Breve crónica de una mañana con danza de lágrimas

DANZA DEL VENADO EN HOMOR A MAXIMILIANO.

En el escenario no había cuerpo ni cenizas. Había una pequeña nube que lentamente giraba y por el espacio se desplazaba, como silenciosa danza en luto con su cauda de luz.

Una vez más, el Teatro Pablo de Villavicencio de Culiacán, Sinaloa se estremeció, esta vez, no con vivas y aplausos para la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes, ni para excelsos cantantes de ópera, ni para extraordinarios actores. Se estremeció con un aplauso ahogado en llanto, con un dolor al que le costaba mantenerse en pie, para despedir a un talentoso joven oriundo del pueblo de Cosalá, quien por última vez nos dejó su presencia de viento a sus escasos veintisiete años de edad. Varios años atrás, de las alturas de su pueblo enclavado en la exuberante sierra bajó para perseguir sus sueños que lo llevarían lejos. El Trigésimo Sexto Festival Internacional de Danza José Limón, lo esperaba esa noche como uno de sus más talentosos bailarines.

Cuando salir de nuestra casa puede significar encontrar la muerte, ¿Qué se puede hacer para evitarlo? ¿Qué armadura puede salvarnos de la maldad humana?

La tragedia de esta ciudad se extiende a lo largo y ancho de la república mexicana como una peste negra del siglo XXI que lleva por nombre “Desaparecidos”. La maldad cabalga sigilosa entre nosotros, por nuestras calles y nuestros caminos, por las riberas de nuestros ríos que entre sus turbias aguas llevan delirios. La infamia es cobarde y con el velo de la noche se agazapa y en ella, se mueve como serpiente de agua, como corriente impetuosa que baja de la montaña y no se cansa y sigue en solitario su curso y nada ni nadie la detiene. ¿Por qué a la infamia nadie la detiene y la estrangula? ¡Alguien que la aniquile para siempre!

AMIGAS Y AMIGOS DE MAX EN SU DESPEDIDA.

Mientras amigos y familiares compartían desesperados la alerta de búsqueda de Maximiliano Corrales García, su cuerpo, silencioso y sereno, avanzaba con la corriente del río entre eucaliptos, olivos, álamos y sauces llorones que temblorosos lo vieron pasar como sombra de pez herido.

Las palabras se ahogaron una tras otra como pétalos de rosas blancas que cayeron al suelo del escenario, de las atragantadas gargantas que intentaron esbozar la candidez y la gracia del bailarín que se robó el respeto y el cariño de los que lo conocieron, y lo vieron bailar como rehilete ligero, como trompo de colores, como torbellino que atrapa todos los ojos. Un responso de día de muertos en honor a Max, con tenábaris y sonajas cimbró el teatro que como un solo corazón latía desbocado.

Los vehículos que esa tibia mañana circulaban por el viejo malecón, atravesaron el arroyo de lágrimas que del teatro se derramó por la escalinata de cantera, hasta llegar al cercano río y con él se fundió. El río, ahora no solo lleva agua y ramas, lodo y especies vivientes; lleva también gotas saltarinas que danzan y en el mar se pierden.

Durante tres días, la ciudad de lumbre perdió de vista a su hermoso hijo adoptivo y finalmente, el legendario Tamazula se lo regresó convertido en lirio sin aliento.

Antes de que encontraran su cuerpo flotando en el agua y lo sacaran, a Maximiliano se lo llevó un ave, a un lejano olimpo donde la maldad no existe…

Artículo publicado el 30 de abril de 2023 en la edición 1057 del semanario Ríodoce.

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