mayo 16, 2021 9:32 PM

El hombre que vivió en un zapato

El hombre 2

Todos somos diferentes, individuales y únicos, de eso no hay dudas, aunque socialmente compartimos ciertas características y de alguna manera nos parecemos y tenemos prácticas similares, pero hay quienes se salen de una media que nos regula en actitudes, personalidad, gustos, costumbres…

El hombre que vivió en un zapato (México/2011), de Gabriela Gómez-Mont, habla de eso, de un personaje que decidió hacer y ser lo que quiso, desatender a la norma, sin importarle lo que los demás dijeran y pensaran, y eso lo convirtió en un “loco”.

José Luis El Güero Robles Gil, un matemático convencido de que sus inventos pueden cambiar el mundo, se encerró por dos años en un cuarto. A los tres meses de conocerla, comenzó a vivir en pareja con Sonia, una bailarina a la que no dejó salir a la calle por 12 meses, y cuando ella quiso hacerlo, le dijo que en una hora se casaba con ella, y de eso ya pasaron 30 años, a pesar de que nadie estaba de acuerdo y todos querían que lo dejara, pero ella era feliz con él y su forma de vida.

Desde niño, El Güero ha dormido en la sala, y ahora lo hace al lado de su esposa y su hijo Pablo de 24 años, y no es que la casa no tenga espacio suficiente, sino que las habitaciones (excepto una, que es donde duerme su madre) están destinadas para todo lo que crea y acumula: sus maquetas y la posibilidad de ver el proceso de qué pasaría con sus objetos después de que muera.

Lejos de cambiar sus esquemas y rendirse, José Luis mantiene la esperanza de que sus ideas no sólo serán conocidas, sino patentadas. Mientras, sigue en el mundo creado por él y para los suyos.

Si sólo decimos que estamos ante la película de un tipo “loco” y paranoico, posiblemente sería poco atractivo, pero la vida de El Güero va mucho más allá, y es interesante no nada más por lo que hace, sino por la manera en que impone sus ideas y costumbres, por la seguridad y la convicción con la que vive.

José Luis vivió en un zapato con su esposa (uno tipo zueco, enorme) sin importarle el frio, la lluvia, el sol, ni que los vecinos lo criticaran; duró muchos meses usando una lámpara en su cabeza, que le llegaba a la altura de los hombros y que no se quitaba ni para comer ni ir a la escuela, y si eso nos parece raro, demente y fuera de lugar, la directora sabe muy bien cómo ubicarlo en esa línea indefinida entre razón y fantasía que nos obliga a pensar, pero jamás a criticar.

El documental no sólo es el personaje de El Güero, también de su familia, que es igual de interesante que él: una esposa que lo acompaña fiel y sumisamente, a quién se le cuestiona su propia cordura por seguir a su marido; un hijo que sueña con entregar su alma como actor, y que lo mismo le dice a su papá: “que Dios te bendiga”, que lo trata de pendejo, estúpido y le echa de la madre. ¿Por qué El Güero es así? Tal vez en su mamá y sus hermanos, haya más elementos para contestarlo.

La cinta, que está en mobi.com, la vi en clase con mis alumnos (todos callados y muy atentos), y me pregunté: “¿por qué nos interesa tanto la vida de un ‘loco’?” La única respuesta que encontré fue otra pregunta: “¿será que queremos ser igual que él, hacer lo que reamente sentimos y queremos sin importarnos lo que digan, pero nos da miedo? Puede ser. No se la pierda… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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