Un futuro donde nos unamos para resolver nuestros problemas

unidad

La política debe servir para organizar a la sociedad para resolver sus problemas comunes.

Los sinaloenses tenemos problemas graves.

Entre ellos, una inseguridad pública enorme, donde la delincuencia domina la calle y muchos aspectos de la vida cotidiana; un crecimiento económico mediocre; somos la economía 14 de 32 estados de un país que no crece; y una pobreza intolerable, 28 por ciento, 853 mil personas.

Sinaloa es una comunidad muy diversa y plural.

Aquí viven los dueños de tres de las empresas más grandes del país y, también, 73 mil pobres extremos; comparten territorio pensadores liberales con militantes del Opus Dei y de todas las religiones; habitan donde mismo, ciudadanos que su lengua materna es el español y otros que es el canadiense o triqui, mixteco o zapoteco, náhuatl o inglés o mayo.

Sinaloa está compuesto por regiones muy, muy diferentes.

El oaxaqueño Villa Juárez; la cumbre elitista de la colonia Primavera de Culiacán; la callada y más duranguense sierra sureña; el Mazatlán turístico; el Escuinapa y Rosario de agricultura de bajo rendimiento ; el sur frutícola exportador; la costa sur pesquera; la sierra ex minera; la Elota de gran producción agrícola; las colonias urbano populares; el Valle de San Lorenzo de campesinos de riego; los campos agrícolas del centro; la zona pesquera de centro norte; el Évora comercial; el norte indígena; el Triángulo Dorado, y el Corazón Agrícola de México. No es una lista exhaustiva pero sí demostrativa. Son muchos mundos distintos.

No es cierto que el pueblo sinaloense sea uno y, menos cierto, que ese pueblo tenga una sola voz y un único representante.

Sinaloa no es monolítico, es complejo.

Las únicas sociedades que avanzan son aquellas donde sus integrantes son capaces de unirse para alcanzar metas comunes.

Necesitamos que ese mosaico de intereses, ideologías, aspiraciones y sensibilidades distintas se expresen, recreen, compitan y convivan. Conformen un proyecto común de sociedad y luchen juntos para conseguirlo.

Una alianza entre los ciudadanos y los actores políticos para generar un nuevo consenso social que nos permita construir el Sinaloa que queremos.

Necesitamos la suma de todos.

No estigmatizar a nadie, no descalificar a ninguno.

Respetar al que es y piensa diferente.

Para lograr esa unidad y ese progreso, es necesario resolver bien cómo distribuimos el poder político y como definimos la lista de problemas a resolver.

La democracia es la herramienta para conformar una agenda pública que incluya los problemas y le asigne prioridades de la manera más justa.

Que se elijan, entre todos, las mejores propuestas en forma libre e informada es la aspiración política que todos debemos tener.

Que no sea un solo grupo el que se apropie de la lista y del poder, por más ilustrado y bueno que diga ser.

Que los comicios no se sesguen por el clientelismo, la compra de votos o la violencia.

Las elecciones son una de las formas más efectivas de control ciudadano.

Cualquier opción política debe volver periódicamente a ser juzgada por los electores y competir en condiciones equitativas con las otros programas y visiones.

Mientras mejor sea nuestra democracia, mejor será la calidad de nuestros proyectos de sociedad.

La clave de la calidad democrática está en partir de que es necesaria la inclusión de todos los sinaloenses, que no hay grupo o interés que sea ilegítimo.

La única salvedad son los grupos ilegales.

Cualquier tipo de discriminación afecta nuestra capacidad de ser incluyentes.

Cualquier tipo de polarización y división, fragmenta a la sociedad e impide la unión y la colaboración.

Ante la diversidad es el pluralismo democrático el camino para forjar una sociedad eficiente.

Es un error querer capturar a una sociedad diversa en el cajón del autoritarismo, en la política de una sola voz.

El futuro puede ser de un Sinaloa donde nuestras familias vivan en paz, prosperidad, justicia, libertad y equidad.

Ese Sinaloa solo lo podemos construir entre todos.

La política no se trata de quién ocupa un puesto, esa es la visión pequeña y mezquina.

La política se trata de qué problemas nos proponemos resolver y, sobre todo, cómo nos organizamos para hacerlo.

La visión de una política de estado es sobre cómo hacemos la lista de problemas, la agenda pública, y cómo se distribuye el poder, los roles y las funciones.

Hagamos buena política.

Optemos por el camino de la unidad, la inclusión y la democracia.

Podemos tener un futuro de acuerdo y desarrollo.

Artículo publicado el 13 de noviembre de 2022 en la edición 1033 del semanario Ríodoce.

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