julio 25, 2021 4:50 PM

La deriva de los intelectuales  

JOSÉ WOLDEMBERG. Fichaje extraño.

“Contra la deriva autoritaria y la defensa de la democracia”, un grupo de académicos, empresarios, periodistas y políticos han saltado al espacio público llamando a votar para generar un nuevo equilibrio en las elecciones federales intermedias de 2021 porque el existente no le sirve al país, es más, lo daña.

Su proclama propagandística es legítima, pero eminentemente política, tiene que ver con el sistema de partidos y la lucha por el poder, misma que habrá de dirimirse en las urnas el próximo verano, cuando habrá de integrarse la nueva legislatura federal.

Cierto, para el presidente López Obrador, es la elección principal pues con ella está en juego el proyecto de la 4T, ya que es en este órgano legislativo donde se aprueba la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación.

La proclama coincide con la tesis de la derecha de FRENA y el calderonismo: que la mayoría del obradorismo se vaya dejando el espacio al pluralismo cuando este existe con ocho partidos con representación incluso con legisladores sin partido.

Entonces, esto significa ampliar el espacio para el regreso del PRI, pero especialmente al PAN, que hoy lidera el proyecto político más consistente y en marcha de la oposición.

Sus nueve gobernadores están en la línea de un nuevo pacto fiscal que haga más “equilibrado” el reparto entre los ingresos generados y los que recibe cada uno de los estados, es decir, están en contra de que los llamados “estados ricos” sigan subsidiando a los “estados pobres” que es un principio de subsidiariedad previsto en la Constitución y las leyes reglamentarias.

Pero, no sólo eso, el PAN es el partido hegemónico de lo que genéricamente se conoce como Bloque Opositor Amplio (BOA) y al final, como termine llamándose, será la principal fuerza opositora en las elecciones concurrentes de 2021.

Y, FRENA, el movimiento golpista que mantiene el mayor activismo contra López Obrador, tarde que temprano encausará sus fuerzas al terreno electoral salvo que Gilberto Lozano, su dirigente visible, cometa antes una locura.

Entonces, la proclama contra el autoritarismo y a favor de la democracia no es en abstracto, tiene consecuencias y asideros, estaría por acción u omisión destinado a fortalecer el proyecto político de la derecha.

Sin embargo, tampoco habrá que hacer tabla rasa en la lista de los “abajo firmantes”, si bien en ella destaca la figura y prestigio de José Woldenberg, quien fue un pilar de la transición democrática, en el resto se encuentran personajes de dudosa lealtad democrática y más proclives s hacer negocios con los gobiernos del PRI y el PAN.

No obstante, razones de amistad y convicciones de juventud, los reúnen en esta cruzada contra la llamada tiranía de la mayoría (Michels) obradorista a la que le reconocen legitimidad electoral para luego ponerle banderillas de que estas coaliciones legislativas son espurias, dolosas, antidemocráticas.

Habrá que recordarles que esto sucede en todos los parlamentos del mundo y es un derecho legítimo de la mayoría y está sujeto a pactos, es más, así ocurrió antes en nuestro sistema político, con el PRI y el PAN, por lo que inevitablemente volverá a ocurrir, sea el partido que esté en el poder.

Claro, quedan a salvo sus derechos políticos, para ser parte de esa “gran” coalición opositora que disputará “todo” en 2021 y eso es la democracia, la lucha ordenada por el poder.

Lo que es discutible, es que, en aras de ese poder alcanzable en la competencia por los votos, se esgrima que quien lo está ejerciendo busque destruirlo para sus propios fines, sin duda, un exceso pues las instituciones funcionan.

El INE y los institutos locales volverán a organizar las elecciones concurrentes y nuevamente darán resultados conforme a un marco normativo homologado en tiempo y forma, y solo sería de esperar por razones, más que obvias, un gran acuerdo para un necesario ajuste de los presupuestos multimillonarios para partidos e instituciones electorales.

Y a eso hay que apostarle, que las instituciones sigan funcionando, produciendo ganadores y perdedores por medios legítimos, aun en entornos adversos marcados por la pandemia y la violencia criminal. Los verdaderos enemigos de la democracia, porque simple y sencillamente no atienden más leyes que la suya.

En definitiva, hablar de deriva autoritaria, es un exceso, sobre todo cuando ocurre en el momento que habrán de elegirse cuatro consejeros generales en el INE mediante un proceso riguroso y transparente, sujeto a evaluación a puntaje, y que habrá, de impactar en la calidad de los procesos electorales del año siguiente.

Para, empezar, no salió adelante la carta que llevaba John Ackerman y aunque tendrá que refrendar la Cámara de Diputados, se terminará imponiendo el criterio de pertinencia de los perfiles.

Entonces, con esta nueva proclama antiAMLO que seguramente impulsan Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze, los militantes más persistentes de la lista y también los más afectados en sus empresas, dan un paso en la defensa de sus intereses. Quizá lo novedoso es el fichaje de José Woldenberg y Enrique de la Serna, que a mediano plazo alimentará indirectamente el bloque opositor para las elecciones de 2021 y si se puede en la consulta para la revocación de mandato en 2022. Lo cual es legítimo, pero raro entre intelectuales.

¡Al tiempo!

Columna publicada el 19 de julio de 2020 en la edición 912 del semanario Ríodoce.

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