Paraíso perdido

 
 
 
paraiso perdido
Por lo regular se relaciona al cine mexicano con la comedia y el drama, y son pocas las veces en las que las películas de este país se inclinan por otros géneros, de ahí que Paraíso perdido (México/2016), dirigida —y también escrita junto a Anton Goenechea— por Humberto Hinojosa Ozcariz (Oveja Negra, 2009; I Hate love/Odio el amor, 2012), tenga un punto a favor, como un thriller que medio funciona.
Las cosas parecen ir tan bien en la relación de Sofía (Ana Claudia Talancón) y Mateo (Iván Sánchez) que se van de fin de semana en su velero, acompañados de Pedro (Andrés Almeida), el hermano de ella.
Todo transcurre en la normalidad, hasta que los jóvenes se topan con una isla, a la que deciden llegar para desconectarse un poco de la rutina y relajarse. Una vez ahí, comen, descansan, para luego internarse entre los matorrales y explorar el lugar.
La mayor parte de lo que ven no es nada fuera lo común, hasta que Pedro cae en un pantano, en el que encuentra un extraño paquete. Cuando los otros dos también ven lo que contiene, prefieren irse lo más rápido posible de la isla. Ya que están en el yate, se dan cuenta que éste no sirve y piden ayuda por radio, pero como tardará un día, prefieren regresar a esperar en la playa.
Sofía, Mateo y Pedro sabrán que no están solos en ese lugar y que alguien reclamará lo que le pertenece y cree que le robaron, por lo que considerarán que no debieron volver, aunque para entonces, tal vez, sea demasiado tarde.
Es cierto que hay varios elementos que hacen que la cinta de Hinojosa Ozcariz mantenga atento al espectador, como la música, algunas imágenes y situaciones. El problema es que están mal acomodados.
Con el plano secuencia del principio —sí, muy interesante y efectivo— ya queda claro de qué se tratará la cinta y en qué terminará. La música —también buena, a cargo de Rodrigo Dávila, vocalista de Motel— cumple con el requisito de añadir tensión a las imágenes, sólo que entra a destiempo: todavía no llegan los protagonistas a la isla donde se desarrollará la trama, cuando los acordes ya anunciaron que allá se pondrá intenso. Hubiera sido mejor esperar y llevar poco a poco ese recurso.
Desde su aparición en El crimen del padre Amaro (2002),Talancón prácticamente no ha dejado de aparecer en cine, y no lo hace mal, y en su interpretación de Paraíso perdido —donde luce un cuerpazo— se  ve muy natural, relajada y hace muy bien su tarea. Almeida, a pesar de que su personaje, por momentos, no tienen razón de ser —con la pareja sola bastaba— también cumple con su actuación, aunque estuvo mucho mejor en su otro Paraíso (2013). El que definitivamente no da el ancho con su papel, es Sánchez, ni siquiera para gritar cuando quiere encontrar a su esposa.
La película tienen unas referencias muy claras: ahí están tres —dos hombres y una mujer— que llegan a un lugar misterioso, que por alguna razón tienen que recorrer y en el que les va muy mal, como en El Proyecto de la Bruja de Blair (1999); y la playa paradisiaca, atractiva, de poca o nula afluencia, que esconde un secreto relacionado con negocios de dudosa procedencia, tal cual en La playa (2000). Vaya a verla… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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