Solo

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El espectador se emociona tratando de desmenuzar la historia, que cree va en un sentido, y según sus deducciones, por las pistas que siguió en esa intriga, sin duda, la trama se resolverá de la manera en que la imaginó, pero no. Así es el suspenso, cuando menos se piensa hay una cambio que lleva la situación a otro plano y nada ni nadie es ahora lo que parecía. Para ejemplo están las cintas de Alfred Hitchcock, el gran maestro de este género.
Solo (Argentina/2013), dirigida por Marcelo Briem Stamm (o Marcelo Mónaco, mismo del díptico Tensión sexual, 2012), intenta moverse en ese terreno con thriller erótico entre dos hombres, y si bien tiene una vuelta de tuerca sorprendente, deja mucho que desear en su desarrollo.
Manuel (Patricio Ramos) es un joven diseñador que vive solo en un lujoso departamento, y quien recién terminó una relación en la que no le fue muy bien, aunque eso no es impedimento para que intente iniciar algo nuevo, así  sólo se trate de encuentros sexuales rápidos, que consigue a través de internet, como sucede con Julio (Mario Verón), un chico que conoce en una sala de chat, que es todo lo contrario a él: más desaliñado en su forma de vestir, con varios tatuajes, y sin empleo.
Después de varios minutos de plática virtual, los chicos concretan una cita cerca de la casa de Manuel, y la atracción es tal, que casi de inmediato regresan al departamento de éste para tener sexo, a pesar de que los dos aclaran que generalmente no acceden tan pronto a encuentros de ese tipo.
Desde el principio, Manuel le hace ver a Julio que tiene que dormirse luego, porque al día siguiente, muy temprano, tiene la visita de una amiga, pero el chico no tiene intenciones de irse, y tanto le gusta el dueño de la casa, que de inmediato le propone que sean novios, duerman juntos y mejor le diga a la chica que no vaya, para que pasen más tiempo solos.
Como Manuel no accede a la petición de su nuevo enamorado, porque para entonces ya desconfía de él y piensa que le hará algo malo, Julio se molesta y le dice que mejor se irá. Cuando está a punto de hacerlo, su anfitrión le ruega que no lo haga, y una vez que los dos suben la escalera de regreso al cuarto, las cosas ya no serán iguales y no habrá nada que pueda cambiarlas.
Solo comienza muy bien y se desarrolla en el mismo sentido hasta la mitad, pero conforme se acercan esos últimos veinte minutos en los que el rompecabezas termina de armarse, la cinta se pierde en pequeñas señales que carecen de fuerza y coherencia, todo para cambiar su rumbo de manera radical, con lo que deja un mal sabor de boca, en una resolución sacada de la manga y por demás inverosímil.
El problema no está en las actuaciones: los protagonistas interpretan de manera convincente sus personajes que se mueven naturalmente ante la cámara. El inconveniente no está en sus acciones, sino en los motivos que los llevan a hacerlas. Las explicaciones, justificaciones y la resolución, llegan como arte de magia en el final, y es cuando se entiende por qué Manuel y Julio tenían comportamientos inexplicables que nunca encajaron o lo hicieron a la fuerza. Véala en youtube… bajo

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