Suburbicon: Bienvenidos al paraíso

 

Uno de los actores que lo mismo se desempeña frente a las cámaras como desde la silla de director, productor y guionista es George Clooney, y lo hace muy bien. En Suburbicon: Bienvenidos al paraíso (Suburbicon/EU/2017), su sexta película, el realizador de Confesiones de una mente peligrosa (2002), Buenas noches, y buena suerte (2005), Jugando sucio (2008), Poder y traición (2011) y Operación monumento (2014) se acompaña de Joel Coen, Ethan Coen y Grant Heslov para el guion, y de Grant Heslov, Joel Silver y Teddy Schwarzman, en la producción de lo que resulta una oscura comedia con más aciertos que decepciones.

El encargado (Steve Monroe) de entregar el correo en Suburbicon llega a uno de los inmuebles del moderno fraccionamiento que ofrece seguridad, tranquilidad y orden. Saluda a la mujer (Karimah Westbrook) que abre la puerta y le pregunta por la señora de la casa. Cuando ella le confirma serlo, la sonrisa de él desaparece y continúa con su trabajo, más por obligación que por gusto.

Ese mismo día ya entrada la noche, en otra de las viviendas un niño (Noah Jupe) escucha un programa de radio. De repente, su papá (Matt Damon) irrumpe en su cuarto, le recomienda que no se asuste y le pide que lo acompañe a la planta baja, en donde están su mamá y su tía (Julianne Moore, en los dos papeles) con unos extraños (Glenn Fleshler y Alex Hassell) que llegaron de vista. Luego de exigir unas bebidas al jefe de la casa, los individuos amarran y atacan a todos.

A partir de esos dos sucesos, será complicado cumplir con las promesas de prosperidad y preservar la serenidad que imperaba en las familias del ambicioso proyecto habitacional de los suburbios en los Estados Unidos de los cincuenta, mucho más, cuando la justicia por cuenta propia entorpece el trabajo de las autoridades.

Con una tranquilidad de la que se espera sucederá algo bueno, pero en su lugar aparece intriga, traición, tragedia y crimen, si bien la cinta evidencia la destreza de Clooney como realizador, en definitiva, resalta la mano de los Coen: su estilo irónico y de humor negro para la comedia acompañada del drama, están por dondequiera.

En las actuaciones no hay reclamos: Damon está excelente como ese estricto papá que no necesita mover ningún músculo de la cara para expresar esa perversidad que lo lleva a deshacerse de quien se interponga en su objetivo, así se trata de su propio hijo; Moore cumple muy bien como la esposa/madre a expensas de lo que su marido decida, y de la cuñada/tía que sabe guardar su maldad tras una sonrisa que cautiva a cualquiera; Gary Basaraba como el tío juguetón que, en apariencia, no toma nada en serio, pero termina siendo el más sensato; y Oscar Isaac, de astuto agente de seguros encargado de que no se cobre un dinero indebidamente.

Como casi todo el tiempo que hay un niño, Jupe acaba con los reflectores sobre él conquistando a todos, como ese chico al que le toca sufrir todas las consecuencias y obedecer a su padre en todo momento, a pesar de que no lo merezca.

La fotografía de Robert Elswit, el diseño de producción de James D. Bissell y la música de Alexandre Desplat son excelentes, aunque no suficientes para esconder la principal debilidad del filme: en su intento de mezclar, ensamblar, mostrar dos historias, el protagonista de ¿Dónde estás, hermano? (2000) falla como director. Vaya a verla… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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