diciembre 11, 2019 2:27 pm

Viene el ‘Lobo’, cambiemos la conversación

amlo y banqueros

Arranca el segundo año de gobierno del Presidente López Obrador con anuncios de que aparecerá el Lobo. Como en el juego infantil o el cuento de Caperucita Roja, durante todo el primer año se repitió hasta el cansancio que el Lobo estaba cambiándose en el bosque, o que se disfrazará de la abuelita para esperar con un camisón en la casa y comernos.

Lea: Doce meses entre la esperanza, el odio y el desconcierto https://bit.ly/2YcnZzH

La amenaza del Lobo por un lado y por el otro la promesa de que es una nueva versión donde la Caperucita, sin ayuda del leñador, se come al Lobo, lo que revela es una conversación pública ciclada, trabada como una computadora que está encendida pero es imposible abrir otra ventana, ni moverse adelante o atrás.
O se reinicia, o nos quedamos viendo cómo no sucede nada.

Los grupos que participan en la conversación colectiva están contrapunteados. El Presidente López Obrador habla, refuta, choca, y desde algún lado se habla, refuta y se busca el choque. Así la hemos pasado el primer año. No existe tema o posicionamiento donde se vea punto de encuentro.

El principio es muy simple. Ambos se hablan entre ellos. No le hablan al otro ni a los otros y menos se busca el entendimiento. Desde el gobierno federal y quienes abiertamente se dicen sus seguidores se hablan entre sí, y lo mismo quienes temen al futuro, hablan de un panorama desolador y catastrófico para lo que resta del gobierno.

Algo es claro al empezar este segundo año del Presidente López Obrador: él no puede seguir igual, ni los grupos de poder que lideran la conversación pública tampoco. Y no es que de un día a otro pasen de las acusaciones a los abrazos, sino que en algún momento tendremos que comprender que el ejercicio del poder —y dentro de él la conversación y debates necesarios en toda democracia— pasa también por la inteligencia colectiva y los límites de todo poder público democrático.

Tratándose de política y ejercicio del poder, Andrés Manuel López Obrador tiene claro dónde es fuerte y un experto: en la resistencia. Lo es además en dos sentidos de la palabra: el verbo resistir, que es aguantar, oponerse a una fuerza en contrario; y en el término eléctrico, donde una resistencia tiene la función de aminorar o disminuir la carga eléctrica en un circuito.

Me explico: López Obrador demostró una capacidad de aguante a toda prueba. Derrotado en dos ocasiones soportó y se mantuvo. Ahora como presidente es una resistencia, por él pasa todo el flujo de información, decisiones y también críticas, como hace las veces de resistencia atenúa el flujo de todo una vez que pasa por él.

Quienes se encargan de anunciar la llegada del Lobo —convencidos, mutu proprio o por mandato no logran abrir la conversación porque están estancados escuchando lo mismo, entre los mismos. Los grupos empresariales escuchan conferencias de los ideólogos de siempre, cierran oídos a cualquier punto en otro sentido. Los partidos políticos distintos a Morena, recurren a los argumentos de un pasado reciente que está agotado mucho antes de que se dieran cuenta. Junto con ellos se suman otros muchos grupos, organizados o no, que igualmente se hablan entre ellos y no se abren a escuchar.

Margen de error
(Segundo año) Con todo esto López Obrador y su gobierno no pueden iniciar simplemente un segundo año de gobierno, como si se tratara de la continuidad del primero. Las circunstancias son distintas.

La popularidad del Presidente que lo envalentona a niveles de preocupación, no es la misma de hace un año. Los resultados de este inicio son más que los que le regatean y a quienes llama adversarios, pero menos de los que Morena, aliados y él mismo presumen.

Algunos de los cambios son de calado hondo, pero sin la firmeza de mantenerse en el tiempo. Otros son más de forma que de fondo. En medio hay evidentes retrocesos, que en nada contribuyen a una solidez de Estado, no de gobierno.

Mirilla
(Violencia) La inseguridad será un tema de permanencia. Aquí no se trata de algo que pueda desentenderse o dejar para después. Lo acompañará por siempre. El pozo en que se encuentra en el país es sin límite, cada vez caemos en nuevas profundidades. Ni tantos abrazos, ni tan apretados, ni cero balazos. El Plan Nacional de Seguridad y Paz que anunció hace un año necesita retomarse y corregirse en la vía del consenso. Hasta ahora ni siquiera una cuarta parte del Plan se ha intentado implementar.

Primera cita
(Morena) El Partido del Presidente está por acudir a su primera cita real. Una donde López Obrador esté presente pero no sea un actor. Es ingenuo pensar que se podría nulificar. Pero no debe estar en las boletas en el proceso intermedio, debe quedar fuera de toda sospecha la utilización de recursos públicos, y lo que es más difícil: la intervención de la estructura de los programas públicos, base fundamental de su gobierno.

Deatrasalante
(Sumar) Si López Obrador no suma a muchos de quienes no formaron parte de su proyecto en la campaña, el segundo año de gobierno será de más anuncios de Lobos —reales e imaginarios— y él correrá el riesgo de encapsularse como sus propios detractores, escuchándose entre sí, o solo lo que le gustaría oír (PUNTO)

Columna publicada el 1 de diciembre de 2019 en la edición 879 del semanario Ríodoce.

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