Un domo para Culiacán


Rolando D’Rondón y Pancholín, Parte I.

Recargados sobre el barandal de la iglesia de Nuestra Señora María Virgen de Guadalupe, “La Lomita”. Aquellos dos hombres miraban a lontananza, serenos, hacia un lado y otro el impresionante panorama de la ciudad de Culiacán. De pronto, uno de ellos volteó y le dijo a su compañero.

—¿Cómo la ves, Pancholín?
—No, pues está cabrón. Te soy sincero. Desde un principio la idea me pareció descabellada, pero como viene del Patrón, por eso te seguí el rollo.
—Bueno, pero ¿se puede o no se puede?
—De que se puede, se puede. Pero es una obra que sería única en el mundo.
—Esa es precisamente la razón más importante, el Patrón, tú lo sabes. Le gusta hacer cosas únicas, increíbles. Acciones y obras que nadie más puede hacer sino solamente él.
—Pues sí. Pero esa idea de ponerle un domo con aire acondicionado a toda la ciudad de Culiacán, es descabellada. Aunque te diré, no es una idea original, hace muchos años, los mafiosos que iniciaron la creación de la ciudad de Las Vegas tuvieron esa misma idea, pero se dieron cuenta que eso costaría muchos millones de dólares, y pues…
—Bueno bueno, Pancholín, aquí lo que me interesa saber, qué es lo que le vas a decir al Patrón.
—Le puedes decir…
—No, yo no voy a decirle nada. El técnico eres tú, tú eres el ingeniero encargado de toda la técnica, así que tú le darás la información.
–De acuerdo, pero necesito ver muchos detalles, consultar muchos datos y también a muchos colegas especialistas en…
—Deberás tener mucho cuidado. Si te pasas y luego se suelta el borrego de que el Patrón está loco o algo por el estilo, ya sabes.
–Conozco las reglas. Pero ya que lo dices, aquí entre nos, el Patrón, de veras que si le patina el coco. Aunque esta vez, creo que cuando le presente el proyecto y lo que puede costar, se va ir de espaldas. Nomás imagina, pinche Rolando D’Rondón: la inmensidad del domo, la energía que se necesitará para mover las gigantescas turbinas, generadores, gigantescos ductos, tuberías y los almacenamientos de gas para mantener la temperatura ambiente, por decir: a 23 grados. ¡Es una locura!
Se quedaron en silencio, volvieron a lanzar la vista al infinito. Cada uno cavilando, pasearon sus miradas más allá del Cerro de la chiva, y las lejanas montañas azules.
—Y no sabes, Rolando D’Rondón, de dónde le vino esa idea al Patrón.
—Pancholín, te voy a contar, pero hay de ti si te sale decirlo a alguien más.
—Ya te lo dije, conozco las reglas.
—Bueno, estás avisado, te cuento: De un tiempo acá, el Patrón ya empieza a chochear. Reniega de todo y por todo. No hay cosa que le moleste más que la basura; aquí entre nos, varios negocios han sido cerrados por órdenes de él, precisamente porque sus dueños habían descuidado la limpieza. También le molesta mucho que infinidad de negocios, sobre todo de comida: tacos, mariscos, guisados, etcétera y etcétera, que invaden las banquetas como si fueran propias, les vale cortar el libre paso al peatón. Su enojo le hacer torcer la cara cuando mira autos atravesados, muchos dueños de talleres se adjudican el derecho de ocupar las banquetas y hasta gran parte de las calles como si fuera estacionamiento de su muy particular propiedad. Una vez, íbamos por una calle en su auto, ya sabes, usa un vocho para despistar, aunque él dice que la ciudad de Culiacán no le merece un Mercedes, y mucho menos un Lamborghini, vehículos que según él, utiliza en París, Londres, Viena o Nueva York. Pero yo imagino que aquí usa el vocho para despistar al enemigo. Lo que sí lo saca de sus casillas es el ruido. El grito de ¡Ándale! del Debate, le retuerce las tripas. Los vendedores gritones de: ¡Tamales de elote!, ¡Donas, compre donas! ¡Llegaron las verduras, lleve tres kilos de plátano por veinte pesos!, ¡Agua Miller!, ¡Fósforo vitacal, la mejor vitamina!, ¡Compro fierro viejo!, ¡Camarón fresco, filete de mojarra! Y por si hiciera falta, refuerzan la estridencia, desde las 6 a las 20 horas, las chatarras urbanas del transporte urbano y las bocinas de los negocios que vociferan sus ofertas sin cesar.
—Por todo ese desmadre, el Patrón ha decidido poner remedio definitivo.
—No creo factible de éxito esa medida, Rolando D’Rondón. Está dejando de lado un sinfín de problemas más.
—Pancholín, si te refieres al tráfico vehicular, dice que se eliminaran todos los de motor a gasolina y diésel. Que únicamente se admitirán eléctricos.
—¡Aaaah chispiajos! ¡Ora sí que se voló la barda el Patrón!
—¿Por qué?
—A ver dime. ¿Cómo hará para que la gente cambie tanto vehículo? Podrán hacerlo algunos, pero no todos.
—Pon atención Pancholín, y contesta lo más acertado que puedas: En caso de que el Patrón pueda realizar este portento de obra, ¿en cuánto tiempo estimas que puede edificarse el domo y demás instalaciones que se requieren?
—¡Pa su mecha! No tengo forma de decirlo así nomás, pero creo que no menos de veinte años.
—Para entonces, compa, ya no habrá vehículos de combustible, todos serán eléctricos o de energía solar. ¡Entérate Pancholín, ponte al día!
—Tienes razón. Pero existe otro problema, mi querido Rolando D’Rondón.
—¿Cuál?
—El Patrón necesitará la autorización de los de allá arriba.
—De plano Pancholín, estás atrasado, para tu conocimiento, desde que se formó la llamada “Delincuencia bien organizada”, en este país, el Patrón es el Jefe de Jefes. Terminó diciendo el sicario tocándose la 9mm.

El tiempo pasa y ahonda más las heridas porque el filo de la guadaña asesina, sigue sin ser detenida en este país, no hay autoridad que la pare, por eso nuestro grito sigue: ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia! Para nuestro compañero y amigo Javier Valdez Cárdenas y los 130 mil asesinados en este sexenio.

*Escritor. Te invitamos a leer sus novelas.

Artículo publicado el 8 de abril de 2018 en la edición 793 del semanario Ríodoce.

Un comentario en “Un domo para Culiacán

  1. nuestro grito sigue: ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia! Para nuestro compañero y amigo Javier Valdez Cárdenas y los 130 mil asesinados en este sexenio.

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