Enfermedades gastrointestinales: consecuencias de una mala alimentación

 
 
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La alimentación inadecuada y la falta de rutinas alimenticias provocan problemas gastrointestinales que pueden ir desde la dispepsia funcional o resultar en una úlcera estomacal
La mala alimentación está considerada como la ingesta de alimentos que no nutren al cuerpo, es decir, alimentos que no aportan los nutrientes esenciales para que el cuerpo tenga un buen funcionamiento en los ciclos que debe cumplir. Además de la falta de ingesta de nutrientes adecuados, la mala alimentación también la compone comer sin horarios establecidos, saltar comidas o ingerir alimentos a deshoras.
La obesidad y sobrepeso están relacionados directamente con la mala alimentación, pero hay otros problemas que también son derivados de no ingerir los alimentos que son necesarios para poder estar sanos.
Los problemas gastrointestinales son aquellos que afectan a nuestro sistema digestivo, esófago, estómago o intestinos, que en muchas ocasiones están relacionados con los alimentos que consumimos de manera inadecuada y tienen mayor recurrencia durante la edad productiva.
Las enfermedades gastrointestinales más frecuentes son el reflujo, acidez estomacal o dispepsia, comúnmente confundido con gastritis.
El reflujo es la sensación de regurgitación, es decir, sentir que la acidez asciende desde el estómago y en ocasiones se siente incluso en la garganta. Este problema es provocado porque el esfínter se relaja por el consumo de alimentos ricos en grasa o por la ingesta de medicamentos como las aspirinas, diclofenaco o naproxeno, además de medicamentos para enfermedades crónico degenerativas.
“La alimentación puede ser un disparador o exacerbante de los síntomas, no es que el alimento propiamente dicho ocasione un daño directo al estómago u ocasione un daño directo al esófago”, explicó el médico gastroenterólogo José Luis Tamayo de la Cuesta, especialista en el Hospital Civil.
El ácido clorhídrico es producido en el estómago y es la primera defensa que tiene el cuerpo cuando se ingiere alguna bacteria; cuando el esfínter se relaja, es el causante del reflujo.
Otro factor determinante para este tipo de padecimientos es la bacteria helicobacter pylori. Esta bacteria está relacionada con la ingesta de alimentos que pueden ser contaminados por falta de higiene en su preparación. El helicobacter pylori ha sido encontrado en las heces fecales o saliva de los pacientes afectados.
Al helicobacter pylori se le atribuyen diferentes tipos de úlceras gástricas o gastritis.
Las úlceras gástricas o esofágicas son otros padecimientos gastrointestinales provocados por la mala alimentación.
En todo momento nuestro estómago está combatiendo el ácido clorhídrico, que es producido por él mismo, y que tiene como función acabar con aquellas bacterias dañinas para nuestro organismo que hayan sido ingeridas. Siempre están en equilibrio los factores protectores de nuestro estómago contra este ácido, sin embargo, cuando hay más factores atacantes que defensores, puede generarse irritación estomacal e incluso úlceras.
“No es que tú comas chamoy o comas esto y se te vaya a hacer una úlcera ahí donde te cayó el chamoy, como es lo que mucha gente piensa, pero sí el comer ese tipo de alimentos irritantes, comidas chatarra, te puede afectar junto con otros factores si tú tienes una predisposición genética o ya tienes problemas digestivos”, agregó el médico.
El debilitamiento, erosión o ulceración de la mucosa estomacal, causa molestias cuando el afectado consume alimentos irritantes, y es que se trata de una herida en el estómago que es empeorada por los factores externos.
“Si el paciente tiene una úlcera en su estómago, o sea, hay una pérdida de la continuidad normal de la mucosa y hay una erosión o una ulceración, si el paciente come un alimento irritante o alcohol, va a sentir dolor”, mencionó el especialista.
Otra de las enfermedades gastrointestinales recurrentes, es la dispepsia funcional.
La sintomatología de la dispepsia son: molestias o dolor en el abdomen superior, presión abdominal, acidez o sensación de quemazón y plenitud estomacal. Otros síntomas muy frecuentes son nauseas, eructos o plenitud temprana. En pocas palabras, la dispepsia es lo que comúnmente se confunde con gastritis.
La dispepsia funcional es provocada por mala alimentación, alimentación con muchos irritantes y mucho alcohol, malos hábitos higiénicos dietéticos, no tener un horario en la alimentación, comer cosas inadecuadas y que empeora si tienes la bacteria helicobacter pylori o tomas muchos medicamentos como aspirinas, naproxeno o diclofenaco.
Se estima que al menos el 30 por ciento de la población general padece de dispepsia funcional.
La gastritis es el término más común, usado y abusado de las enfermedades gastrointestinales.
Generalmente cuando tenemos malestares estomacales utilizamos este término para nombrar a la sintomatología, pero esto es incorrecto ya que en muchas ocasiones no se trata de gastritis, e incluso hay diferentes tipos de gastritis y no todas están relacionadas directamente con la mala alimentación.
Existen diferentes tipos de gastritis, algunas relacionadas con alergias, gastritis crónica y gastritis fúndica, pero todas requieren de estudios para poder comprobarse.
Cuando se presenta la sintomatología es necesario acudir con el médico de cabecera y de ser necesario acudir con un especialista. Posteriormente según sean los síntomas, el gastroenterólogo indicará los análisis correspondientes, que pueden ser desde una endoscopía hasta una biopsia.
“Un diagnóstico de gastritis debe ser basado en síntomas, en hallazgos endoscópicos, pero corroborado por histología, o sea por las biopsias”, aseveró Tamayo de la Cuesta.
 
