El regreso de Mary Poppins

De la mano del director, productor y coreógrafo experto en musicales, Rob Marshall (Annie, 1999; Chicago, 2002; Nine: Una vida de pasión, 2009; En el bosque, 2014), llega El regreso de Mary Poppins (Mary Poppins Returns/EU/2018), 54 años después de Mary Poppins (1964), uno de los musicales más entrañables para varias generaciones, dirigido por Robert Stevenson y protagonizado por Julie Andrews, quien, por cierto ganó un Oscar por su interpretación en esta cinta.

En la nueva versión, con la muerte de la mamá de la familia Banks algunas situaciones se salen de control: las finanzas no andan nada bien y el pago de la hipoteca de la casa está por vencerse, por lo que Michael Banks (Ben Whishaw) solo tiene cinco días para saldar la cuenta, si no quiere perder el inmueble; por si fuera poco sus hijos Georgie (Joel Dawson), Anabel (Pixie Davies) y John (Nathanael Saleh) están descontrolados, no quieren hacer lo que les corresponde y ni su tía Jane Banks (Emily Mortimer) ni la concierna Ellen (Julie Walters) logran meterlos en cintura.

Para contribuir a poner todo en orden, de repente aparece Mary Poppins (Emily Blunt), la eficiente niñera que 25 años antes cuidara a Michael y Jane y los sorprendiera con su enorme capacidad para resolver cualquier inconveniente. A partir de ahí los tres hermanos obedecen en todo, cuando antes no querían ni tomar el baño, y se maravillan con la magia de la estricta niñera, quien les hace ver que nada es imposible y que a través de la imaginación pueden experimentar lo que deseen.

Con esta secuela que tardó más de cinco décadas en hacerse se comprueba lo que dice “el viejo y conocido refrán”: “Segundas partes nunca fueron buenas”. Por sí solo, aventarse el compromiso de realizar un nuevo capítulo de una cinta es un reto grande, pero elaborarlo acerca de uno de los clásicos más queridos por los espectadores es muy riesgoso. Aun así, Disney, en esta racha que tiene por rehacer sus películas más memorables, le apostó mucho con El regreso de Mary Poppins, pero perdió ante su antecesora de 1964.

Lo anterior no quiere decir que el filme del 2018 no valga la pena. Al contario, a pesar de su historia por demás sencilla, una de sus fortalezas son las actuaciones de la mayor parte de su elenco, entre quienes sobre salen Emily Blunt, con una Poppins mucho más estricta que la de Andrews, y Lin-Manuel Miranda, como el farolero Jack, quien es de mucha ayuda para la niñera, a la hora de controlar a los hermanos Banks.

El mensaje de la cinta es muy claro: hacer ver que hasta lo imposible es posible, solo se necesita un poco de imaginación y creatividad para que surja la magia, que solo puede experimentarse siendo o pensando como niños, por lo que no hay que perder la capacidad de asombro.

La cinta cuenta con algunos momentos muy disfrutables, excelentemente recreados gracias a los efectos especiales, y aunque se trata de un musical con varias canciones y coreografías interpretadas magníficamente, están muy lejos de que permanezcan en la memoria del público como lo consiguieron Chim Chim Cher-ee y Supercalifragilisticoexpialidoso. No se la pierda… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 6 de enero de 2019 en la edición 832 del semanario Ríodoce.

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