febrero 26, 2020 2:27 pm

Operación Ovidio: precipitada, improvisada y fallida

enfrentamientos cuartoscuro (21)

Se pronosticaban lluvias intensas en Culiacán. El jueves 17 por la tarde. No cayó ni una gota, el pronóstico del clima erró. La lluvia fue de balas, millares de disparos en los cuatro puntos cardinales de la capital de Sinaloa en la fallida Operación Ovidio. La intentona de las fuerzas federales para capturar al menor de los hijos varones de Joaquín Guzmán, medio hermano de Iván Archivaldo y Jesús Alfredo, y junto con ellos a cargo de una parte de los negocios de su padre, la Organización Sinaloa.

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A las 3:18 de la Operación Ovidio no se sabía nada. No se anunció, como el pronóstico del clima. Nadie se preparó. La alerta corrió de contacto en contacto en los teléfonos. Llevaban la prueba para que no se pensará que eran bromas: Videos breves, de unos cuantos segundos, donde camionetas con aditamentos para rifles Barrett estaban en pleno centro de Culiacán, la avenida Álvaro Obregón que divide en dos la ciudad, oriente y poniente.

Después otro video en un punto distinto de la ciudad. Un convoy de hombres armados, que visiblemente no eran policías o soldados. Y otro. En los siguientes diez minutos Culiacán tenía suficientes pruebas de que la tormenta estaba por empezar. Y siguieron los truenos.

El calor rebasaba los 34 grados centígrados, habitual en una ciudad con el verano como única estación. Previo a la lluvia el termómetro sube. Pero el cielo estaba despejado, nubarrones aislados y nada amenazadores se paseaban opacos. Los truenos no eran truenos, eran detonaciones de armas. Ráfagas. Estallidos. Y todo mundo empezó a correr.

Nadie sabía dónde eran los disparos. El mundo se ve en el fragmento de video que llega al teléfono. El instinto es correr. Salirse si se está encerrado. Encerrarse si se está en campo abierto.

El refugio favorito de los culichis son los centros comerciales. El calor siempre queda afuera. La gran nave refrigerada de Forum no aislaba los sonidos externos. A las 3:23, cuenta Laura, mandó su primer mensaje de que se escuchaban disparos, tan cerca que parecían estar en la banqueta de enfrente. No se equivocaba, tampoco los empleados, ni clientes, ni los polizones en busca de aire fresco. Mientras unos corrían, otros buscaban el fondo de los negocios, como si las paredes de yeso detuvieran las balas. Por el alta voz anunciaban que ese era el sitio más seguro. Se bajaron las cortinas.

 

Ciudad de ríos

Culiacán está entre ríos. La ciudad la divide de oriente a poniente y de norte a sur los brazos de agua. Tres ríos. A las 3:50 estaba colapsada. Autos detenidos en medio de las avenidas, algunos con los motores encendidos, las puertas abiertas.Unos puentes estaban bloqueados por la policía, los menos, y otros más por los grupos de hombres armados. Las ráfagas de tiros eran intensas.
A la par, con la misma intensidad, los videos seguían circulando por la red WhatsApp. Se colaban muchos de otras balaceras, de pasadas explosiones. La confusión es madre de los aprovechados.

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4:18, una hora después de la movilización de camionetas y hombres armados por la ciudad. Aquellos que solo estaban tomando posiciones y que sin saberlo eran grabados por decenas de celulares. Ojos que ven en todos lados. Su estrategia era clara: un despliegue que les permitía apoderarse de una ciudad de 800 mil habitantes en menos de media hora.

4:27: Ya se decía que habían detenido a uno de los hijos del Chapo. ¿Iván? ¿Alfredo? ¿Ovidio? Otros decían que a dos, y que uno estaba herido.

La Fiscalía General de Sinaloa parecía el cuartel de la Policía Investigadora. Frente al edificio de cinco pisos, lleno de ventanas, se habían registrado las primeras balaceras. La calle estaba sembrada con casquillos y hasta balas de AK-47, que en el corredero cayeron al suelo. Los policías sudaban profusamente. Se habían colgado de todo. Chaleco blindado, rifle, pistola, cuchillo, botas tácticas, cargadores… Sudaban aun con el aire acondicionado. Caminaban mostrando tranquilidad. Respirando hondo. Los disparos parecían acercarse cada vez más. Nadie salía aunque las camionetas de los agresores estuvieran estacionadas a menos de 200 metros. En la esquina siguiente.

 

Ovidio Guzmán López

Ovidio es hermano de Édgar Guzmán, el hijo del Chapo asesinado en tiempos de la guerra contra los Beltrán Leyva en mayo de 2008. Ovidio Guzmán no llega a los 30 años, unas fuentes aseguran que tiene 28. Era menor de edad cuando mataron a su hermano mayor.

En alguna hora imprecisa, antes de las 3:18 de la tarde, en que todo Culiacán empezó a registrar la movilización armada, fuerzas federales encabezadas por la recién creada Guardia Nacional iniciaron la Operación Ovidio. La vivienda donde lo ubicaron, acompañado de tres personas más, es muy cerca de donde fue asesinado su hermano Édgar. Poco más de un kilómetro. Alrededor de la casa era el despliegue federal y el despliegue de rescate de Ovidio.

Por eso los puentes taponeados, el incendio de camiones. Las incursiones insistentes encerrando a los federales. Y la fuga de reos en el penal. Tampoco era rumor. La confusión es madre de los aprovechados.

 

El retiro

5:29 de la tarde. Tres columnas de humo negro se alzaban rectas por el cielo de Culiacán. Los convoyes armados para el rescate de Ovidio Guzmán hacían el trayecto inverso. Tocaron retirada. Los disparos ya eran intermitentes. Lejanos. Volvieron a recoger a sus muertos. Punto por punto.

Lea: La desinformación, error de la Sedena y la Guardia Nacional en operativo contra hijo del ‘Chapo’ https://bit.ly/32PDIpK

Por la avenida Enrique Sánchez Alonso, un músico que le compuso la canción himno a la ciudad de Culiacán, se estacionaron en cada punto donde sabían que había caído uno de ellos. Los arrastraron y los subieron a sus carros. Se fueron.

La retirada no detuvo la confusión. Un mensaje del Secretario de Seguridad federal, daba entender que tenían detenido a Ovidio Guzmán. Después se diría que siempre no.

La noche de Culiacán, como todas las noches, ocultó el humo negro. Los incendios de camiones en las calles siguieron. El fuego tarda muchos más en apagarse de lo que todos pensamos, cuando no llegan los bomberos.

Artículo publicado el 20 de octubre de 2019 en la edición 873 del semanario Ríodoce.

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