellos son presuntos suicidios”, agregó.

La restricción de no navegar expiró el 31 de octubre, pero antes de reanudarse los cruceros en aguas estadunidenses se les exigió viajes simulados con pasajeros voluntarios para probar sus nuevos protocolos que incluyen reglas de distanciamiento social y pruebas a bordo.

Aun con eso, un crucero de Royal Caribbean, a principios de diciembre se vio obligado a regresar de Singapur, pese a seguir los protocolos estrictos de sanidad, porque un viajero de 83 años dio positivo por COVID-19 durante el viaje de cuatro días.

Grupos defensores de trabajadores del mar presionan para mejorar las condiciones de cabina y más control sobre las horas de trabajo y duración de los contratos de los trabajadores e incluso piden psicólogos a bordo entre el personal directo, en lugar de tener que llamar a una línea directa.

La directora de operaciones de cruceros del Sindicato de Marinos de Noruega, con sede en Oslo, Lena Dyring, indicó que una de sus preocupaciones mayores es que los trabajadores de los barcos puedan volver a quedar atrapados en el mar si se repiten los brotes de COVID-19 porque hay un convenio sobre el trabajo marítimo, ratificado por 97 países y que ha sido ignorado descaradamente durante la pandemia.

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