José Revueltas y nuestra izquierda sin partido

jose revueltas

¿Las Islas Marías? Sí, las Islas Marías. Ya no serán penal. Ahora están proyectadas para un centro de la cultura y las artes. Se llamará José Revueltas o algo así. Y es inmediata la evocación de Los muros de agua. Un hermoso título, tan poético como absurdo. Profundamente existencialista. Una novela testimonial. Una joya que pocos vieron y debieron, debimos ver, no por sus atributos estéticos que los críticos siempre negarán, sino por esa alerta a tiempo —la desesperanza implícita—, esa botella tirada al mar como para que alguien se la encontrara un día.

El presidente se topó con ella casi 80 años después —la novela es de 1941— y desenrolló el pergamino. Hace días vino a Sinaloa y de aquí se pasó a las islas. Y anunció que serían abolidas como penal, que 200 internos serían dados en libertad y que el resto, más de 400, serían reubicados en otras cárceles para que estuvieran cerca de sus familias. O sea que Andrés Manuel da una buena y una mala, o dos malas y una buena o al revés, qué importa. El Peje sigue creciendo y eso es bueno y malo, más malo que bueno con instituciones tan jodidas todavía. Un liderazgo así, tan solitario —vaya paradoja—, puede ser mortal para un proyecto tan grande y tan noble como el que está en juego. Un paro cardiaco, un ataque criminal en esos paseos osados por el país, un desvarío por cansancio… y el país se va a la mierda. (El “dios no lo quiera” es ocioso por obvio para los que creen en el eterno).

La (triple) decisión del presidente (abolir el penal, crear un centro cultural y ponerle “José Revueltas”) es simbólica, pero, como todos los simbolismos, tiene profundidades en las que vale la pena hurgar. Revueltas, por ejemplo, su trayectoria, su vida azarosa, su militancia tan intrépida como incomprendida en su tiempo. Y, como parte de la izquierda mexicana, esa cosa extraña, rara, errónea —para usar una categoría muy revueltiana— dogmática todavía en los tiempos de la 4T.

A dónde nos quiso conducir José Revueltas y a dónde nos lleva la izquierda. Y digo “nos lleva” porque ahora vamos todos en un barquito —un buque, dirán los AMLOvers— conducido por ella. Sea como sea esta izquierda, es la que tenemos en el país, la que se forjó en todas estas décadas de victorias y fracasos, casi siempre esto último, con retazos del viejo comunismo —el más dogmático quizás—, con chiras de la guerrilla, con la avanzada escindida del PRI, con lo que quedó de los pificurrunes, los pepinos, los socialistas quiméricos, los aperturos, los hebertitas nostálgicos, los trotskos, los rumbos y rumberos, el cielo y el infierno, todos revueltos es esta cosa amorfa pero exitosa —hasta ahora—que ha tomado el poder.

¿A qué Revueltas se reivindica con este acto tan lleno de simbolismo? Puede ser al militante inclaudicable, al desterrado de su propio partido, al filósofo, al novelista, al compañero del 68, al periodista que cubrió la caravana del hambre de los mineros de Nueva Rosita, al padre de Andrea, que rescató su obra completa, al hermano, al reo de bola y cadena en la Isla Madre o al del Palacio de Lecumberri, al narrador de Los días terrenales o al de El apando ¿A quién?

El gesto de Andrés Manuel tiene que ver más con ese perfil humano que trae de antaño, de voltear hacia los marginados, que con los 700 millones de pesos anuales que se ahorrarán con el decreto. Como sea, debiera ser una buena razón para que la izquierda se mirara de nuevo en el espejo y empezara por consolidar una organización, un partido que garantice la continuidad de un proyecto que solo está delineado, mínimamente —y a veces con esmerado desparpajo—, en tareas de gobierno.

Un buen homenaje a Revueltas sería ahora retomar esa preocupación suya y dotar a este movimiento de una “cabeza”, de un partido fuerte, sólido, alejado del dogmatismo y del sectarismo, autocrítico. Al iniciar los 60 Revueltas se lo planteó con el Partido Comunista Mexicano desde una perspectiva marxista en ese Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. Las cosas han cambiado mucho en estas seis décadas, pero no tanto como para que muchas de sus preocupaciones no tengan ahora, en un contexto nuevo, con nuevos actores e instrumentos, una vigencia clara, y no sean una necesidad urgente, impostergable.

Bola y cadena
YA DESDE LAS CAMPAÑAS PRESIDENCIALES se hizo la comparación de los postulados de Andrés Manuel con Luis Echeverría y se dijo que éstos representaban una vuelta al pasado. Todavía hay gente que lo compara y hasta se pregunta quién será el gran polizonte, el Miguel Nazar Haro de la 4T. Siempre me pareció una visión reduccionista de lo que el candidato de Morena planteaba. Por eso me gusta solo para el anecdotario la coincidencia —aunque cause escalofrío— de que fue Luis Echeverría quien cerró, en 1976, el Palacio “Negro” de Lecumberri, la cárcel donde estuvo preso José Revueltas a partir de su participación en el movimiento de 1968.

Sentido contrario
HUNDIDO PÚBLICAMENTE EL CHAPO GUZMÁN, los Estados unidos se apresuran a crear los nuevos enemigos públicos, los blancos, los objetivos de la próxima cacería: sus hijos. La vida sigue.

Humo negro
ES LOABLE EL ESFUERZO QUE HACEN EL CONGRESO LOCAL y organismos nacionales e internacionales para dotar a Sinaloa de una ley que proteja la seguridad, la vida y el trabajo de los periodistas y defensores de los derechos humanos. Lo que no me queda claro es si se ocupe una ley. A nivel nacional existe una desde 2012 y las cosas no cambiaron mucho, más bien empeoraron. Mientras no se combata la impunidad, no habrá ley ni mecanismo que nos proteja. Por desgracia.

Columna publicada el 24 de febrero de 2019 en la edición 839 del semanario Ríodoce.

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