julio 6, 2020 9:53 AM

‘Chuytoño’, un instrumento

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Imposible que pasara inadvertido. Jesús Antonio Aguilar Íñiguez estaba para llamar la atención. Su figura física, rechoncho y chaparro; su voz aguda, con una muletilla insistente; una manía de hablar siempre con chistes, mantenía riéndose a todos a su alrededor. Algunos eran sobre él mismo.

Lea: Muere por Covid-19 ‘Chuytoño’ Aguilar Íñiguez https://bit.ly/2Zi9XiD

Contaba que estaba en un interrogatorio, presionaba al detenido para que se perdiera en la línea del tiempo de su coartada. Qué hiciste ayer, antier, y dos días antes, preguntaba. Le pedía que le contara todo al revés, de atrás adelante y vuelta a empezar. No lograba que se tropezara o cambiara su versión. El jefe seguía con sus preguntas, más rápido. Llegado a un punto el detenido nota que quien se pierde en los tiempos es él, y le dice: “Chuytoño, eso es mañana”. Sorprendido, le preguntaba finalmente: ¿Cómo supiste que era yo?, como si a pesar del pasamontañas para el interrogatorio alguien no lo pudiera reconocer.

Aguilar Íñiguez ejerció gran poder en dos periodos largos en Sinaloa. De 1999 a 2004 y de 2011 a 2016. Antes de eso, era un policía intermedio, sin las conexiones para alcanzar a ser el gran jefe. Él repetía muchas veces, con una humildad real o falsa: “No soy más que un cuico”, una palabra despectiva para llamar a un policía o para igualarse a cualquier agente de patrulla o de la calle.

Chuytoño siempre reportó directo al gobernador en turno. Primero a Juan S. Millán, después a Mario López Valdez, aunque sus jefes inmediatos eran los procuradores de justicia.

Aunque basándose en los testimonios en la Corte de Brooklyn en el juicio de Joaquín Guzmán, tenía más de un jefe Chuytoño. Así como los testigos de la fiscalía delataron a sus propios amigos o socios, igual señalaron a quienes estaban bajo sus órdenes, como según Vicente Zambada, lo estaba el jefe de la policía de investigaciones de Sinaloa, Jesús Antonio Aguilar Íñiguez.

Sin tapujos, Vicentillo aseguró en la Corte Federal de EU que su padre –Ismael Zambada- había puesto al jefe de la policía. Tampoco es que se trataba de la gran revelación, era un secreto a voces, aunque negado mil veces por dos gobernadores.

En el retorno de Chuytoño al poder policiaco de Sinaloa, es más, a alcanzar un control que no había tenido en su primer periodo, Mario López acuñó una frase que también describía al súper policía: Con blancas palomas no se puede controlar la delincuencia, diría refiriéndose a Chuytoño.

Acá, de este lado de la frontera, las revelaciones de Vicentillo no pasaron de ser primera plana local, y nacionalmente apenas en interiores. Es que en el juicio del siglo ya habían acusado a dos ex presidentes, Calderón y Peña, además era más suculento el señalamiento contra Genaro García Luna, otro súper policía, pero de un rango mayor.

 

Margen de error

(Mensajero) Recomponiendo la historia de Chuytoño, hasta donde ahora es posible, nunca pasó de ser un instrumento del poder. De ambos poderes, de políticos y narcos. Eso sí, en lo más alto. Trataba con gobernadores y con jefes de cártel.

No rompió ese papel. No se salió de ese libreto. No buscó como muchos otros policías convertirse en narco o saltar a la política –ejemplos sobran- y ser él mismo el Alcalde, diputado, o gobernador, por qué no.

Chuytoño fue un instrumento que utilizaban en ambos bandos. Él tenía un control que topaba con las cabezas de ambos extremos. Llegaba hasta el gobernador, su límite era el Don. Por mucho tiempo incluso resultó un equilibrio.

Además era un instrumento útil, manejable. Aunque servía a dos amos, seguramente partían de una confianza a toda prueba, una lealtad que no se rompió hasta ahora.

 

Mirilla

(Ciclista) Por mucho tiempo incluso resultó un equilibrio. Los poderes siempre necesitan quien se ensucie las manos por ellos. A la hora que llega el salpicadero, nada mejor que estar protegidos.

Chuytoño, ni en las persecuciones que sufrió se atrevió a salpicar a ninguno de sus jefes. De ninguno de los dos lados. Es más, soportó en silencio que a él mismo lo delataran.

Él seguía ejercitándose en su bici. Se reunió hasta hace muy poco con Gerardo Vargas Landeros, el poderoso Secretario de Gobierno de Malova. Incluso, hasta parecía ir su proyecto político del 2021 con Redes Sociales Progresistas.

 

Primera cita

(Covid) La muerte de Chuytoño es, por decir lo menos, sorpresiva. Y es también incompatible con su historia. Se espera que vida y muerte tengan una compatibilidad que solo registran las novelas o películas. La realidad a veces da sorpresas.

Que un hombre que se salvó por piernas de que lo atrapara la PGR en 2004. Que resurge de las cenizas para volver a sentarse en la silla de gran jefe de policía. Que lo acusen de que el Mayo Zambada fue quien lo puso y no el gobernador. Cómo es posible que muera en una camilla de hospital por un virus.

El policía se llevó a la tumba una buena parte de la información para entender los entresijos de las relaciones del poder político con el del narco. Además, hay quienes pierden al mensajero ideal.

El hombre que tenía los números de teléfono de las personas correctas para determinadas instrucciones. Gracias a eso muchos le debían la vida. A otros los salvó o rescató, y ante eso no hay quien no pueda estar más que agradecido (PUNTO)

Columna publicada el 17 de mayo de 2020 en la edición 903 del semanario Ríodoce.

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