diciembre 3, 2020 6:12 PM

El filtro de la muerte

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Se dice frecuentemente que la muerte en general no respeta edad, género, estatus social, que cuando llega levanta parejo, no distingue entre el deportista más aplicado y el pordiosero más humilde. Es la regla de la vida. Pero la enseñanza de estos ya largos ocho meses de convivir con el Covid-19 parece demostrarnos que también puede ser selectiva.

¿Quiénes se han contagiado principalmente de este nuevo coronavirus que en estos días ronda los 20 mil sinaloenses?

Bueno, de acuerdo al levantamiento de información cuantitativa que viene haciendo cotidianamente la Unidad de Estudios y Proyectos de la Secretaria de Salud del Gobierno del Estado de Sinaloa, los contagiados principalmente provienen de los siguientes grupos de comorbilidad: No vacunados contra la influenza (82.3 por ciento), hipertensos (25.06 por ciento), obesos (19.8 por ciento), diabéticos (16.3 por ciento) y fumadores (5.4 por ciento), entre otros, que hasta el 9 de septiembre alcanzaba en números redondos los 17 mil 195 casos distribuidos entre 8 mil 704 hombres y 8 mil 491 mujeres. Es decir, del universo total de cada uno de estos grupos mórbidos son esos porcentajes los que literalmente no la libraron de estar contagiados del virus chino.

Pero ¿qué pasa con los fallecimientos sinaloenses por Covid-19 que ya ha superado los 3 mil casos? Primero, llama la atención de aquellos paisanos contagiados que no se aplicaron la vacuna de la influenza en 2019, son los más vulnerables, pues de cada diez detectados nueve se fueron al espacio sideral.

Le siguen los hipertensos donde de cada dos registrados uno también partió al más allá. Los obesos, esa constelación donde confluyen todos los males del mundo se llevó uno de cada cuatro registrados.

Los diabéticos fueron el cuarto grupo que se llevó a 35 de cada 100 enfermos de este mal que daña órganos. Los fumadores también fueron atacados por el bicho y prácticamente a uno de diez infectados.

Y, así, hay otras comorbilidades que contribuyen a esta leva que no sabe de distingos sociales y económicos, pero, donde no todos, somos iguales.

El diario Noroeste a través de su unidad de investigación Indaga realizó un escrutinio entre las actas de defunción y encontró dos datos que me parecen fundamentales: Que no todos los contagios y fallecimientos por Covid-19 estaban registrados y reportó que por cada registro había diez sin él, en un ejercicio de comparación con respecto al año pasado y el otro dato es que los mayores efectos negativos estaban no en los adultos mayores, ni tampoco en las morbilidades, sino en la precariedad de ingresos. O sea, los más pobres, son los más expuestos a ser contagiados sea por sus mitos acerca del mal o la necesidad de salir a buscar diariamente la “chuleta”.

O ambas. El confinamiento para ellos es un lujo que no pueden darse nunca por razones de sobrevivencia. Más, cuando no ha habido una política destinada a apoyar a las empresas y trabajadores formales o informales. La directriz silenciosa es que “cada quién se rasque con sus propias uñas”. Y, así la gente, lo ha asumido, como un asunto personal y no cómo un problema social que lamentablemente está fortaleciendo el individualismo y la insolidaridad.

Quizá, eso, explica la falta de cohesión social cuando los llamados “Quédate en casa”, “Mantén tu sana distancia”, “Usa el cubrebocas” no son atendidos y cada quién hace lo que quiere sin importar el otro. O sea, hay aspectos de orden psicológico, en los comportamientos de indiferencia en muchas personas y la autoridad se hace de la vista gorda.

Esta matriz problemática es lo que nos tiene en una situación de emergencia pública ante eventuales rebrotes que podrían presentarse en los días fríos del próximo invierno, como viene sucediendo ya en otras regiones y países donde ya están las bajas temperaturas.

Recordemos simplemente que en ese periodo es cuando se presenta el mayor número de casos de gripe e influenza. Y la colecta silenciosa de las personas más vulnerables. Ya sabemos que todavía no existe vacuna contra este coronavirus y es muy probable que no habrá hasta el próximo año.

Entonces, con los datos oficiales que arriba mostramos podemos tener medidas preventivas respecto de nuestras morbilidades que están asociadas a los malos hábitos alimenticios, al sedentarismo y falta de control sobre la presión arterial o la diabetes, más la adición al consumo compulsivo de tabaco pero, sobre todo, si se quiere evitar complicaciones hay que ponerse la vacuna contra la influenza. En algo nos sirve.

Sólo de esa manera podemos poner un filtro a la muerte que hoy ronda por las calles y los hospitales sinaloenses.

¡Al tiempo!

Columna publicada el 25 de octubre de 2020 en la edición 926 del semanario Ríodoce.

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