mayo 13, 2021 5:57 PM

Llegan el ‘Ñacas y el Tacuachi’ a la UAS

Ricardo Sánchez Bobadilla.
Ricardo Sánchez Bobadilla.

Emma Leyva 

Ricardo Sánchez Bobadilla, creador de los famosos cartones El Ñacas y el Tacuachi sicarios a la orden, que se publica en este semanario y que hasta esta edición lleva un total de 299 cartones realizados, abrió una exposición el pasado 4 de marzo como parte de los festejos del doceavo aniversario de Ríodoce, en la Casa de la Cultura de la UAS.

Sobre la historia de estos personajes y su experiencia como su creador, Bobadilla comentó que se trata de sicarios fallidos:

—¿Cómo surgen estos personajes tan característicos?

La idea era construir dos personajes locales que hablaran sobre el narcotráfico, sobre el sicariato, personajes que fueran erróneos, que no hicieran bien las cosas; siendo un poco realistas generalmente todos los sicarios son exitosos, son asesinados por ellos mismos, pero nunca los agarran, es muy raro, sólo se dice ‘tomaron la carretera hacia el sur o hacia el norte y se perdieron y nadie supo de ellos, nadie los vio’. Pero estos personajes dieron un giro, por eso es que se llaman el Ñacas y el Tacuachi; al principio tenían que ser como sicarios fallidos, matones que no pudieran matar a nadie aunque quisieran. Por ejemplo aquí en Tierra Blanca a un bato mentiroso se le dice “puras ñacas” o “es bien ñacas” para darse un status supuestamente y el Tacuahi que se dice tacauche, es para referirse a un bato poca cosa.

—Culiacán tiene mucho material para tus cartones, supongo que no se te dificulta a la hora de escribirlos ¿o sí? 

Nací en una de las colonias íconos del narcotráfico, hasta corrido tiene Tierra Blanca, digamos que era parte del acceso a la sierra, yo digo que el trasiego que venía de la droga de la sierra, llegaba aquí.

“Aquí se empezaron a gestar y a crearse todos esos capos; todo mundo sabe que aquí en Sinaloa digamos que nació la mata del narcotráfico. Entonces todas esas historias se contaban aquí y las vivíamos un poco, del narcotráfico de los sesentas o setentas, que se gestaba con los personajes que deambulaban por la colonia”.

—¿Cómo es tu proceso creativo?

Generalmente es bajo presión cuando empiezo a generar ideas y a veces me quedo con la sensación de querer trabajar más el texto, porque pienso que la gente espera algo bueno.

—Durante la exposición, sucedió algo muy curioso, la gente preguntaba ¿dónde está el Ñacas?, pero pareciera que queriendo ver al personaje, no al creador, de repente el personaje opaca la figura de Bobadilla ¿qué opinas sobre eso?

—El Ñacas y yo no tenemos nada que ver, somos totalmente diferentes. Yo digo que sería incapaz de tomar un arma, inclusive una vez tomé una, casi me doy un tiro. No tenemos muchas cosas en común, inclusive con el Tacuachi. Aunque ellos a pesar de ser personajes crueles y dedicados al narcotráfico y al secuestro y a todo ese tipo de cosas, tienen un lado que los hace hasta tiernos a veces.

“Por lo menos yo he visto personajes que están en ese tipo de negocios y que tienen una vida familiar amorosa. Si me ha tocado gente que me dice ‘jamás pensé que tú hicieras esas caricaturas’ y hubo gente que me ha dicho ‘yo pensé que eras una persona más grande, pensé que tenías 60 años’”.

—Tus cartones son recibidos y aceptados por todo tipo de personas, incluso intelectuales que tal vez nunca usarían ese lenguaje, pero les atrapa y les gusta leer tus cartones ¿qué piensas de ese fenómeno?

—Fíjate que una vez fui a una conferencia a la Facultad de Estudios Internacionales; la conferencia la estaba dando un canadiense, sí le entendía, pero muy poco, hablaba sobre el tejido social y el narcotráfico, una cosa así. Al final cuando ya iba a pararme porque dije bueno, ¿qué estoy haciendo aquí? y entonces volteo y en el proyector estaba uno de mis cartones; el expositor empezó a decir deben de leer el Ñacas y el Tacuachi, volteo y me quedo ¡ah caray! Entonces me quedé y el director de esa escuela dice: allá esta Bobadilla, después me acerco al canadiense y me dice: yo siempre te leo, abro Ríodoce en internet y te leo, pero hay algunas cosas que no entiendo, y le digo es que es el argot, el lenguaje sinaloense y me pregunta, oye ¿qué significa, te la pellizcaste?, ay como le explico, entonces tuve que darle una explicación con las uñas diciéndole que partes te podías pellizcar.

—A diferencia de otros cartones, estos manejan una historia, no se hace una crítica ni señalamiento directo a nadie.

—Lo que existe en estas historias es un señalamiento genérico de lo que está pasando, no hay señalamiento directo a nadie, porque por ejemplo yo siento una cosa, yo veo a los chavos que hacen narcorridos, ellos cuentan historias de narcotráfico pero hablan directamente de alguien, entonces cuando tú haces eso tomas partido. Tú no puedes mencionar nombres porque entonces tomas partido, no es censura, yo quiero criticar a todos en bola. Señalo el lavado de dinero, el exceso de la narcocultura, el abuso de las mujeres…

—Si existiera el Ñacas y el Tacuachi y vivieran en Culiacán, ¿qué harían?

Estarían paseándose, con mucho tiempo libre o a veces con mucho trabajo, porque hay mucha violencia en Culiacán. Teniendo fiestas, drogándose, buscando relaciones femeninas, secuestrando, comprando cinta canela y cobijas de Moroleón en el súper. Surtiéndose, dando órdenes, teniendo relaciones con políticos, policías, soldados. Y el Tacuachi es como el gato, el segundo del Ñacas, aunque a veces termina siendo más inteligente que el Ñacas.

 —¿Crees que el Ñacas se llevaría bien con Peña Nieto?,¿serían buenos amigos?

Sí, porque el nivel intelectual es parecido, creo que el Ñacas ha leído más libros que Peña Nieto, son dos batos fuera de la ley, corruptos, entonces se llevarían bien.

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