Noche de Perros (parte 2)

ayotzinapa

El informe presentado por el grupo de expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el domingo 6 de septiembre vuelve a abrir la profunda herida que significa el ataque contra los estudiantes de la escuela normal Isidro Burgos, ocurrido la noche del 26 de septiembre de 2014.

El informe confirmó la información obtenida durante diez meses de investigación periodística realizada por la autora de esta columna y Steve Fisher, con el apoyo de la Universidad de California en Berkeley.

Desde el primer reportaje publicado en diciembre de 2014 titulado “La Verdadera noche de Iguala”, señalamos que el gobierno federal estuvo monitoreando a los estudiantes desde la tarde del 26 de septiembre, que salieron de la escuela normal Isidro Burgos. Los esperaron en la caseta de cobro Iguala-Puente de Ixtla, con patrullas de la policía estatal y la Policía Federal.  No eran cuatro sino cinco camiones los atacados esa noche. Los dos camiones Estrella de Oro monitoreados desde Ayotzinapa son los dos camiones en los que se concentraron las acciones más violentas esa noche y de donde fueron desaparecidos la mayor parte de estudiantes. También publicamos el contenido de la bitácora de un helicóptero que sobrevoló a baja altura en Iguala y sus inmediaciones, la mañana del 27 de septiembre y nunca encontró ningún indicio del supuesto gigantesco incendio en el que eran quemados los normalistas.

Pero más allá de eso, la  conclusión de que en el basurero de Cocula jamás se llevó a cabo la quema de los cuerpos de los 43 normalistas y que resultaron falsos los testimonios de quienes confesaron  haberlos quemado, y arrojado sus cenizas al río San Juan, dejan clavada una estaca en el núcleo del gobierno de Enrique Peña Nieto.

La  pregunta fundamental ahora es si todo eso de la quema y los confesiones resultaron falsos, ¿Por qué la PGR tiene en su poder el resto óseo calcinado del estudiante Alexander Mora, supuestamente obtenido de bolsas de plástico sacadas por los presuntos criminales al río San Juan? ¿De dónde lo obtuvieron? Irónicamente el resto óseo que era para la PGR el fin del caso de los 43 estudiantes desaparecidos se convierte ahora en un elemento que incrimina al propio gobierno.

Una historia de terror rodea la fabricación del caso de la muerte y quema de los estudiantes en el basurero, y sus protagonistas fueron Patricio Reyes Landa, Jonathan Osorio, Agustín García y Felipe Rodríguez Salgado, cuatro albañiles de Cocula a quienes la Procuraduría culpó de ser los autores materiales de la muerte de los 43.

Para satisfacer la sed de justicia de los padres de familia de esos normalistas y de la sociedad en general, la PGR escogió a Felipe Rodríguez Salgado, un joven albañil de Cocula de apenas 25 años, como el malo de la historia. Lo pintó como un jefe de la organización criminal Guerreros Unidos, con poder sobre la policía municipal de Cocula e Iguala, quien incluso tenía comidas con el presidente municipal de Cocula.

La realidad es que la historia de Felipe es muy distante de la de un jefe de la mafia. Es un albañil y campesino que como muchos otros vive en pobreza. Junto con su esposa rentaba un cuartito en Cocula y sus únicos bienes eran un refrigerador pagado en plazos, una parrilla eléctrica, una cama, una mesa para comer, una tele y una cuna. Cuando no había trabajo de albañil se iba a pastorear animales o a hacer trabajos de campo para otros.

El mismo perfil tienen Patricio, Jonathan y Agustín. La familia de Patricio, a quien la PGR acusa de ser jefe de halcones y ser el responsable de cuidar Cocula, es tan pobre que su madre recibe dinero del programa de gobierno contra la extrema pobreza, Oportunidades. Y también su esposa. La información pude corroborarla directamente en el padrón de la Sedesol.

Para hablar sobre el supuesto crimen todos ellos fueron brutalmente torturados. Esto lo confirman los peritajes médicos que les practicó la propia PGR antes de rendir su declaración y el reporte dado por el grupo de expertos de la CIDH el 6 de septiembre.  La violencia infligida fue directamente proporcional a la urgencia del gobierno de tener chivos expiatorios fast track. Al menos tres de ellos recibieron toque eléctricos en paladar, testículos y recto, además de intentos de asfixia con bolsas de plástico y golpes por todo el cuerpo.

Bajo esa presión la PGR los obligó a grabar videos incriminándose, que luego fueron mostrados por el entonces procurador Jesús Murillo Karam como confesiones que resolvían el caso de los 43. Ninguno tiene los recursos para un abogado penalista privado que los defienda, por lo que temen pudrirse en vida en la prisión.

Llama la atención que pese a que la PGR les fabricó una imagen de monstruos, cuando fueron clasificados tanto en el penal federal de Tepic Nayarit como en El Altiplano, Estado de México, ninguno fue considerado de alta peligrosidad, por lo que están en módulos conviviendo con otros reos.

¿Por qué la PGR quería que estos cuatro albañiles inventaran la quema de cuerpos de los estudiantes y la supuesta trituración de sus restos?  ¿Cómo supo el gobierno qué historia inventar y que cuadrara con el hueso calcinado de uno de los estudiantes desaparecidos?  Esas preguntas generan escalofríos.

Hay una persona que puede responderlas. Se llama Tomás Zerón de Lucio, titular de la Agencia de Investigación Criminal, de la PGR, quien desde un inicio tuvo control absoluto de la investigación, o mejor dicho, manipulación del caso de los normalistas de Ayotzinapa. No era Murillo Karam quien tomaba las decisiones sobre el rumbo de la ‘investigación’ sino él. Era Zerón de Lucio quien intentaba hacer acuerdos con abogados de algunos de los acusados para que confesaran sus culpas. Fue quien dio información falsa a Murillo Karam, a tal grado que él tuvo que recurrir a otros para tener acceso a documentos que Zerón de Lucio le ocultaba.

Y fue Murillo Karam quien, pese a que tuvo conocimiento de todo eso nunca lo denunció, prefirió dar un paso de lado y pasarse a la casi inexistente Secretaría de Desarrollo Agrario y seguir cobrando del erario. Hoy su figura gris ha quedado finalmente fuera del gabinete, saliendo por la puerta trasera.

Zerón de Lucio es sin duda uno de los principales cómplices de esa noche de perros en Iguala, donde los estudiantes fueron atacados, asesinados y desaparecidos. Cómplice de esconder la verdad.

 

 

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