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El último viaje de las primas Sañudo

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Greis Yoheli Sañudo Armenta y Guadalupe Sañudo eran primas y estaban desempleadas. La primera, madre de dos hijos y separada momentáneamente de su pareja. Buscaron empleo y lo encontraron de voz de uno de sus primos, Manuel Cecilio Flores Sañudo, quien estaba acompañado de Francisco David Felician.

Los cuatro partieron a Guaymas, Sonora, el domingo 6 de febrero, y al día siguiente, el destino los alcanzó. Los dos hombres fueron asesinados a balazos y ellas desaparecieron. 12 días después regresaron en ataúdes, uno rosa y otro morado.

Ellas buscaron empleo en una congeladora de Guaymas… y regresaron sin vida.

La tarde del sábado 19 de febrero, las primas hicieron su último viaje.

Eran jóvenes, alegres, fiesteras, pero trabajadoras, así resumen algunos deudos la vida de las primas, mientras integraban el cortejo fúnebre que partió, primero, del ejido Macapul, en donde Lupita tuvo una velación muy breve, y que se reunió a la entrada de Ahome con Greis Yoheli.

El cortejo era mayoritariamente juvenil. Mujeres, principalmente.

Algunas de ellas portaban playeras de algodón, blancas, a las que habían sublimado la imagen de Greis Yoheli.

El cortejo partió del mismo barrio en donde tantas veces convivieron. Caminaron por la carretera Los Mochis-Ahome, cruzaron la parte media del pueblo, y se enfilaron por la calle Belisario Domínguez.

Justo en la iglesia del lugar, hicieron una parada de despedida. Buscaban un cable auxiliar para conectar un celular a un estéreo y despedirlas con la música que les gustaba. Sonaron canciones de Jenny Rivera y después algunos sones yoremes.

FUNERALES DE GREIS. El último adiós.


Cuando se escuchó el sonido de violines y tambores en las bocinas, ellas, las mujeres del cortejo fúnebre pararon las carrozas. Una de color gris y otra de tono negro, y comenzaron a danzar a la usanza yoreme.

Sin llevar tenábaris ni sonajas, las amigas los simularon y danzaron, bailaron, mientras el sol estaba en lo alto. Bailaron dos o tres piezas, y mientras se relevaban, algunas soltaron el llanto o se empinaban el bote de cerveza, que decían, era a salud de las primas.

Y así recorrieron los últimos metros de un camino polvoriento y accidentado.

Atrás quedaban los rencores, los desencuentros y era el momento del último adiós. Las carrozas se separaron, de una, fue bajado un ataúd rosa y de la otra uno morado.

El cortejo comenzó a organizarse y los gritos de no familiares se escucharon. “Sin familiares, porque se los llevan”. Esa es una creencia en esa ranchería que según la voz popular, todo familiar que cargue el féretro hacia la tumba fallecerá, porque los muertos los reclamarán.

Luego, la despedida. Llantos e historias se corren entre el viento y el polvo.

Mujeres que dicen ser familiares de Guadalupe encaran a reporteros. No quieren fotografías. Los hombres amenazan con golpearlos, con quitarles las cámaras. Todos están briagos. Algunos denotan sentidos embotados, como viajando con los ojos abiertos. Se muestran fieros, provocadores. La situación es tensa y amenaza con salirse de la prudencia, cuando una persona mayor ofrece disculpas por el desaguisado.

Ellos justifican la agresividad en que no sabían que esos mismos reporteros los habían ayudado para que las primas pudieran regresar a casa pronto y que los gastos funerarios fuesen pagados por los gobiernos de Sonora y Sinaloa, porque las familias eran pobres, tanto que no tenían cómo sufragar esos gastos.

En la sepultura de Greis Yoheli, la situación es triste. Los dolientes cantan Amor eterno. Hombres y mujeres lloran tendidamente, por igual. Ellos no encaran a nadie.

Mirna Nereyda Medina Quiñónez, quien fue clave en el retorno de los cuerpos, está en el cortejo. Ella se movilizó con los gobiernos de Sonora y Sinaloa para trasladar los féretros, y antes contactó al colectivo Guerreras Buscadoras de Sonora para que buscaran a las muchachas que habían sido reportadas como desaparecidas desde el lunes 7 de febrero, cuando se perdió contacto con ambas.

“Este es un caso de esos que duelen mucho más, porque eran jóvenes, muy guapas, que buscaban empleo para mantener a sus familias. No sabemos qué fue lo que pasó, pero terminó muy mal. Hicimos todo lo posible por encontrarlas, teníamos la esperanza de que estaban vivas, pero no era así. De todo lo malo, lo bueno es que su familias sabrán de ellas y no sufrirán la incertidumbre de una desaparición”, dijo.

Ese día los dos hombres fueron baleados en el parque Infantil del fraccionamiento Colinas de Miramar, ubicado sobre el bulevar Faustino Flores Serna. Uno murió en el lugar, el otro falleció en un hospital, y ellas desaparecieron.

Días después, una mano brotó de la tierra en el rancho El Caballo, a las afueras de Guaymas. Trabajadores habían encontrado una tumba clandestina con dos mujeres. Eran las primas.

Artículo publicado el 27 de febrero de 2022 en la edición 996 del semanario Ríodoce.

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