Andrés Manuel, no te equivoques

 
 
amlo 6
A los jóvenes morenistas sinaloenses
He votado a López Obrador las dos veces que fue candidato presidencial y pensaba hacerlo si se postulaba en 2018, ahora no estoy tan seguro. Veo en él a un líder en su ocaso. Autoritario y sin ideas, retórico. Su reserva moral, que sin duda la sigue teniendo entre millones de mexicanos, la consume diariamente por la cerrazón ante la crítica, sea ésta de derecha, liberal o de izquierda.
No soporta que la gente tenga sus propias ideas y eso se traduce en incondicionalidad de sus más allegados que significa prácticamente una devoción. Un culto a la personalidad. Que ni siquiera los líderes más autoritarios lo ejercieron antes de tomar el poder. Stalin lo practicó contra todos y de la peor manera luego de los procesos de Moscú o la persecución que llevó al asesinato, entre otros, de León Trotsky, en su casa del barrio de Coyoacán.
No es casual que los intelectuales de izquierda se hayan ido alejando uno a uno de López Obrador, cuando debería ser lo contrario, para reforzar sus ideas o mejorar las ideas colectivas. Finalmente, el partido es, como diría Gramsci, un intelectual colectivo que piensa su realidad y actúa para transformarla.
Lo grave es que en un país donde se profundizan las desigualdades sociales, los liderazgos auténticos pierdan el rumbo y actúen como mesías. Que empiecen a verse el ombligo en lugar de ver todo el cuerpo social. Que piensen en clave autoritaria de que quien no está conmigo está en contra de mí.
Esta idea la recordamos en la Cuba revolucionaria cuando el Movimiento 26 de julio, un encuentro político armado y diverso, expulsó al dictador Fulgencio Batista, y cuando habiendo tomado el poder, algunos de ellos en congruencia con su forma de pensar imaginaron un país en la pluralidad y la diversidad. Vino la cárcel y el exilio para muchos de ellos. Algunos nunca más volvieron a la isla revolucionaria. A otros simplemente no los recupera la historia oficial cubana.
Hago esta referencia por lo que puede derivar el culto a la personalidad. Hace unas semanas, con la visita de Andrés Manuel a Sinaloa, me encontré con uno de los principales dirigentes de Morena Sinaloa en el Paseo de Olas Altas y tenía interés de conocer lo que pensaba sobre lo que ocurría en el partido. Le dije lo que pensaba y le pregunté su opinión sobre el autoritarismo de Andrés Manuel.
Me contestó que Andrés Manuel pensaba que su movimiento tenía muchos enemigos y habrían de quedarse los más leales. Me inquietó la respuesta y el tono complaciente de un dirigente con un líder excedido en desconfianza y la falta de comunicación del líder con la corriente, cuyo único error fue haber ganado una elección interna.
Ahora, están siendo notificados los miembros de ese comité estatal electo de Morena, para ser juzgados sobre su actuación en el proceso interno y, supongo, por la interpelación que sostuvieron con quien los acusó de infiltrados, millanistas, malovistas.
Muchos de ellos son jóvenes comprometidos con su primera militancia partidaria y están sorprendidos de ver cómo funciona un partido que se ofrece como una esperanza para los mexicanos, ante la arrogancia, la corrupción y la impunidad del poder político.
Hay frustración y desesperanza entre ellos, y otros mejor abandonaron ya el barco lopezobradorista. Morena tiene un problema en Sinaloa y no basta decir, como decía un ex candidato en las elecciones federales del verano pasado, que “¡Aun con todo Morena, va!, y es la única esperanza para los mexicanos”.
Quizá sí, quizá no. En política no basta tener el discurso más radical, sino aquel que construye puentes con los propios y los ajenos. Vivimos ahora sí aun con todo en la diversidad y pluralidad en la sociedad mexicana. No hay espacio para el culto a la personalidad sino para liderazgos sencillos, equilibrados y dialogantes con sus críticos. Más de a pie. Más cercanos con el México diverso que todos construimos diariamente.
En fin, así como nos molesta la frivolidad de la presidencia priista, la corrupción del panismo sinaloense o el caciquismo del líder pasista, como ciudadanos a muchos no nos gusta el autoritarismo de Andrés Manuel y los que lo secundan acríticamente cuando, paradójicamente, en otros espacios defienden con coraje ideas y legalidad.
Me quedo con aquella frase cuando una joven en Culiacán le gritaba “no te equivoques”, en el momento en que AMLO repartía acusaciones a diestra y siniestra.

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