ENFERMEDADES GASTROINTESTINALES Y AUTOMEDICACIÓN
 
La sintomatología de las enfermedades gastrointestinales es muy similar entre unas y otras, lo que provoca que muy a menudo sean confundidas. Esto en combinación con otros factores provoca la automedicación.
La automedicación es el consumo de medicamentos sin prescripción médica, con la intensión de aliviar o mitigar un malestar.
En México sólo los psicofármacos y los antibióticos son medicamentos controlados, es decir, que requieren de una receta médica para poder ser surtidos en farmacias, además de que sus dosis son controladas.
Los antiácidos y los medicamentos antisecretores, son los fármacos utilizados para el tratamiento de las enfermedades gastrointestinales, pero éstos no tienen ningún tipo de regulación, por lo que su venta en farmacias es libre, lo que contribuye a la automedicación.
“La automedicación generalmente es tanto por recomendación de familiares y conocidos, así como por la mala influencia que tiene la falta de control que se tiene con los anuncios de televisión o en otros medios”, condenó Tamayo de la Cuesta.
Aunque los fármacos antiácidos y antisecretores no tienen un impacto negativo inmediato de consumirse por automedicación, a la larga por el consumo excesivo tiene consecuencias para nuestro organismo.
La función de los fármacos antisecretores es el controlar la acidez estomacal, y cuando se ingieren sin control alguno o cuando no se necesitan, puede provocar que el cuerpo ya no absorba de los alimentos los nutrientes necesarios para el organismo.
Por ejemplo, una patología comprobada es que este tipo de medicamentos consumidos en exceso provoca que la falta de acidez disminuya la vitamina D, con la falta de esta vitamina los pacientes se hacen más propensos a fracturas de cadera.
Además de que no se absorban los nutrientes necesarios, la falta de ácido provoca que bajen las defensas estomacales y se hacen más propensos a padecer neumonía adquirida en la comunidad.
Otra desventaja de consumir medicamentos sin prescripción médica, es que los fármacos no son consumidos de manera correcta, por ejemplo, no es lo mismo consumir omeprazol antes de ingerir alimentos irritantes, que consumirlo 30 o 60 minutos antes del desayuno, que es como debe ser consumido, explicó el gastroenterólogo.
“Si tienes una úlcera gástrica se cicatriza, si tienes una úlcera duodenal se cicatriza, una esofagitis erosiva por reflujo se cicatriza y se controlan los síntomas y se previenen las recaídas”, explicó el médico y agregó que esto debe ser controlado con la buena alimentación, es decir, alimentos sanos, balanceados, sin irritantes y un horario establecido de comidas, puntualizó José Luis Tamayo de la Cuesta.
 
 
 
 
 
 
 

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