diciembre 6, 2019 11:17 am

¿Abrazos, Élmer?

elmer

¿Abrazos, señor Presidente?, es un buen título para un artículo periodístico, pone de entrada en duda la afirmación obradorista: “abrazos, no balazos”, la vuelve interrogante, y la interrogante es el instrumento del periodismo, la que escudriña, pulsa, provoca, disiente y busca una respuesta inteligente, informada o no, o simplemente se deja como tótem de una preocupación pública que cualquiera puede asumir como propia, y más quien tiene la pregunta o las preguntas correctas, el oficio de escribir, el medio donde publicar, la capacidad de multiplicar su voz hasta el infinito ¿y eso basta?

Pues sí, y es lo que hace Élmer Mendoza, quien asume sin rubor que hoy es lo suyo, la conciencia colectiva, las pulsaciones que dejó el momento trágico del jueves 17 de octubre y lo recupera desde su púlpito iconoclasta y sus historias bizarras de narcos y policías, a despecho de otros miembros del Colegio de Sinaloa ausentes en el espacio público y varios tan alejados del terruño que los vio nacer y por su edad con sus problemas de salud cotidianos, y da gusto el discurso converso de último aliento, que alguien de ellos rompa con el protocolo, las formas, del buen comportamiento, de la etiqueta intelectual políticamente correcta, aquella galvanizada y a prueba de sacudidas coyunturales, sean estas por corrupción en la esfera pública, fraudes electorales o simple y llanamente por los tres o cuatro asesinatos que ocurren a diario en Culiacán, Mazatlán o Ahome.

Esos que son el pan de cada día de esta tierra tan bella y que ya a nadie le quitan el sueño. “Es normal”, alguna vez dijo sin pensarlo mucho Jesús Aguilar Padilla, desde el púlpito del gobierno del estado sin provocar la reacción en Ëlmer que estaba en otro ánimo y quizá por eso no escribió en contra de esa tontería digna de una antología de la infamia sinaloense. Una anomia que ninguna sociedad merece cargar sobre su espalda y menos que sus intelectuales vuelvan la vista hacia otro lado.

Sin embargo, Élmer Mendoza ahora si se preocupa e interroga al Presidente de la República, al que seguramente no le votó, porque su activismo siempre ha sido en otro lado. Acaso nos olvidamos ya de su actividad organizando foros con otros menos renombrados para “dotar de una política cultural al estado” que luego se tradujeron en cargos para su grupo. Pero, corrijo, aumentado, también en la UAS donde es la quintaesencia de la cultura sinaloense con sus homenajes en vida y, claro, sus becas, promociones hasta convertirse en lo que es hoy: Presidente del Colegio de Sinaloa.

Y nuevamente premios, reconocimientos y discursos, como es el caso el más reciente en la Feria del Libro de Los Mochis, sé que dirán los organizadores que se lo merece por trayectoria y si eso no fuera suficiente, por la novela ambientada en la tierra de Owen y Johnston, aunque no sea la de mayor éxito comercial, pero eso ¿qué importa?

Interesa, por ser un escritor sinaloense capaz de una narrativa dulzona del narco sinaloense que un amigo español la clasificó como literatura para turistas. De la escuela que creo Pérez Reverte con la exitosa novela La Reina del Sur. Nada que ver con la narrativa testimonial, cruda, violenta; dulce y humilde de Javier Valdés.

Entonces, ¿abrazos, señor Presidente?, podría ser un acto impostado de conciencia colectiva, una pregunta que busca instalar en el imaginario colectivo o en su propia conciencia atormentada o mensajes encriptados de dolor por esa ciudad que una tarde de perros superó y con mucho su propia imaginación.

Quiero pensar que a Élmer lo mueven más los años, los malditos años que traen vejez y mala salud, y que al final de la vida terminan por ayudarnos a recuperar algo de valentía de nuestra juventud. Aquella que seguramente vivió al lado de su amigo que militó en la Liga Comunista 23 de Septiembre y que le impulsó a escribir su mejor novela: El Amante de Janis Joplin, y que luego trajo otras con falta de fuelle humano, escritas solo para satisfacer las necesidades banales del mercado, de su bolsillo.

Se lo escuché decir hace unos años en la FIL de Guadalajara, que tenía compromisos con su editorial de escribir una novela al año, como si la vida estuviera sujeta a calendarios comerciales y la pasión fuera cosa de tomar uno o dos cafés exprés.

Que no era fácil después de sufrir una crisis cardiaca. Quizá, después de perder la pasión que reclama la tarea de escribir, de meterse en los intestinos de la vida, de mancharse para seguir escribiendo, esperemos que la pregunta que lanza al presidente López Obrador no sea parte de una estrategia mercadológica para narrarnos más adelante lo que sucedió aquella tarde de perros, que igual se vale, si no escribe porque se lo exige una editorial, sino una conciencia revivida.

Artículo publicado el 3 de noviembre de 2019 en la edición 875 del semanario Ríodoce.

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One Response

  1. He leído con interés el artículo de Don Hernesto Hernández Norzagaray “¿Abrazos, Élmer?” Me parece que es un mensaje con una reflexión muy importante. Sin embargo, hay un comentario en el que menciona que algunos de los miembros del Colegio de Sinaloa estamos ausentes en el espacio público y que varios estamos muy alejados del terruño que nos vio nacer y que por la edad tenemos problemas cotidianos de salud.
    El hecho de que varios de nosotros no estemos con alta frecuencia en la prensa nacional o estatal no quiere decir que estemos inactivos y alejados del quehacer sinaloense en lo que tiene que ver con los mandatos del Colegio de Sinaloa.
    Tampoco observo que la edad, y sin ánimos de presumir de quinceañeros, nos impida ayudar a la construcción de nuestro querido estado en la cultura, la educación, la ciencia y el arte. Y manifestar que la calidad académica y profesional de los miembros colegiados es francametne sobresaliente.
    En mi caso como científico en biotecnología he colaborado con las instituciones de educación general estatales, especialmente con aquellas involucradas en la educación superior, y todavía más particularmente con la Universidad Autónoma de Sinaloa, y en el futuro próximo con la Universidad Autónoma de Occidente. Los primeros programas de maestría y doctorado con nivel de excelencia ante Conacyt de la UAS fueron iniciados y establecidos por el suscrito; entre otras acciones pasadas y presentes y otras para el futuro inmediato.
    Y en Mocorito, mi lugar de origen, mantengo una presencia académica que solamente una estancia reciente de varios años en París interrumpió, pero que ahora estamos reiniciándola con mucho ahinco.
    En breve, puedo afirmar categóricamente que mis colegas del Colegio y el suscrito, a pesar de limitaciones económicas, estamos plenamente comprometidos con los aspectos que le dan razón de ser a nuestra agrupación; y las muestras son fácilmente identificables.

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