julio 24, 2021 6:27 PM

Aseguran vecinos de Arturo Rosales los sicarios se habrían equivocado de persona

balacera rosario 1

“No sé a quién buscan. Yo no soy. Yo soy Arturo, trabajo en El Manantial”, fueron las últimas palabras de Arturo Rosales, de 38 años, acribillado en su propia casa por un grupo armado que irrumpió intempestivamente en la colonia Potreritos.

Ana, la esposa de Arturo suplicó: “no oigan, no es a él a quien buscan, se los juro por mis hijos que no es él”.

Ante ambas súplicas, las almas de acero y los cañones de las armas de grueso calibre vomitaron plomo y fuego que cegó la vida de Arturo e hirió las piernas de su esposa.

El asesinato del empresario rosarense Ernesto Alonso Valdez Lozano perpetrado el 20 de abril en Culiacán, no tuvo ninguna conexión con las dos balaceras del 17 de abril, en la comunidad de Chilillos y en la colonia Potreritos,  pero el luto ya había extendido su manto sobre El Rosario.

Esa noche cruenta, entre las 20:30 y 21:00 horas, las dos balaceras habían dejado dos personas muertas y ninguno de los protagonistas del enfrentamiento fue detenido por las corporaciones policíacas.

Tres días antes de la muerte del empresario en la capital del estado, un grupo armado encapuchado y con ropa camuflada que viajaba al menos en cinco camionetas sin placas de circulación, incursionaron violentamente al otro lado de la Laguna del Iguanero, dejando una estela de sangre y muerte.

Algunas versiones policíacas les adjudican tácticas “guerrilleras”, debido a que “pegan y corren” y para cuando las fuerzas de seguridad pública reaccionan ya se esfumaron.

La muerte de Arturo Rosales, en el interior de su propia casa en la calle Nayarit de la colonia Potreritos del municipio de El Rosario, produjo tristeza, coraje e indignación a los rosarenses, que aseguran que los sicarios lo habrían asesinado por equivocación, cuando aparentemente buscaban al vecino.

Vecinos entrevistados por este semanario comentaron que en la casa con las paredes acribilladas a balazos vivía la persona a quien los gatilleros habrían buscado, mientras que en la vivienda vecina se encontraba Arturo Rosales, quien no tenía nada qué ver, pero los sicarios se equivocaron.

Compañeros de trabajo de Arturo Rosales sostienen que éste tenía alrededor de 20 años trabajando como técnico de mantenimiento en la empresa refresquera El Manantial, ubicada en el municipio de El Rosario.

La tarde del 17 de abril, Arturo Rosales había salido de trabajar de El Manantial, cuando se dirigió a su casa.

“Acababa de llegar del trabajo, estaba acostado, descansando”, dijo Ana, hoy viuda, quien fue herida a balazo en sus dos piernas.

La tarde del miércoles 22 de abril, Ana fue entrevistada por Ríodoce para conocer su versión de los hechos que enlutaron a su familia y que la postraron en una silla de ruedas donde se recupera lentamente de las heridas.

“No los esperábamos (a los hombres armados) y yo me imagino que ellos no esperaban la reacción de mi esposo y tal vez por eso lo mataron”, reflexiona.

“Porque han de haber pensado ‘quiere huir o qué sé yo’; pero él nunca trató de huir, él les dijo ‘no sé a quién buscan, yo no soy, yo soy Arturo, trabajo en El Manantial’”, dijo.

“Pero nunca dijeron un nombre”, agrega cuando se le pregunta si los sicarios mencionaron el nombre de la persona que buscaban en esa noche fatal.

La versión de algunos de los vecinos es que el grupo armado ya había asesinado a Arturo Rosales, cuando el vecino de éste, al darse cuenta de que habrían venido por él y se habían metido a la casa vecina, les empezó a disparar atrincherado desde su casa y los sicarios cruzaron el fuego.

“Ah chingado, nos equivocamos…”, habrían dicho los gatilleros mientras emprendían la retirada.

Los testigos aseguran que mientras los sicarios salían huyendo de la colonia Potreritos, como a 40 metros balacearon un portón de otra casa vecina, para dirigirse con rumbo a Chilillos, donde presuntamente fueron interceptados por otro grupo contrario que los enfrentó y donde quedó otra persona muerta.

 

“El narco nunca se equivoca”

 

Una fuente de Ríodoce relató que desde el mismo viernes 17 de abril, cuando fue asesinado Arturo Rosales, su tío Víctor Soto intentaba recuperar el cadáver, abrumado por los “reproches” de Leticia Guajardo López, titular de la Agencia del Ministerio Público del Fuero Común del municipio de El Rosario.

En ese contexto, Guajardo López externaba su opinión a Víctor Soto al grado de que aseguraba que su sobrino “sí andaba mal” y para “fundamentar” su comentario la funcionaria agregaba que “el narco nunca se equivoca”.

“¿Cómo iba a andar mal?, si él tenía 18 años trabajando en El Manantial y con su trabajo mantenía a su familia y no tenía necesidad de meterse en problemas”, replicaba Víctor Soto.

Los argumentos de Soto coinciden con los de la esposa del finado, quien dijo que Arturo Rosales salía de El Manantial y seguía trabajando por su cuenta, haciendo instalaciones eléctricas, para ganar dinero que le permitiera superar las angustias económicas imprevistas de la familia.

“Nos cercenaron los sueños, planes y proyectos que teníamos mi esposo y yo, porque él era muy trabajador, y siempre buscaba sacar adelante a la familia”, dijo Ana.

 Rosario bajo fuego 

-17 de abril. Dos balaceras, una en Chilillos y otra en la colonia Potreritos dejados muertos y una mujer herida.

-23 de abril. Vicente Pérez Chávez, Juan García Deras y Pedro Chávez Alemán, de 60, 56 y 50 años, fueron acribillados en El Tecomate, Pueblo Nuevo Durango, colindante con zona serrana de El Rosario.

-21 de abril. Entre estos dos hechos, fue velado y cremado el empresario Ernesto Alonso Valdez Solano, quien fue asesinado en Culiacán.

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