diciembre 7, 2019 2:37 pm

La barba de Rubén Rocha

Rocha Moya

Rubén Rocha Moya ha estado muy activo en los últimos días en Sinaloa. Da una declaración aquí y otra allá, aborda un tema y también otro.

Es más, ya dijo que está pensando en la gubernatura para el 2021. Los medios le dan juego al ex rector de la UAS que luce una barba blanca y ha dejado las camisas a cuadros para enfundarse en guayaberas de lino claro. Hay un cambio en su estética, su look. Como si buscara la imagen de un hombre serio, consistente, de Estado.

No estoy seguro de que eso le ayuda en una entidad donde el número de milenians que votan es abrumador y es que ya sabemos que a este segmento de población le gusta una imagen más fresca, más jovial, más estereotipada de acuerdo con los valores de los mass media.

Sé que los mas rochistas dirán que ahí está López Obrador que rompió los modelos frescos del nuevo PRI. Sí, el de los Duarte, Borge, el mismo Peña. Pero Rocha no es AMLO. Ni el país es Sinaloa. Ni sabemos a priori que la inercia obradorista se mantendrá.

Cierto, la política es de ciclos, de circunstancias, ahora no se ve quién pueda evitarla si nos vamos por etiquetas partidarias, pero en Sinaloa el gobernador, su otrora jefe, está considerado entre los gobernadores con mejor desempeño.

Seguramente desde el principio de su gestión trae bajo el brazo un perfil para su partido. Es un gabinete donde hay muchos jóvenes que no lo están haciendo mal, buscan estar en sintonía con el hiperactivismo de Quirino Ordaz.

Incluso su propia esposa Rosy Fuentes, una mujer que rebosa juventud, alegría, generosidad. Que rompió con el modelo anquilosado de una primera dama ausente, de té canasta. Va a todas.

Rocha Moya además de su estética de hombre serio y formal, en su diagnóstico del estado, ve peligro en el desempeño de los alcaldes morenistas que están en medio del escándalo permanente y con un bajo rendimiento institucional, por eso rompe lanzas contra ellos cuando dice que si un senador, diputado o alcalde no tiene buen desempeño la gente se lo va a cobrar en el 21 si se quiere mantener en la política.

Y no hay que dar vuelta. El mensaje va dirigido principalmente a los alcaldes de Culiacán, Mazatlán y Ahome, no vaya a ser que alguno de ellos le esté palpitando el corazón para disputarle la candidatura en Morena. Que al menos el alcalde de Mazatlán ha dicho sotto voce que quiere, que tiene tamaños, aunque sus escándalos por nepotismo, despidos de funcionarios de primer nivel y ausencia de un proyectoes el pan de cada día.

Coincidentemente, los rochistas en el Congreso del Estado han actuado en el marco de la separación de poderes, y por momentos se la han puesto negras al gobernador, tienen la prueba de fuego con sus alcaldes, y van a probar cómo les va con el Químico Benítez, a quien han citado para declarar sobre los permisos para la construcción de condominios y torres en áreas habitacionales. Éste ha dicho que todo es del anterior alcalde, o los anteriores alcaldes, Fernando Pucheta y el hoy subsecretario Joel Bouciéguez.

Pero también están ahí Guillermo Billy Chapman y Estrada Ferreiro, quienes desde hace meses grupos ciudadanos solicitan sean relevados del cargo por notoria incapacidad para gobernar. Es decir, no se puede ser duro con el gobernador, y laxos con los alcaldes morenistas, el rochismo legislativo si no quiere verse faccioso tiene que mandar el mensaje positivo de que la vara alcanza a todos aquellos gobernantes corruptos, ineficientes, abusivos.

No vaya suceder como pasó con el caciquismo que se vive en la UAS, que recordemos fue una de las principales ofertas que Rocha Moya esgrimió en la campaña para alcanzar el escaño del Senado de la República, y hasta ahora no hay noticias de que esa oferta vaya por buen camino, ya no aparece en su discurso mediático, pareciera que el cálculo político se impone, que está en dirección del 21, donde Cuen Ojeda está decidido a utilizar de nuevo a la UAS para convertir al PAS en partido bisagra.

Mientras eso ocurre sale al paso a la crítica de que no se ve que esté aprovechando su estatus para promoverse en el estado y ahí está con su ropa y barba blanca, cómo émulo físico de AMLO, con un discurso donde en forma reiterada aparece la palabra pueblo, la piedra filosofal de la Cuarta Transformación.

Artículo publicado el 29 de septiembre de 2019 en la edición 870 del semanario Ríodoce.

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