abril 17, 2021 10:28 AM

El trágico destino de un atleta: Alan Lerma dejó las pistas para morir víctima de un asalto

ALÁN LERMA (IZQ.). Vida truncada.

Con 29 años vio truncos todos sus sueños. Las balas acabaron con ellos. Fue campeón de atletismo. Las 100 y los 200 metros planos eran su especialidad. Era una saeta. Con menos de 18 años ya había representado no solamente a Sinaloa sino a México en Campeonatos Mundiales.

Pero eso no podrá ser más para Alan Lerma, asesinado en Tierra Blanca el lunes pasado.

Según el reporte inicial conducía un automóvil Chevrolet Spark color rojo cuando un desconocido le disparó en un presunto asalto. Alan quedó muerto en el lugar. Estaba trabajando como chofer de Uber, había necesidad de ello.

Ni las medallas ni los reconocimientos sirvieron de algo para un joven que tuvo que cambiar las pistas de tartán por el asfalto con baches en la ciudad de Culiacán que los primeros dos meses de 2021 ha cobrado la vida de 64 personas.

La precariedad, la estigmatización y la privación de las oportunidades alejan a los y las jóvenes de mejores oportunidades. El etiquetarles y la privación de derechos merma y origina que se conviertan tanto en víctimas como en victimarios en una ciudad altamente relacionada con el narcotráfico.

A partir de ahí surge un término que desde 2012 ha venido cobrando relevancia: el juvenicidio.

 

El juvenicidio

El término juvenicidio parece exagerado. Pero en las últimas décadas, estudiosos del tema han centrado la mirada de una realidad que atraviesa México en prácticamente todo su territorio. El término se simplifica al asesinato sistemático de la población joven.
Ese es el significado que acuña José Manuel Valenzuela Arce, investigador del Colegio de la Frontera Norte (Colef) y que comenzó a usar en 2012 a partir de la publicación de su libro “Sed de mal. Feminicidio, jóvenes y exclusión social”.

Según la investigación de Valenzuela Arce a través del Colef, el juvenicidio inicia con la precarización de la vida de este sector. Al respecto, la investigadora sinaloense Iliana Padilla Reyes explica que es la falta de políticas públicas adecuadas para atender a las juventudes y sobre todo dar reconocimiento y pertenencia.

“¿Qué pasa en una colonia con el joven que destaca en el atletismo no es reconocido pero sí es reconocido el joven que ya trae su camioneta nueva y el que trae un arma y el que ascendió en el narcotráfico? Lo que pasa es que si la sociedad no reconoce a ese joven que es atleta, entonces a qué van a aspirar las futuras generaciones”, cuestiona.

Al ser relegados por la ausencia de políticas públicas adecuadas la pregunta es qué esperar de estas juventudes. La pregunta que plantea Iliana Padilla es a quiénes van a admirar los jóvenes.

 

LA TARDE DEL HOMICIDIO. Un nuevo juvenicidio.

“Es un asunto de aspiraciones, de lograr reconocimiento en tu comunidad. Entonces si no hacemos que los jóvenes artistas, los deportistas, sean alguien, tengan ese reconocimiento entonces los que vienen observando pues tampoco van a querer seguir ese camino”.

En Sinaloa según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) son casi 600 mil hombres y mujeres entre los 20 y los 29 años de edad hasta el corte del año pasado. Y el estado lleva tiempo apareciendo entre los sitios líderes en el fenómeno.

Las cifras oficiales señalan que el homicidio doloso se redujo un 13 por ciento durante 2020 y si bien tiene una tendencia a la baja a partir del 2018, la desaparición forzada de personas tiene un comportamiento sostenido de incrementos desde el 2015, según un análisis de la Coordinación General del Consejo Estatal de Seguridad Pública (CESP), y en 2019 el número de denuncias por desaparición fue de mil 161, mayor al de homicidios que fue de 896.

Por otra parte, según datos de la investigadora Iliana Padilla, entre el 2007 y el 2018 se contabilizan 7 mil 600 hombres y mujeres de entre 15 y 35 años que fueron asesinados en el estado; esta cifra equivale al 2 por ciento de la población en esas edades.

Pero el caso del joven Lerma no encaja del todo con el crimen organizado. Al menos no se le vinculaba en ese fenómeno.

Manejaba un Uber, fue atleta y tuvo que cambiar su vida para dedicarse a otro giro y buscar el sustento de su familia.

Alan asistió al Campeonato Mundial Juvenil Sub 18. Fue en Bressanonoe, Italia en julio de 2009 con apenas 16 años de edad. Dejó marca de 10.92 segundos en los 100 metros planos cuando la Federación Mexicana de Atletismo pedía 11.00 segundos. En la competencia en Italia logró colarse entre los mejores 25 del mundo de 94 participantes.

Logró dar la marca durante la extinta Olimpiada Nacional de ese mismo año. En esa competencia logró el primer lugar en relevos combinados, la plata en los 200 metros planos y la de bronce en salto de longitud. Era en ese 2009 una gran promesa de las pistas de atletismo.

Lerma Figueroa fue estudiante de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) en donde cursó la preparatoria en la Escuela Emiliano Zapata, la EPEZ, pero más tarde se ve forzado a abandonar todo tipo de vida académica por la necesidad de trabajar para mantener a su familia. Las pistas y las clases tendrían que esperar.

Pero el sistema no solamente le falla a Alan Lerma. Le falla también a su familia. Deja un huérfano quien tendrá que crecer sin su padre, asesinado durante su jornada de trabajo. Le quitaron la vida durante la tarde noche del lunes 22 en la colonia Tierra Blanca. Estaba trabajando, buscaba ganar unos pesos para mantener a la familia que ahora, involuntaria y fortuitamente, ha dejado para siempre.

A Alan Lerma le falló el Estado.

Artículo publicado el 28 de marzo de 2021 en la edición 948 del semanario Ríodoce.

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