La disputa por la nación

AMLO EN EL FERROCARRIL DEL ISTMO. Estado regente. Foto cortesía presidencia de la república

Nuestro país atraviesa, sin duda, una fuerte disputa entre dos proyectos de nación diametralmente opuestos y enfrentados; el primero se hizo del máximo poder político en 1982 con la llegada del grupo de Carlos Salinas de Gortari al gobierno de la República con Miguel de la Madrid Hurtado, gris secretario de Programación y Presupuesto, quién preparó el terreno para la llegada de su jefe real, Salinas, y ahí inició de lleno el dominio del neoliberalismo, que llamó, “liberalismo social”.

A partir de ahí, más dos sexenios priistas (Zedillo y Peña Nieto) y dos panistas (Fox y Calderón) o sea por 36 años, con medidas de tajo y una ofensiva sin piedad, acabaron el viejo “Estado”, y con los derechos, prestaciones y ventajas que aún mantenían campesinos, trabajadores y empleados del gobierno.

Así, desde el sexenio de Salinas de Gortari la Constitución mexicana sufrió tantas reformas que echó por la borda, junto con gran parte de su contenido social, los artículos más relevantes en los derechos históricos de los campesinos y los trabajadores; se intentó desparecer al ejido y la propiedad comunal con la reforma del artículo 27 en 1992.

Se privatizaron 390 empresas, el 63 por ciento de las que existían, fue un gran “logro” de su parte que, entre los más ricos del planeta, la lista de Forbes, pasara de uno a 23 mexicanos multimillonarios, con una fortuna de 41 mil 900 millones de dólares en sólo seis años, verdadera “hazaña” mundial. Salinas también privatizó los 18 bancos mexicanos más importantes.

Zedillo, que lo sucedió, siguió con privatizaciones, como los ferrocarriles nacionales, entre otras muchas empresas y lo más significativo, hizo pública y pagadera por todos los mexicanos la inmensa deuda del Fobaproa.

Fox y Calderón siguieron ese camino durante sus mandatos, con Aeroméxico, Mexicana, Luz y Fuerza del Centro, etc. las leyes laborales, sufrieron también un embate con la incorporación del contrato y pago por horas y la subcontratación, el llamado Outsourcing, aprobadas en el gobierno de Calderón en 2012 que castigaron más a los trabajadores mexicanos. Finalmente, Peña Nieto se lanzó contra las simbólicas instituciones públicas Pemex y CFE con la intención de reducirlas a su mínima expresión y abrir paso a las empresas privadas nacionales y extranjeras; no conformes con ello, lanzaron otra gran campaña contra la educación y la salud publicas cuyos daños aún padecemos.

La otra cara de la disputa es la Cuarta Transformación encabezado por Andrés Manuel López Obrador y su movimiento Morena con sus aliados temporales. Desde 2018 nuestro país avanza con un nuevo modelo de régimen y sistema político, económico y social de izquierda, totalmente confrontado con el que predominó desde 1982.

En lo económico el Estado mexicano asumió su papel como rector de la economía, recuperó el carácter mixto de la misma fortaleciendo y recreando al sector estatal y paraestatal, con un sentido y efecto claramente al servicio de la nación y de los más pobres. Pemex, CFE, el sector ferrocarrilero, el de transportes y comunicación con la participación gubernamental han cambiado la faz de la economía nacional.

Las empresas e instituciones estatales crecen día a día, Mexicana vuela de nuevo; reinició la banca estatal con un servicio netamente social, el Banco de Bienestar.

El Ejército y la Marina, garantías de estabilidad nacional y candados seguros contra cualquier tentativa violenta o de golpe de estado “blando” o duro, aparte de los temas de seguridad, se han convertido en eficaces operadores de proyectos estratégicos de comunicación y de funcionamiento gubernamental con las aduanas, los puertos, etc. La Guardia Nacional que junto con los anteriores mantienen un altísimo apoyo de la población; son el mejor bloque de contención contra la violencia y los violentos. Calificar estas medidas como militarismo refleja una total ignorancia y desconocimiento de la estrategia política y de gobierno del presidente.

Como régimen social también se están realizando cambios de fondo; el lema gubernamental “primero los pobres” en la política federal se ve reflejado en un modelo que beneficia económica y socialmente a los trabajadores, a los campesinos y a la mayoría de la población marginada.

Se ha invertido el cono, antes los privilegios eran para los de arriba, ahora el cono derrama los recursos públicos abajo; sin quitarle nada a los ricos, ni a las utilidades de sus empresas, bancos y monopolios, se está edificando, un nuevo sistema social. Por eso, mueve a risa que algunos opositores de la izquierda “vieja”, o la “nueva” del PRD digan que la 4T no es de izquierda, porque para serlo, “o es socialista, o no es izquierda”, ahora que sí, para efectos prácticos son mil veces más aplastantes lo hechos que los discursos y lemas.

Estamos, ante un nuevo “modelo” de transformación, revolución y cambio, dirigido por AMLO. Los que antes se beneficiaban con el poder: multimillonarios hechos al vapor, empresarios sin llenadera, dueños de medios, pseudointelectuales y “periodistas” amoldados al viejo régimen, saben de lo que hablamos; sufren las consecuencias y hacen de todo para regresar al pasado. Es una transformación de fondo, es democrática, es pacífica y es una aportación de México al mundo. Todo se ha llevado a cabo sin violencia, armas, guerra ni represión. Es una verdadera revolución, y es pacífica.

Artículo publicado el 18 de febrero de 2024 en la edición 1099 del semanario Ríodoce.

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