agosto 12, 2020 9:13 PM

Rumores y tempestades

jueves negro-ovidio guzman

Las benditas redes también acarrean maldiciones. El martes 3 de diciembre, a mes y medio de la toma de la ciudad de Culiacán por los grupos armados de los hijos del Chapo Guzmán, una serie de mensajes de audio y texto por WhatsApp, encendieron de nuevo las antenas de pánico.

Lea: De nuevo pánico en Culiacán; fricciones en el Cártel de Sinaloa https://bit.ly/2LB5DTO

No es exagerado decir pánico, se trata de un miedo intenso que se vuelve colectivo y contagioso. Con cautela en algunos sectores, con arrebato en otros, por sí o por no, los mensajes se replicaron e invadieron a una ciudad que se acerca al millón de habitantes.

No era para menos, todavía no se sale del asombro del jueves 17 de octubre. Los tiempos no están para andarse en confianzas con nada ni nadie. Y la desconfianza social se transforma en paranoia —no psicosis, como se dijo en algunos lados.

Los mensajes se volvieron rumores, porque contaban con algo que parecía información creíble, nombres reales y precisión de sitios. Se mezcla lo cierto con lo falso. Hablaban de una historia de conflicto interno y de capos que controlan zonas.Todo en una síntesis envidiable, corto y directo. Del lado de los receptores del mensaje, estaban los ingredientes precisos para cerrar el círculo: interés en el tema y ausencia de información.

Así, el martes 3 de diciembre se repitió el viejo truco de sembrar el pánico, con mucha mayor simpleza de la que utilizó Orson Welles hace 80 años, cuando en la radio dramatizó la llegada de extraterrestres a los Estados Unidos, y miles lo creyeron.

Los rumores catastrofistas no son un invento del siglo XXI y las redes sociales, ni siquiera de los medios masivos de comunicación, han acompañado a la historia de la humanidad. Apenas el humano tomo una piedra en sus manos y machacó una semilla o se la lanzó a un animal para espantarlo o volverlo comida, la humanidad dejó de explicarse como había sobrevivido hasta entonces sin conocer esa herramienta.

Hay un mundo anterior al Facebook y al WhatsApp, aunque los veinteañeros no lo crean.

Margen de error
(Rumor vs Información) Hay muchas formas de atajar un rumor. Una es básica y simple: ir a ver. No todos pueden ir a ver, claro, y no siempre es posible moverse al lugar para confirmar o descartar.

El martes 3 de diciembre eso hizo la Policía Estatal de Sinaloa, se movió al lugar. Fue a ver. ¿Por qué a ese lugar preciso donde mencionaban los rumores, al norte de Culiacán? ¿Por qué no descartar más rápido con los sistemas de video vigilancia?
Solo que mientras la Policía se movilizaba el vacío de información se ampliaba. Y cada quien fue tomando sus decisiones: las escuelas en clases cerraron y despidieron a sus alumnos, lo mismo hicieron algunos negocios con sus empleados y clientes. El número de personas en la calle buscando transporte se incrementó y de repente algunas rutas de camiones decidieron interrumpir el servicio… todo estaba a un pequeño paso del caos. No pasó. Pero estuvo cerca.

Mirilla
(Oficialismo) A las 3:59 de la tarde de ese martes 3 de diciembre, el gobernador de Sinaloa Quirino Ordaz, pedía calma porque “están circulando noticias sobre balaceras en la ciudad de Culiacán” y pedía no seguir compartiendo en redes sociales. Su respuesta es frágil, débil, no es contundente. Tardía, porque ya sumaban dos horas compartiéndose, ascendió el rumor al punto en que se toma como cierto. Y un segundo error: llama “noticias” y “notas” que no son de fuentes oficiales.

Pasó todavía otra hora para que el Secretario de Seguridad, Cristóbal Castañeda, hablara en el sitio sobre lo que pasaba. A las 4:50 pm decía que los recorridos de patrullas por todo el sector no corroboraban la presencia de grupos armados.

Una cosa es cierta ahora, al final de la segunda década del siglo XXI, la inmediatez de los mensajes vuelve más difícil atajar los rumores. Sin contar que es difícil saber cuándo uno de los muchos en el espacio encenderá la mecha, o se quedará perdido en el mundo inabarcable de mensajes.

Atajar un rumor es una carrera contra el tiempo. Apagar la mecha antes de que explote.

Cuando desde las fuentes oficiales piden a los ciudadanos interconectados que esperen los anuncios oficiales, es como si quisieran regresarse al siglo pasado para comunicar un mensaje.

Por eso en las lluvias primero circula la suspensión de clases falsa, o la tragedia inexistente. Muchas veces es el chistoso que se adelanta.

Deatrasalante
(2008) En mayo de 2008, cuando realmente se desató la guerra contra el narco en México —no en 2007 como dicen muchos—, se soltaron los rumores en Culiacán. Dos días en una misma semana, el martes 6 y el viernes 9 de mayo.

No existía WhatsApp, los teléfonos móviles estaban menos generalizados que ahora y muchos no eran inteligentes, aún. Pero existía el teléfono convencional, también los chats de mensajería instantánea.

El rumor se propagó con mensajes múltiples: Mataron a la madre de un capo y al hijo de un político. Hay una bomba en Forum (el más grande centro comercial entonces, y ahora). Acribillaron a ocho policías en Las Quintas y bloquearon el aeropuerto…explotó una bomba en un kínder, donde van los hijos de Fulano.

Y Culiacán creyó en 2008, como creyó en 2019.

Hay similitudes, como siempre. Aquel mayo de 2008, habían pasado apenas unos días de la balacera del 30 de abril, donde habían detenido a pistoleros apenas a unas cuadras de la casa del gobernador Jesús Aguilar. El suceso paralizó la ciudad. El ambiente era perfecto para el rumor.

Ahora pasó mes y medio del jueves 17 de octubre y la toma de Culiacán. Si vamos a las comparaciones: Un chiste aquel 30 de abril comparado con este jueves 17 de octubre. Aunque el rumor en aquel entonces, le ganó a este. Pero no es un juego de vencidas. Solo son rumores y tempestades (PUNTO)

Columna publicada el 8 de diciembre de 2019 en la edición 880 del semanario Ríodoce.

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