diciembre 2, 2020 3:28 AM

Del fastidio como un lujo

Hospital Gral-1

La pandemia entró hace un par de semanas en una etapa de fastidio. Los anuncios de muertos y contagios, cada día creciendo, extrañamente perdieron la atención de muchos. Llegó la nueva normalidad, donde nada sorprende. 200 muertos es igual que 800. ¿Hoy –julio- es menos peligroso que marzo? No, seguramente al contrario, es peor.

Lea: Hoy no hay muertes por Covid, mañana tampoco https://bit.ly/2WevoyI

Solo alguien en estado de aburrimiento deja de sorprenderse. Fastidiarse, enfadarse y aburrirse es un lujo, y los lujos no se los puede dar cualquiera. Son exclusividad de quienes alcanzan suficiente confort para mantener ingresos y enfrentar los menos riesgos posibles, sin la necesidad de salir a la selva.

El enclaustramiento, sumado al bombardeo constante de información, mitos, mentiras y bromas, saturan a cualquiera. Excepto a quienes sin opción salen a diario al trabajo, si aun lo tienen, o a cualquiera de las actividades de la economía informal.

Hoy, la calle es la selva. Siempre lo ha sido, en mayor o menor medida. Dado el alto nivel de contagio del virus y la letalidad que representa, es un peligro constante cualquier sitio, incluso la vivienda misma.

La pandemia ataca debilidades. Desde la salud personal hasta las fragilidades de un país. El virus es particularmente agresivo entre los mayores de edad y quienes enfrentan un padecimiento crónico-degenerativo.

Entre más débil va peor. Por eso si el sistema de salud está enfermo, frágil y pobre –como el nuestro en México- las dificultades son letales.

Hace algunos meses, en febrero pasado, cuando el virus estaba por China y Europa era una lejana amenaza, se pensaba. Y fuimos de la incredulidad a la preocupación. Muy pronto llegaría el miedo, brincó a México rápidamente, en menos de un mes, si no es que antes ya estaba sin darnos cuenta. Siguió el terror, las muertes y contagios se multiplicaron. Pasaría después a una estabilización engañosa, como si todo fuera una repetición del día anterior.

Ahora estamos en el fastidio. Aunque poco ha cambiado, incluso muchas de las circunstancias empeoran.

El personal médico sigue con las restricciones de su equipo de protección. Están hasta el tope de trabajo. Si han dejado las manifestaciones es por el mismo fastidio de reclamar y reclamar sin una respuesta. Enfermeras y administrativos en hospitales pasaron de no tener suficiente equipo de protección a conformarse con tener uno al día, aunque no puedan ni ir al baño en su turno, porque quitárselo para respirar implica que no les darán otro hasta el siguiente día.

Entonces han optado por colocar mantas, al menos, el cansancio es demasiado para que aparte de la jornada tengan que organizar una protesta. Pero hay que insistir, aunque no lo hagan, no han mejorado sus condiciones.

Como en todas las pérdidas –la muerte o el desamor- que tiene distintas etapas, los sucesos que impactan nuestra vida pasan por etapas, y esta corresponde al fastidio. La vida en tiempos de la peste se estacionó. La repetición lleva al aburrimiento, en quien tiene el lujo de fastidiarse.

 

Margen de error

(Anillo) El fastidio de muchos se convierte en comodidad de otros. Los cuatro meses anteriores, y por lo que parece el resto del año, muchas de las actividades publicas seguirán paralizadas.

No todo el gobierno está detenido, pero si una gran parte. Unos culpando a la pandemia y otros porque presupuestalmente los dejaron sin nada.

El poder judicial y legislativo están congelados. Uno de plano detenido, y el otro a medio gas a veces y otras posponiendo todo. El ejecutivo mientras tanto culpando de todo a la pandemia y paralizado en otras muchas de sus actividades esenciales, mientras no sean las cajas para el pago de impuestos, contribuciones o derechos.

Esta nueva normalidad sí que le cayó como anillo al dedo a muchos dentro del gobierno.

¿Hasta qué momento seguirá siendo justificable que muchas de las actividades esenciales sigan postergándose con el pretexto de la pandemia?

 

Mirilla

(Secrecía) Con los ciudadanos en casa, con algunos medios enclaustrados, las sesiones públicas convertidas en privadas, restringidos los accesos, todo se maneja con una cómoda secrecía.

La transparencia y rendición de cuentas serán otras de las víctimas colaterales de la pandemia. Directamente tendremos afectadas de inmediato la expectativa de vida y la situación económica.

No habrá forma de salvar la situación mientras se mantenga la idea de tratar por iguales a desiguales. Un policía o una enfermera no puede negarse a su responsabilidad, pero hay muchos que por ahora sí están negándose a lo que les corresponde (PUNTO)

Columna publicada el 12 de julio de 2020 en la edición 911 del semanario Ríodoce.

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