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Blancos y arcoíris

matrimonio igualitario 5

La discusión por la aprobación o el rechazo de la unión entre personas del mismo sexo no se trató de la reforma a una ley. En este caso un par de artículos en el Código Familiar. Los diputados votaron por una palabra, así de simple. Una palabra que tiene un significado en sí misma, eso es la semántica, pero en este caso la palabra es además un símbolo.

Lea: Rechazan aprobación del matrimonio igualitario en Sinaloa https://bit.ly/31F5fKx

Todos sabemos que esa palabra es matrimonio.

En las luchas sociales o políticas se construye un discurso propio. Como nuestra comunicación la realizamos a través de signos —el más importante de ellos el lenguaje—, es mediante esos signos que interpretamos nuestra realidad y por tanto nuestro conocimiento del mundo. Por eso cuando se enfrentan las posiciones dentro del grupo, cada uno por su lado intenta apropiarse de símbolos. Es entonces cuando unos y otros se apoderan de colores, de palabras, de dibujos y de señas.

En el Congreso de Sinaloa la lucha fue con todo, cumpliendo cada requisito. Por los colores: blancos contra arcoíris. Por la posición de pensamiento: laicos contra religiosos. Por la política: progresistas contra conservadores.

Los blancos no quieren prestar la palabra matrimonio y rechazan que se modifique su definición. Grupos religiosos que tradicionalmente tienen enormes diferencias, en esta lucha permanecen unidos: católicos y evangélicos, por ejemplo.

Matrimonio, insisten, es una “unión de hombre y mujer concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses”. Y es verdad, no mienten. Se remiten a la biblia, pero eso dice también el diccionario de la Real Academia Española. Solo que el diccionario incluyó una definición dos: “En determinadas legislaciones, unión de dos personas del mismo sexo, concertada…(y el resto igual que para personas de sexo distinto).”Por ahora, entre esas “determinadas legislaciones” no estará la de Sinaloa.

Los arcoíris, por su lado, reclaman la palabra como un derecho. No se trata solo de permitir las uniones entre personas del mismo sexo, se trata de conquistar la palabra, de apropiársela, de arrebatarles el monopolio. Si fue posible en el diccionario de la Real Academia, puede serlo en los Códigos Civiles. Aquí no hay matices, es un todo o nada. Inaceptable sería una reforma que formalizara las uniones ante el registro civil, en igualdad de derechos y obligaciones a un matrimonio, sin llamarse matrimonio. Se trata de la palabra.

Margen de error
(Vencedores y vencidos) Como en toda lucha de posicionamientos contrapunteados, el enfrentamiento es feroz. No hay punto de encuentro. Y aunque unos y otros se quejan de agresiones, la discusión mantiene los cauces aceptables en cualquier sociedad civilizada.

Lea: Vence el oportunismo a la comunidad LGBT https://bit.ly/2IJgr1t 

La mejor prueba es el resultado de la votación al presentarse el dictamen de reforma de los artículos 40 y 165 del Código Familiar del Estado de Sinaloa: 18 a favor de la posición arcoíris vs 20 con los blancos. Casi un empate. El margen se estrecha, será cuestión de tiempo.

No hace mucho los blancos no cedían un milímetro en permitir las uniones entre personas del mismo sexo, ahora se consideró un triunfo conservar la palabra matrimonio para sí mismos. En muy poco tiempo, también perderán la palabra.

En política, al final esta lucha es también en el terreno de la política, los vencedores no son eternamente ganadores y los vencidos no son derrotados por siempre.

Blancos y arcoíris tienen mucho que aprender. Tolerar la diferencia de opiniones es funesto para los dogmáticos.

 

Mirilla
(La ropa en casa) No solo los grupos sociales en disputa tienen algo que aprender, los diputados quedaron en medio de un asunto que los rebasó. La votación de un tema que en cualquier otro momento pudo resultar de mero trámite, ahora tendrá un costo para todos.

Al PRI nunca le gustaron los temas escabrosos: aborto o matrimonios igualitarios, era preferible darles largas. Es un reclamo añejo, y la mayoría priista en el Congreso supo retrasar cualquier dictamen. Por eso es comprensible su votación en contra, el PRI no tiene nada que perder: si votaba a favor, se consideraría un triunfo de la izquierda, al votar en contra en cambio obtuvo una victoria, así sea pírrica.

Morena es quien se desmorona. Su mayoría aplastante no resulta tal cuando se trata de discutir cualquier asunto. Cae en una desbandada, o le tiemblan las corvas.

 

Deatrasalante
(1859) Los discursos, como todo en la vida, entran en crisis, envejecen, se pudren. La epístola de Melchor Ocampo, que era lectura obligada en un matrimonio civil, hace décadas que es arcaico. Una pieza de museo. Leíble solo para entender la historia de hace dos siglos.

Ocampo la escribió hace 160 años, un liberal como él, un ideólogo de su época, seguramente no escribiría ahora algunos de sus párrafos. Muchos de ellos ponen los pelos de punta a feministas:

“Que el hombre, cuyas dotes sexuales son principalmente el valor y la fuerza, debe dar y dará a la mujer protección, alimento y dirección, tratándola siempre como a la parte más delicada, sensible y fina de sí mismo, y con la magnanimidad y benevolencia generosa, que el fuerte debe al débil, esencialmente cuando este débil se entrega a él y cuando por la sociedad se le ha confiado”.

La epístola no solo es un discurso machista. Responde también a un momento histórico donde el Estado le arrebata poder a la Iglesia, y eso hace 160 años no era un asunto menor. Hoy la lucha puede ser por una palabra, matrimonio, en aquel momento era una guerra por la libertad y separación de poderes(PUNTO)

Columna publicada el 23 de junio de 2019 en la edición 856 del semanario Ríodoce.

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