66 secuestrados, negociar su liberación

RETÉN MILITAR. La casa tomada.

En las campañas, los candidatos dicen muchas cosas sin sentido, solo para atraer simpatías. Nuestro presidente AMLO dijo en un mitin en Guerrero que propondría una amnistía para los criminales. No lo hizo, por supuesto, pero tampoco los combatió porque se fue, según él, contra las causas de la violencia. Y ahora Guerrero y el país está peor que con Peña y que con Calderón. (Vamos a ver ahora a quién le echa la culpa Claudia Sheinbaum cuando tome las riendas del país, porque, si no pasa algo extraordinario, las tomará el próximo 1 de octubre).

La semana pasada, ante los hechos de violencia ocurridos en el país, incluidos los de Sinaloa, donde más de 60 personas, hombres mujeres y niños fueron levantados, Xóchitl Gálvez, la candidata del PRIAN, dijo que ella no negociaría con los narcos, que ella los iba a combatir.

Eso se oye muy bonito, pero en un debate serio no tendría cómo sostenerlo. Combatirlos sí, pero cómo. Esa es la cuestión. Los colombianos durante décadas padecieron los embates de la guerrilla y los sectores conservadores de Colombia vieron siempre a los guerrilleros como criminales. Pero siempre, una buena porción de la población y sectores del gobierno, construyeron puentes de diálogo con la guerrilla, incluso cuando ésta se involucró en actividades de narcotráfico para sostenerse económicamente. Y finalmente, no con todos a favor, firmaron un acuerdo de paz.

Las cosas son muy distintas acá, pero negar la existencia de los grupos criminales, incluso como factores de poder, es una necedad criminal.

Siempre en Ríodoce hemos sostenido que los pactos del gobierno con los narcos les ha permitido a estos últimos agarrar oxígeno, crecer, expandirse, hundir más sus raíces en la sociedad y en territorios cada vez más vastos. Esa es una verdad histórica. Esa sí. El propio Felipe Calderón lo hizo a pesar de su declarada “guerra contra el narcotráfico”. Hasta Sinaloa vinieron sus misioneros a hablar con el Mayo y con el Chapo para pactar acuerdos, las más de las veces vestidos con impecables trajes militares. ¿No lo sabe la candidata del PRIAN? Pues sépalo.

No es tan sencillo plantear un diálogo con el crimen organizado. Y menos ahora. Los contextos son distintos. Pero decir que no va a negociar con los narcos es una pose barata. Como candidato, Gustavo Petro, el actual presidente de Colombia, hizo ese planteamiento, dotado de muchos puntos, toda una estrategia para conseguir la paz que tanto anhelan los colombianos. Si eso ha avanzado o no, es otra cosa, pero el debate está allí, esperando interlocutores.

El tema es mucho más complejo de lo que se imagina Xóchitl Gálvez. Le pongo un ejemplo. ¿Qué haría ella si levantan a 66 personas en Culiacán, entre ellos mujeres y niños, incluso bebés? ¿Iría con las armas por delante para rescatarlos o buscaría canales de negociación con los narcos para liberarlos?

¿Qué pasó en Sinaloa con este episodio que puso en vilo a la ciudad en solo unas horas? ¿Qué pretendían los criminales? ¿Por qué niños también? Y luego ¿Por qué los liberaron?

Las narcomantas que aparecieron el martes en distintos puntos de la ciudad, donde alguien que firma como IAG dice que no hay guerra y donde exponen las fotografías de cuatro hombres que supuestamente dirigen bandas de rateros domiciliarios, en realidad es una cortina de humo para ocultar lo que realmente está pasando. Hay una guerra territorial y eso es muy evidente; siempre las hay hasta que se ponen de acuerdo. En el caso de los que operan en Sinaloa, el pacto es entre Los Chapitos, el Mayo, los Beltrán, los Caro, los Cázarez… Pero siempre hay conflictos abajo, en los mandos medios. Así nació el pleito entre el Ruso y el Nini. Pueden tramarse en otro lado —como en Sonora, por ejemplo— pero no en Sinaloa porque esta es su casa, su cuna y aquí están sus familias. Y siempre estará presente el temor de que alguien de afuera les pelee el territorio, como alguna vez lo intentaron los Zetas con la ayuda de Arturo Beltrán Leyva.

Bola y cadena

EL GRUPO QUE SECUESTRÓ A MÁS de 60 culichis pudo haber liberado a 58 —según las cuentas del propio gobierno—, entre ellos a todos los niños y casi todas las mujeres, por la presión que significó la llegada de 900 federales del Ejército y la Guardia Nacional o por un acuerdo con el propio gobierno para bajar la tensión que se vivió sobre todo el viernes en que ocurrieron los levantones, lo cual, eso sí, sería normal en un caso de esta naturaleza y nada condenable.

Sentido contrario

NO HAY QUE OLVIDAR QUE EL GOBERNADOR Rubén Rocha se mostró, durante su campaña por la gubernatura, simpatizante de, en algún momento determinado, establecer un diálogo con los narcotraficantes si eso iba a contribuir a disminuir la violencia en la entidad. Y si eso hizo o eso promovió, hasta los 58 liberados, fue un éxito. Faltan los demás.

Humo negro

ESTE EPISODIO, POR CIERTO, REVOLUCIONÓ los eufemismos; el candidato al Senado por parte de Morena, Enrique Inzunza, dijo que no se podía hablar de “levantones”, que eran más bien “desapariciones por ausencia”. Lo bueno, como dijo, es que “en Morena no hacemos politiquería, aceptamos los retos y desafíos”. Era una línea discursiva, porque ante la reportera Azucena Uresti, el titular de seguridad estatal, Gerardo Mérida, a los levantados les llamó “ausentes de sus hogares”. La misma narrativa: negar los hechos. Estamos en campañas.

Artículo publicado el 31 de marzo de 2024 en la edición 1105 del semanario Ríodoce.

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