La vuelta de los estudiantes

Solo gracias a aquellos sin esperanza, Nos es dada la esperanza: Walter Benjamín
Herbert Marcuse, uno de los académicos más destacados de la Escuela de Frankfurt -fue considerado por Jurgen Habermas como el filósofo de la rebelión estudiantil-, no le faltaban razones cuando aquel en los años sesenta del siglo pasado veía en los movimientos estudiantiles de París, Columbia, Tokio, Berkeley, Sao Paulo y México, los movimientos tercermundistas y raciales, la semilla de la revolución luego de que el proletariado de las sociedades industrializadas se habían aburguesado y estaban enajenados con el consumo que estimuló la segunda posguerra con el aspiracional american way of life.
El Hombre Unidimensional, el Socialismo Soviético y Contrarrevolución y Revuelta, eran libros consumidos con voracidad en las universidades y convertidos en práctica política, muy a pesar de la frase en boga: Desconfía de todo aquel de más de 30 años.
Marcuse tenía en 1970, 72 años y era una luz en las revueltas juveniles. Y esto alarmaba a las elites políticas de muchas partes del mundo que veían en este hombre de vida sencilla, una suerte de provocador de revoluciones en el mundo. ¿Se puede hacer tanto desde un cubículo académico? Me parece que sí, cuando hay altura de miras y quienes buscan salidas.
Díaz Ordaz, en aquellos años Presidente de México, vio su mala influencia en las movilizaciones estudiantiles que culminaron en la masacre del 2 octubre de 1968 y dijo en lugar de un acto de contrición: Qué grave daño hacen los modernos filósofos de la destrucción que están en contra de todo y en favor de nada (IV Informe, 1968), refiriéndose al profesor que en esos días impartía clases en las aulas de la Universidad de California en San Diego. Aquel ni se inmutó. Lejos estaba de los asuntos mexicanos como el otro de las tendencias mundiales.
Y menos mal que Díaz Ordaz, no supo que el filósofo alemán tenía como asistente académica a una bella mujer negra de nombre Ángela Davis, que con el paso de los años se convertiría en un ícono del llamado Black Power que impulsaban los miembros del partido Black Panthers.
Ángela era militante del PC norteamericano y se involucró en las revueltas negras ocurridas en varias ciudades estadounidenses. Es memorable la relación epistolar que sostuvo con George Jackson, uno de los ideólogos del Partido Panteras Negras, quien a los 14 años entró en la cárcel de Soledad producto de un robo de 70 dólares a una gasolinera y ahí se haría marxista revolucionario, hasta morir asesinado en la cárcel de San Quintín.
Ángela sabe de él y establece contacto sosteniendo una intensa y apasionada comunicación. Luego estuvo prisionera como lo narra en unas memorias que son un testimonio vigoroso de las luchas del sui generis apartheid norteamericano. Su pelo afro se volvió un emblema de rebeldía.
Ella nunca estuvo como activista en México, salvo que creamos y les creemos a unos amigos mazatlecos, entre ellos el arquitecto Armando Galván, quien dice haberla conocido en el restaurant Lorenzo´s de la familia Kempt y luego con otros amigos tuvieron oportunidad de pescar en las aguas tibias del trópico.
Pero, volviendo al filósofo Marcuse, sin saberlo tenía obsesionado a Díaz Ordaz, como lo relata el colombiano Herbert Braun en un artículo publicado en la revista Nexos del 1 de enero 1988 bajo el título antitético: Díaz Ordaz y Marcuse.
Y es que Díaz Ordaz, que como muchos gobernantes autoritarios le faltaba un culpable para justificar sus crímenes y horrores, intuía que había alguien detrás de los jóvenes rebeldes que reclamaban libertad de los presos políticos, derogación del delito de disolución social o la exigencia de libertades. Era necesario encontrarlo así fuera en libros.
El poblano no vio más allá de su nariz, intuía una mano invisible interesada en trastocar la vida apacible de México y así lo dice en su IV informe de gobierno con una prosa digna del mejor costumbrismo mexicano: Habíamos estado provincianamente orgullosos y candorosamente satisfechos de que en un mundo de disturbios juveniles, México fuera un islote intocado”. Pero no. “Mis previas advertencias y expresiones de preocupación habían caído en el vacío”.
Viene a cuento toda esta referencia porque ahora que los estudiantes de nuevo toman las calles del país, elevan protestas en las capitales del mundo, y cuestionan a la autoridad conocidos más por sus trajes de marca qué por sus ideas, rechazando tutelajes como el de
la UAS que con falso paternalismo, no quieren que en las protestas oficiales interfieran “elementos ajenos que buscan alcanzar beneficios políticos”.
Ahora resulta que en esa institución solo podrán expresarse quienes digan las autoridades. No cabe duda que parafraseando a Fouche: El tiempo pasa y las ideas conservadoras y patrimonialistas, quedan.
Apostillamos: Marcuse vive!

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