Perlas de pepe

 
 
Hace algunos años, cuando fui al cine con mi esposa e hijos a ver Hombres de Negro, nunca imaginé que me iba a encontrar con una escena memorable. Tommy Lee Jones y Will Smith van a la caza de un alienígena en su auto a toda velocidad, dentro de un viaducto. Frente a ellos hay un embotellamiento, pero a Lee Jones esto no parece importarle y mete el pie hasta el fondo del acelerador, a pesar de las advertencias de un nervioso Smith, que ya ve, replegado en su asiento, cómo se estampan contra el carrerío. Tras accionar un botón, el auto empieza a desplazarse por el techo del viaducto, dejando abajo el bloqueo. Smith no se ha puesto el cinturón y hace desfiguros dentro del auto por el cambio de posición. Lee Jones activa el estéreo y se deja escuchar un rock con la inconfundible voz de Elvis. Viene un breve diálogo en el que Smith menciona que Elvis ya murió. Lee Jones, sin voltear a verlo, le aclara:
—No ha muerto, solo se fue a su planeta.
La precisión me sacudió en mi asiento. Barry Sonnenfeld, director de la cinta, hacía la propuesta de que a la tierra llegaban seres de otras galaxias para modificar la historia. Así, con el golpe caliente y la asociación con Elvis, no dudé en pensar que uno de ellos había sido mi tía Anita, en ese entonces recién fallecida, fan del Rey Criollo. Quien la conoció entenderá que esto no era un disparate.
Luego me puse a pensar que esos seres se mueren muy temprano, pero no porque tengan corta edad al hacerlo, sino porque son como la alegría, los buenos ratos, la tranquilidad, los buenos libros: siempre nos dejan la sensación de que duran muy poco. Que les quedaban muchos prodigios por hacer. Que fueron una pompa de jabón de la que aún perdura el perfume.
En 1983 conocí a un alienígena con marcado acento sinaloense que exudaba rebeldía e inconformidad, términos que van junto con pegado, pero en su caso el agravio del pleonasmo sale sobrando: era rebelde e inconforme. Indómito, para mayores pelos. En su registro terrenal aparecía el nombre de Jesús Óscar Cabanillas Flores, pero realizó su misión como Óscar Liera.
 
Texto editado del libro Mira esa gente sola, capítulo “El 5 de enero de 1990, Óscar Liera se fue a su planeta”.
 

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