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Cine: ‘Tiempo para mí’

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Como Sonny (Kevin Hart) se encarga de sus hijos Dashiell (Che Tafari) y Ava (Amentii Sledge) y de los quehaceres de la casa, su esposa Maya (Regina Hall), una arquitecta que se la pasa trabajando todo el día, considera que él debe tomarse una semana para descansar y dedicarse a lo que le gusta y no ha hecho en mucho tiempo. Entre las posibilidades están que Sonny acepte la invitación de un viaje para celebrar el cumpleaños de su mejor amigo Huck (Mark Wahlberg), aunque lo duda, porque sabe que eso implica excesos en todos los sentidos, pero tampoco quiere descuidar a Maya, ahora que, al parecer, un millonario (Luis Gerardo Méndez) se interesa en ella.

En apariencia Tiempo para mí (Me Time/EU/2022) es una película propositiva y con una buena intención, porque ofrece la lectura de un padre que se encarga de su familia como, generalmente, lo haría una madre. Sí, ese discurso está muy bien, en el sentido de que demuestra que “no tiene nada de malo” que un varón sea el “amo de casa” y se dedique al hogar y los hijos/as, mientras la mujer trabaja fuera del hogar para proveer económicamente. Sin embargo, la cinta escrita por el propio Hamburg cae en los estereotipos más comunes y se vuelve un producto más, de lo mismo.

El que el esposo no tenga tiempo para él y que la esposa no sepa nada acerca de la casa y de los hijos/as es lo mismo en un sentido inverso. O sea, eso es lo que sucede con la madre que se queda en casa y el padre que labora fuera. En este caso, el esposo es el “responsable”, “dedicado”, que sabe cada uno de los gustos y necesidades de los hijos/as; la esposa solo trabaja y no tiene idea de eso, mucho menos de cocinar algo o limpiar. Él es quien carece de vida social, porque no puede desatender a su familia, y ella la que se la pasa en reuniones. El esposo es el “fiel”, el de los “arranques de celos” y la esposa, la que podría tener una “aventura”.

Entonces, desde ahí, estamos en una película que no ofrece nada nuevo, al respecto, y contribuye a lo que tradicionalmente ha sucedido, aunque en posiciones diferentes para una y otro. Una verdadera propuesta sería que tanto la esposa como el esposo, llegaran a acuerdos en los que se involucren y responsabilicen equitativamente del hogar y los hijos/as, considerando sus proyectos personales.

Aunado a lo anterior, cinematográficamente, la película recién estrenada en Netflix, tampoco innova. Se supone que se trata de una “comedia” y, en realidad, no hay una sola situación que provoque la risa, menos la carcajada. Contrario a eso, es de mal gusto y por demás repetitivo que se intente hacer reír a través de flatulencias y vómitos.

En las situaciones y personajes, también, el filme recurre a lugares comunes, de ahí que, para llamar la atención, se valga, por ejemplo, de los celos, la rutina del trabajo y del hogar, las vacaciones reivindicativas, del cuarentón solterón e inmaduro, la niñera con doble vida y el esposo con “buena” imagen en la casa, que es un “desastre” fuera. Además, es demasiado predecible, inverosímil, lenta y de pésimas actuaciones. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 4 de septiembre de 2022 en la edición 1023 del semanario Ríodoce.

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