Abogado saca de prisión al ‘Soruyo’ y este lo mata

EL RECINTO DE JUSTICIA.

Queda en prisión mujer imputada por secuestro agravado del litigante

En la sede regional de Justicia Penal Acusatoria y Oral norte, la señora entró a la sala de audiencias en silla de ruedas, estando acusada de secuestro agravado. Por el cargo, ella podría tener una sentencia de prisión de por vida, pues el delito contempla una pena de hasta 140 años de cárcel.

En la audiencia inicial, en la que se desarrollaron diversas etapas, desde la imputación, lectura de hechos, debate con la defensa, presentación de testigos y finalmente la resolución, la mujer que está acompañada por su madre como público y por seis deudos de la víctima, solloza, enjuga sus lágrimas, pero no aporta más datos de los hechos.

Se trata de Brisa Carolina O. C., esposa de Ricardo Osorio Leyva, el Soruyo, quien falleció baleado a bordo de una vagoneta tipo CRV, en Charay, El Fuerte. La muerte de este es un misterio, pues se dio en una persecución policial de unidades de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal de la Fiscalía General de Justicia de Sonora, que en colaboración con sus similares de Sinaloa, le habían tendido una emboscada para atraparlo por una cadena de secuestros que ocurrieron en esa entidad en 2023. Pero en la localidad, al Soruyo se le buscaba por asesinato.

Un funcionario especializado en homicidios dolosos y quien tomó parte en la ejecución del plan de captura explicó que cuando el sospechoso se percató de la trampa, emprendió la huida a toda velocidad en el vehículo que manejaba, llevando como copiloto a su mujer, y de acompañante de ambos, a un civil.

Buscando evadir a los policías, cruzó Los Mochis de sur a norte a velocidad inmoderada, incluso tomando las calles a más de 100 kilómetros por hora y hasta en sentido contrario. Ante los hechos, fue cercado para que abandonara la ciudad y se enfiló sobre la carretera Los Mochis-El Fuerte, cruzando poblados como 5 de Mayo, Mochicahui y Constancia.

En los alrededores de Charay, un grupo armado interceptó la camioneta en fuga, la rafaguearon y las balas dieron en el blanco, matando al Soruyo. La mujer y un civil resultaron ilesos, pero fueron capturados. El particular, un joven desconocido, quien circunstancialmente se encontró con el matrimonio en una carne asada en el fraccionamiento Prado Bonito de Los Mochis, fue liberado porque se comprobó que no tenía relación con la pareja y que el encuentro fue casual, según la investigación de los hechos realizada por la Unidad Especializada en Homicidios Dolosos.

Pero ella quedó detenida y bajo una doble investigación. Por aquella persecución a gran velocidad, la señora resultó con golpes que la postraron en la silla de ruedas en la que, durante la audiencia, era conducida ante el juez. El letrado tiene en sus manos el caso de secuestro agravado que se inició como homicidio doloso el 13 de diciembre del 2023, cuando de la cajuela de un auto aparcado en el fraccionamiento Viñedos comenzaron a emanar olores putrefactos y líquido sanguinolento. Era el cuerpo del abogado Sergio Antonio Félix Valenzuela, originario de Guamúchil.

Resultó que el litigante era también el defensor del Soruyo, y el artífice de su libertad, que obtuvo en junio de 2023. “Le tramitó la libertad, y una vez afuera, en la calle, el cliente se convirtió en victimario”, resumió el mismo fiscal.

Ya con experiencia en secuestros diversos, el convicto citó a su abogado a un departamento que alquiló en Viñedos para plantearle un nuevo litigio. Cuando ambos se encontraron, el abogado terminó ahorcado por su cliente, y posteriormente este inició las negociaciones para el rescate con la familia.

Esas negociaciones dieron un vuelco a la investigación criminal que se centró en el proceder de la familia, y a las que posteriormente se sumaron las pesquisas de Sonora.

Los fiscales acreditaron que entre los teléfonos del sospechoso y su mujer se tuvo una intensa interacción en los días previos al contacto del abogado, durante el cautiverio de este y tras la negociación del secuestro. “Se contactaron 123 ocasiones”, revelan los datos conservados, expuso en audiencia la parte acusadora.

Por eso y para librar el auto de vinculación a proceso, la defensa armó su teoría del caso: el marido era un abusador, le despojaba del dinero que ganaba en su empleo, le vendía las joyas que acumuló, la despojaba del teléfono, golpeaba, gritaba y la amenazaba con violar a la familia, por lo que ella no podía separarse y la mantenía en su casa, en el Campo 28, en Ciudad Obregón, Sonora.

Fue en esa vivienda, en donde ella se mantuvo todo el día 13 de diciembre, coincidieron los tres familiares de la mujer.

Sin embargo, antes de vivir juntos, Brisa Carolina visitó cada domingo a Ricardo en la cárcel. Lo hizo durante 13 años, también coincidió la familia.

La defensa argumentó que Brisa Carolina no participó en el secuestro del abogado, sino que resulta también víctima del presunto responsable, ya que fue sometida a violencia intrafamiliar, pero los fiscales alegaron que los indicios son irrefutables, pues ella y el Soruyo perpetraron el secuestro que terminó con una agravante, el de homicidio.

El juez, finalmente, concedió valor a la fiscalía y restó credibilidad a los alegatos de la familia. Brisa Carolina se quedó en prisión, y ahora, sobre ella pende una condena de hasta 140 años de prisión.

Artículo publicado el 31 de marzo de 2024 en la edición 1105 del semanario Ríodoce.

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